Vivimos en tiempos en que usted solo ocupa ser mayor de 20 años y tener un factor de riesgo relacionado al estrés para ser candidato a un infarto. ¿Qué hace para prevenirlo?
Editora: Maribel de los Santos
A principios de la década anterior, la poderosa cadena de hamburguesas Mc Donald´s había sufrido pérdidas por primera vez desde su conformación en 1955, a consecuencia de la crisis de la vaca loca y la presión de algunos países que arremetieron contra su menú insano. Ante esto, su presidente ejecutivo Jim Cantalupo ejecutó diversas estrategias, entre ellas la inclusión de combos más saludables y ensaladas en el restaurante.Finalmente logró la recuperación rotunda de la compañía. Sin embargo, bajada la marea, Cantalupo murió de un infarto durante una convención de trabajo en abril del 2004.
Episodios como este son cada vez más comunes en los entornos de oficina que dan pie a un estrés apremiante.
Según el Instituto Americano del Estrés (AIS) el estrés está asociado con complicaciones tan diversas como la depresión, la ansiedad, los ataques al corazón, los accidentes cerebro-vasculares, la hipertensión y algunas alteraciones del sistema inmune. En un artículo publicado en su página Web oficial, la AIS también lo asocia con trastornos de tipo viral, como ciertos tipos de cáncer y herpes; también ciertos tipos de úlceras, y a la aparición de enfermedades neurológicas como el mal Parkinson. “De hecho, es difícil pensar en cualquier otra enfermedad en la que el estrés no puede desempeñar un papel agravante o cualquier parte del cuerpo que no se ve afectada”, señala la publicación.
Sabiendo que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo y que más del 80% se producen en países de ingresos medio y bajo, la prevención de las personas en edad laboral de los países de la región se hace más que necesaria.
Cabe también preguntarse si aquellos que tienen una mayor responsabilidad también sufren de más estrés, aunque esta sería una ecuación simplista si se considera que cada una de las partes de un proceso productivo es importante para el resultado total.
La verdad es que nadie está exento.
Pero ¿quiénes son más propensos a sufrir este tipo de complicaciones crónicas? La cardióloga Thelma Sánchez del Hospital CIMA en Costa Rica, contesta que son aquellos pacientes que pueden tener factores de riesgo no modificables (aquellos adquiridos por herencia) o modificables, léase presión alta, azúcar elevada, colesterol alto, sedentarismo, sobrepeso y el mismo estrés.
La profesional indica que en relación al tema, a su consultorio asisten dos tipos de personas: “las mayores de 40 años, preocupadas por su salud debido a una situación positiva o negativa de concientización o sensibilización, y las que asisten porque ya han tenido alguna molestia: dolor en el pecho, mareos, desmayos, les falta mucho el aire cuando hace actividad física leve, palpitaciones o taquicardia”.
Según los datos que maneja la doctora, en ese país 1 de cada 3 jóvenes sufre de presión alta y la mitad del total sufre de colesterol alto o sobrepeso. Acerca de si esto se asocia con la presión laboral, opina que un 70% de los pacientes que laboran siente mucha presión, ya sea por las condiciones del trabajo o por su tipo de personalidad. Corrobora la afirmación de que cada vez más jóvenes sufren episodios de pre-infarto, infarto o similares. “La más común en personas jóvenes es el infarto masivo, y también es la más peligrosa. En la mayoría de los casos, los jóvenes no han desarrollado las arterias pequeñitas que los ayudan a defenderse cuando las grandes se tapan. Por eso, un infarto en una persona menor de 40 años suele ser fatal”.
Se calcula que en 2030, aproximadamente 23,6 millones de personas morirán a causa de enfermedades cardiovasculares. Cual efecto dominó, a esto también se pueden sumar complicaciones de carácter neurológico, como por ejemplo un infarto cerebral. Así lo presenta un artículo científico del doctor Pedro Roa publicado por la Sociedad Dominicana de Neurología y Neurocirugía en marzo de este año, que indica cómo factores de riesgo modificables a este episodio, a la hipertensión, los niveles elevados de colesterol, la diabetes “mellitus”, el infarto del miocardio, el sedentarismo, la obesidad, el tabaquismo y otros, los cuales a su vez, pueden haber sido causados por el estrés o un ritmo de vida agitado.
La publicación también asegura que el aumento de un 25% del peso corporal en relación al peso ideal multiplica el riesgo de un infarto cerebral por 233 veces.
Lo que entra por la boca
En Guatemala, Marco Antonio Caal, terapeuta y entrenador en el gimnasio World Gym, habla acerca del perfil de las personas con complicaciones de salud. Asegura que generalmente se trata de personas sedentarias, con malos hábitos alimenticios. “También presentan un índice de porcentaje de grasa elevado, tienen sobrepeso. En cuanto al estilo de vida, por lo regular, son personas que acostumbran desvelarse, trabajar en exceso, fumar o beber alcohol”, revela.
Hablando de prevención, aconseja que antes que nada es importante contar con un aval médico así como con las recomendaciones del médico tratante. Y a la hora de sugerir una rutina indicada de ejercicio, dice que se debe tomar en cuenta la edad, el peso y el género del paciente entre otras cosas, pero que en general se inicia con ejercicio moderado en una zona aeróbica ligera, dependiendo de la condición y capacidad del paciente.
Mientras que Carolina Bendeck, médico general de Body Center en Honduras, señala que aparte de estresadas, este tipo de personas también son ansiosos y si son jóvenes sus edades rondan los 35 años.
“Se trata de un círculo vicioso: el estrés genera ansiedad y esa muchas veces se canaliza comiendo más: la persona aumenta de peso con menos para la actividad física y menos oportunidades de liberar estrés (laboral o familiar)”, agrega la cardióloga Thelma Sánchez.
En ese aspecto, recomienda que la primera medida preventiva consista en hacerse chequeos desde los 20 años, cada 5 años, y cada año después de haber cumplido los 40. Sánchez re-salta que en ocasiones, la edad no es un factor relevante ya que personas de 70 u 80 años detectan problemas de presión alta que reciben tratamiento el tratamiento adecuado han podido mejorar su calidad de vida”, resalta.
Guerra avisada
Según el panameño Alejandro Lombardo, experto en Rehabilitación Cardiovascular y Educación Física y Terapéutica, existe indicaciones y contraindicaciones muy específicas para el proceso de rehabilitación cardiovascular, por ello resalta que el médico es la persona autorizada para indicar el inicio de la rehabilitación cardiovascular y la reincorporación del paciente a sus actividades diarias con sus respectivas precauciones.
En relación a los ejercicios recomendados, el experto explica que existen cuatro fases en la rehabilitación cardíaca, pero que en todo caso, ésta debe también ser supervisada y moni-toreada por un médico o un cardiólogo. Destaca que el tratamiento médico debe ir acompañado de un apoyo psicológico, nutricional y de actividad física personalizada que permita la recuperación satisfactoria del paciente.
Lombardo señala que para evitar o disminuir el riesgo a presentar eventos cardiovasculares es necesario tratar de disminuir al mínimo los factores de riesgo mencionados, mantener un estilo de vida y hábitos alimenticios saludables, controlar la presión arterial, evitar el consumo del cigarrillo o tabaco, realizar actividad física regular (30 minutos cada día, como mínimo).
En la opinión de Carolina Bendeck los beneficios de aumento de la actividad física se hacen evidentes a las ocho semanas de comenzar y se mantienen mientras se sostiene el mismo nivel de esfuerzo. Estima que si se interrumpe, los beneficios obtenidos se pierden en unos tres meses.
“Tener en la medida de lo posible, una buena alimentación, en la que eviten las grasas de origen animal y azúcares, e incrementen el consumo de frutas, verduras y cereales”, aconseja por su parte el terapeuta Marco Antonio Caal.
¿Y las recaídas?
Algunos procesos de recuperación implican recaídas. El terapeuta y entrenador del gimnasio World Gym en Guatemala subraya que uno de los errores más comunes es no seguir con un chequeo médico constante y no hacen verdaderos cambios de hábitos de vida y alimenticios. “Pues creen que un episodio de este tipo no les volverá a suceder. Además, de que se rehúsan a iniciar una rutina de ejercicios. Todo eso hace que sea más factible una recaída”, resume.
En ese sentido, Thelma Sánchez agrega que cuando la persona se rehabilita correctamente, puede tener una vida mejor y más activa que antes. “Obviamente, si su trabajo era en un ámbito de mucho estrés, sin tiempo libre para ejercitarse o hacer correctamente sus tiempos de comida, eso no es recomendable y no se debe repetir. Eso no quiere decir que después de un infarto va a quedar limitado: puede quedar mejor que antes, pero necesita equilibrio y estilo de vida saludable”, sostiene.
En la experiencia de Alejandro Lombardo, algunos de los errores más comunes en los procesos preventivos o de recuperación de la rehabilitación física, son entrenar sin supervisión, empezar sin el debido calentamiento, entrenar a una intensidad demasiado alta o demasiado baja, entrenar sin haber tomado sus medicamentos, la falta de planificación del entrenamiento, y asistir a un centro que no cuente con el equipamiento personal para prestar los primeros auxilios en caso de una emergencia.
Según los datos de la OMS un 34,7% de los adultos sufre de obesidad en Panamá, poco más del doble de las personas en la misma categoría que viven en otros países de la región de población superior, como República Dominicana, cuyo porcentaje de personas obesas es de un 16,4%.
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