El planeta debe ponerse a dieta. De la misma manera que usted cuida las calorías que consume, puede cuidar el CO2 que produce.
Edita: Thelma López
Los estantes de supermercados están repletos de productos que tienen algo en común, en sus etiquetas aparece el valor nutricional. Un factor resalta por encima de los demás: las kilocalorías, que se han convertido en el centro de la obsesión por el peso de nuestras sociedades.
Como las calorías, el dióxido de carbono (CO2) es fundamental para nuestra supervivencia, pero el exceso puede traer secuelas. Para nuestro cuerpo, calorías de más son sinónimo de unos kilos extra. Para el planeta, el exceso de CO2 significa un desequilibrio cuyas consecuencias aún no son cuantificables por completo, algunas de ellas: aumento de gases de efecto invernadero, incremento de la temperatura y destrucción de los polos glaciares.
Esta relación intrínseca entre las altas emisiones de carbono y el calentamiento del planeta ha ocasionado una paulatina transformación en la forma de visualizar los negocios. Esta transformación, muchas veces tímida, ha empezado por los Gobiernos que establecen medidas para frenar la emisión sin reparo de ciertos sectores de la industria.
Una de las disposiciones que toma fuerza es la medición de la huella de carbono de los productos. Esta se refiere a la cantidad de emisiones que recaen sobre una empresa o un individuo al fabricar o consumir un producto. Todo lo que hacemos, incluso respirar, deja su huella.
Sigan al líder
A nivel internacional, la medición de la huella de carbono de los productos y servicios está siendo liderada por el Reino Unido, utilizando los instrumentos de análisis de ciclo de vida. Las herramientas desarrolladas por el Brittish Standards Institute (BsI) son la PAS 2050. El análisis de ciclo de vida (ACV) resulta ser una metodología integral y robusta para inventariar las fuentes y tipos de emisiones de gases con efecto invernadero (GEI), siguiendo los lineamientos de las normas ISO serie 14040. Los países europeos son los que han alineado de mejor manera su sensibilización, sus expectativas y sus acciones con respecto a las emisiones de GEI.
En Inglaterra existe un supermercado llamado Tesco que coloca en gran variedad de sus productos la huella de carbono.
La empresa dice contar con una investigación independiente que evidencia que la mitad de sus clientes entiende correctamente el significado del término huella de carbono. Por su parte, Alemania ha implementado una de las certificaciones más reconocidas en el tema de huella de carbono, el sello que se conoce como Ángel Azul, que mide los efectos de los productos sobre el clima. Los esfuerzos unilaterales han marcado la pauta en el tema. Las certificaciones son muchas y las metodologías distintas, de manera que a diferencia de las calorías, no existe una medición mundial que permita precisar el impacto de la fabricación, distribución, comercialización y consumo de un producto específico.
“Existen técnicas para medir la huella, el problema es que aún son muy caras. No existen certificaciones mundiales, cada país ha tomado medidas particulares en la creación de técnicas de medición y supervisión”, comentó Elizabeth Duerr, asesora en comercio exterior y medio ambiente de la Cámara de Industrias de Costa Rica.
Un sistema unificado de medición estimación sería lo ideal, con información actualizada periódicamente.
“Especialmente en los cálculos de emisiones indirectas debidas al consumo eléctrico, donde para cada país y en cada año puede haber factores de emisión diferentes y necesarios para el público. Las metodologías empresariales pueden seguir los lineamientos de la WRI-WBCSD, la de UNEP o la del Pew Institute, los países siguen las metodologías de las comunicaciones nacionales del IPCC”, confirmó Sergio Musmanni, asesor principal en Medio Ambiente del Programa Competitividad y Medio Ambiente (CYMA) de la Cooperación Alemana para el Desarrollo (GTZ).
Centroamérica deja huella
En el caso de la región, los pasos son todavía inexistentes. Las iniciativas para la medición de CO2 son privadas, enfocadas al impacto de la industria y no de los productos, no hay regulación, ni una estrategia para establecer el camino.
“Nos falta mucha capacitación en la materia y preparar muchos especialistas para poder empezar a educar a la población y concienciar sobre la importancia de llevar los registros sobre las emisiones de carbono en los diferentes procesos, pero se puede lograr”, adujo Nivaldo Vargas Soriano, docente de la Facultad de Ciencias Ambientales de Universidad Abierta y a Distancia de Panamá. A pesar de esto, la región centroamericana y del Caribe no cuenta en este momento con la información adecuada para realizar los cálculos de manera precisa y exacta para la huella ecológica de los productos.
“Se requiere establecer bases de datos que permitan determinar las diferentes huellas a partir de información de los procesos de producción, y la dispersión que existe en el uso de recursos. Por ejemplo, la huella hídrica del café durante el procesamiento puede requerir hasta 3000 litros de agua por cada fanega, mientras que en un proceso optimizado puede llegar hasta los 300 litros de agua por la misma unidad de producción, con una reducción del 90%. En muchas operaciones no se cuenta con un registro confiable que permita dar seguimiento a este indicador de desempeño ambiental”, dijo Musmanni.
Negocio sin rastro
Quizás uno de los mayores obstáculos hacia la medición de la huella de carbono en los productos es el alto costo que esta representa para las empresas. Pero esta inversión probablemente pagará en el futuro. Consumidores del Reino Unido o Inglaterra ya tienen asentada la costumbre de medir el CO2 implicado en cada una de las acciones individuales de la vida cotidiana y transfieren esa costumbre a sus hábitos de consumo, aspecto que las empresas ya empiezan a considerar dentro de sus estrategias.
Así, las industrias deberán saciar una demanda social y empezar a medir la huella de sus productos. “La tendencia mundial es la de reconocer el tema de cambio climático como un diferenciador de mercado y la búsqueda del compromiso empresarial a un cambio de paradigma en los negocios donde el futuro demandará más acciones ambientales y más responsabilidad sobre las emisiones de los productos, procesos y servicios”, corroboró el vocero de GTZ.
Comentarios (0)
Escribir comentario
Tienes que estar logueado para escribir un comentario. Puedes registrate si no tienes ya una cuenta creada.