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Jueves, 03 de Noviembre de 2011 09:55

Vivimos en tiempos en que usted solo ocupa ser mayor de 20 años y tener un factor de riesgo relacionado al estrés para ser candidato a un infarto. ¿Qué hace para prevenirlo?


 Editora: Maribel de los Santos

A principios de la década anterior, la poderosa cadena de hamburguesas Mc Donald´s había sufrido  pérdidas  por  primera  vez  desde  su conformación  en  1955,  a  consecuencia  de la crisis de la vaca loca y la presión de algunos países que arremetieron contra su menú insano. Ante esto, su presidente ejecutivo Jim Cantalupo ejecutó diversas estrategias, entre ellas la inclusión de combos más saludables y ensaladas en el restaurante.Finalmente logró la recuperación rotunda de la compañía. Sin embargo, bajada la marea, Cantalupo murió de un infarto durante una convención de trabajo en abril del 2004.

Episodios como este son cada vez más comunes en los entornos de oficina que dan pie a un estrés apremiante.

Según el Instituto Americano del Estrés (AIS) el estrés está  asociado  con  complicaciones  tan  diversas  como la depresión, la ansiedad, los ataques al corazón, los accidentes cerebro-vasculares, la hipertensión y algunas  alteraciones  del  sistema  inmune.  En  un  artículo publicado en su página Web oficial, la AIS también lo asocia con trastornos de tipo viral, como ciertos tipos de cáncer y herpes; también ciertos tipos de úlceras, y a la aparición de enfermedades neurológicas como el mal Parkinson. “De hecho, es difícil pensar en cualquier otra enfermedad en la que el estrés no   puede   desempeñar   un   papel agravante o cualquier parte del cuerpo que no se ve afectada”, señala la publicación.

Sabiendo que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de  muerte  en  el  mundo  y  que  más del  80%  se  producen  en  países  de ingresos medio y bajo, la prevención de  las  personas  en  edad  laboral  de los países de la región se hace más que necesaria.

Cabe  también  preguntarse  si  aquellos que tienen una mayor responsabilidad también sufren de más estrés, aunque esta sería una ecuación simplista si se considera que cada una de las partes de un proceso productivo es importante para el resultado total.

La verdad es que nadie está exento.

Pero  ¿quiénes  son  más  propensos  a sufrir este tipo de complicaciones crónicas? La cardióloga Thelma Sánchez del  Hospital  CIMA  en  Costa  Rica, contesta  que  son  aquellos  pacientes que  pueden  tener  factores  de  riesgo no modificables (aquellos adquiridos por  herencia)  o  modificables,  léase presión alta, azúcar elevada, colesterol alto, sedentarismo, sobrepeso y el mismo estrés.

La profesional indica que en relación al tema, a su consultorio asisten dos tipos  de  personas: “las  mayores  de 40  años,  preocupadas  por  su  salud debido  a  una  situación  positiva  o negativa de concientización o sensibilización, y las que asisten porque ya  han  tenido  alguna  molestia:  dolor en el pecho, mareos, desmayos, les falta mucho el aire cuando hace actividad física leve, palpitaciones o taquicardia”.

Según los datos que maneja la doctora, en ese país 1 de cada 3 jóvenes sufre  de  presión alta  y  la  mitad  del total sufre de colesterol alto o sobrepeso. Acerca de si esto se asocia con la presión laboral, opina que un 70% de  los  pacientes  que  laboran  siente mucha presión, ya sea por las condiciones del trabajo o por su tipo de personalidad.  Corrobora  la  afirmación  de  que  cada  vez  más  jóvenes sufren  episodios  de  pre-infarto,  infarto o similares. “La más común en personas jóvenes es el infarto masivo, y también es la más peligrosa. En la mayoría de los casos, los jóvenes no  han  desarrollado  las  arterias  pequeñitas que los ayudan a defenderse cuando las grandes se tapan. Por eso, un infarto en una persona menor de 40 años suele ser fatal”.

Se  calcula  que  en  2030,  aproximadamente 23,6 millones de personas morirán  a  causa  de  enfermedades cardiovasculares. Cual efecto dominó, a esto también se  pueden  sumar  complicaciones de carácter neurológico, como por ejemplo un infarto cerebral. Así lo presenta  un  artículo  científico  del doctor Pedro Roa publicado por la Sociedad  Dominicana  de  Neurología  y  Neurocirugía  en  marzo  de este año, que indica cómo factores de  riesgo  modificables  a  este  episodio, a la hipertensión, los niveles elevados de colesterol, la diabetes “mellitus”,  el  infarto  del  miocardio,  el  sedentarismo,  la  obesidad, el tabaquismo y otros, los cuales a su  vez,  pueden  haber  sido  causados por el estrés o un ritmo de vida agitado.

La publicación también asegura que el aumento de un 25% del peso corporal en relación al peso ideal multiplica el riesgo de un infarto cerebral por 233 veces.

Lo que entra por la boca

En Guatemala, Marco Antonio Caal, terapeuta y entrenador en el gimnasio World  Gym,  habla  acerca  del  perfil de  las  personas  con  complicaciones de salud. Asegura que generalmente se trata de personas sedentarias, con malos hábitos alimenticios. “También presentan un índice de porcentaje de grasa  elevado,  tienen  sobrepeso.  En cuanto al estilo de vida, por lo regular,  son  personas  que  acostumbran desvelarse, trabajar en exceso, fumar o beber alcohol”, revela.

Hablando  de  prevención,  aconseja que  antes  que  nada  es  importante contar con un aval médico así como con las recomendaciones del médico tratante. Y a la hora de sugerir una rutina indicada de ejercicio, dice que se debe tomar en cuenta la edad, el peso y el género del paciente entre otras cosas, pero que en general se inicia  con  ejercicio  moderado  en una  zona  aeróbica  ligera,  dependiendo de la condición y capacidad del paciente.


Mientras   que   Carolina   Bendeck, médico  general  de  Body  Center  en Honduras, señala que aparte de estresadas, este tipo de personas también son ansiosos y si son jóvenes sus edades rondan los 35 años.

“Se  trata  de  un  círculo  vicioso:  el estrés  genera  ansiedad  y  esa  muchas  veces  se  canaliza  comiendo más:  la  persona  aumenta  de  peso con menos para la actividad física y  menos  oportunidades  de  liberar estrés  (laboral  o  familiar)”,  agrega la cardióloga Thelma Sánchez.

En ese aspecto, recomienda que la primera  medida  preventiva  consista  en hacerse chequeos desde los 20 años, cada 5 años, y cada año después de haber  cumplido  los  40.  Sánchez  re-salta que en ocasiones, la edad no es un factor relevante ya que personas de 70 u 80 años detectan problemas de presión alta que reciben tratamiento el tratamiento adecuado han podido mejorar su calidad de vida”, resalta.

Guerra avisada

Según   el   panameño   Alejandro Lombardo,  experto  en  Rehabilitación  Cardiovascular  y  Educación Física  y Terapéutica,  existe  indicaciones  y  contraindicaciones  muy específicas para el proceso de rehabilitación  cardiovascular,  por  ello resalta que el médico es la persona autorizada para indicar el inicio de la rehabilitación cardiovascular y la reincorporación del paciente a sus actividades diarias con sus respectivas precauciones.

En relación a los ejercicios recomendados, el experto explica que existen cuatro fases en la rehabilitación cardíaca,  pero  que  en  todo  caso,  ésta debe también ser supervisada y moni-toreada por un médico o un cardiólogo. Destaca que el tratamiento médico debe ir acompañado de un apoyo psicológico, nutricional y de actividad física personalizada que permita la recuperación satisfactoria del paciente.

Lombardo  señala  que  para  evitar  o disminuir el riesgo a presentar eventos cardiovasculares  es  necesario  tratar de  disminuir  al  mínimo  los  factores de riesgo mencionados, mantener un estilo  de  vida  y  hábitos  alimenticios saludables,  controlar  la  presión  arterial, evitar el consumo del cigarrillo o tabaco, realizar actividad física regular (30 minutos cada día, como mínimo).

En la opinión de Carolina Bendeck los beneficios de aumento de la actividad  física  se  hacen  evidentes  a las ocho semanas de comenzar y se mantienen  mientras  se  sostiene  el mismo nivel de esfuerzo. Estima que si se interrumpe, los beneficios obtenidos se pierden en unos tres meses.

“Tener en la medida de lo posible, una  buena  alimentación,  en  la  que eviten las grasas de origen animal y azúcares, e incrementen el consumo de frutas, verduras y cereales”, aconseja por su parte el terapeuta Marco Antonio Caal.

¿Y las recaídas?

Algunos  procesos  de  recuperación implican recaídas. El terapeuta y entrenador  del  gimnasio  World  Gym en  Guatemala  subraya  que  uno  de los errores más comunes es no seguir con  un  chequeo  médico  constante y  no  hacen  verdaderos  cambios  de hábitos de vida y alimenticios. “Pues creen  que  un  episodio  de  este  tipo no les volverá a suceder. Además, de que  se  rehúsan  a  iniciar  una  rutina de ejercicios. Todo eso hace que sea más factible una recaída”, resume.

En  ese  sentido,  Thelma  Sánchez agrega  que  cuando  la  persona  se rehabilita   correctamente,   puede tener una vida mejor y más activa que antes. “Obviamente, si su trabajo  era  en  un  ámbito  de  mucho estrés,  sin  tiempo  libre  para  ejercitarse  o  hacer  correctamente  sus tiempos de comida, eso no es recomendable y no se debe repetir. Eso no quiere decir que después de un infarto va a quedar limitado: puede quedar mejor que antes, pero necesita equilibrio y estilo de vida saludable”, sostiene.

En   la   experiencia   de  Alejandro Lombardo,  algunos  de  los  errores más comunes en los procesos preventivos  o  de  recuperación  de  la rehabilitación  física,  son  entrenar sin supervisión, empezar sin el debido calentamiento, entrenar a una intensidad demasiado alta o demasiado  baja,  entrenar  sin  haber  tomado sus medicamentos, la falta de planificación del entrenamiento, y asistir  a  un  centro  que  no  cuente con el equipamiento personal para prestar  los  primeros  auxilios  en caso de una emergencia.


Según los datos de la OMS un 34,7% de los adultos sufre de obesidad en Panamá, poco más del doble de las personas en la misma categoría que viven en otros países de la región de población  superior,  como  República Dominicana, cuyo porcentaje de personas obesas es de un 16,4%.

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