Walmart quiere llevar
su modelo de comercio electrónico a la región. Esta iniciativa podría ser el
empuje que los países necesitan para olvidarse del papel.
Thelma
López
Es
difícil imaginar que lo que sucede en Bentonville, Arkansas, afecta a América
Central, pero es verdad por una sencilla razón, ese pueblo es la casa matriz de
Walmart Stores, la compañía detallista más grande de América Central y el Caribe.
En
1991, esa empresa decidió implementar una infraestructura de comunicación en la
cadena de abastecimiento B2B (Business to Business o de empresa a empresa), que
ha resultado en una de las plataformas de comercio electrónico más exitosas del
mundo. Cuando incursionó en América Central, específicamente en Costa Rica,
Walmart trajo esa estrategia consigo y revolucionó la industria. Inició con
esto un proceso de migración de sus sistemas de comercio electrónico de casa
matriz y exigió a sus proveedores que siguieran estos lineamientos. Sus
competidores no tardaron en continuar su ejemplo y hoy son más de 400 empresas las
que están en el proceso, lo cual es casi el 100% de los proveedores por centro
de distribución de las cadenas y representa más de US$3 millones diarios en
transacciones de compra por esta vía.
Esto
incluye transacciones de las cadenas de supermercados más grandes del país,
como Automercado, Grupo Gessa y Megasuper, todos competidores de Walmart. Ahora,
el monstruo del retail planea exportar este modelo a los demás países de la
región, de hecho ya empezó con la actualización de sistemas en Guatemala y El Salvador.
Esta
movida puede significar el punto de inflexión en materia de comercio
electrónico para América Central y el Caribe, una región marcada por diferentes
visiones de desarrollo que han minado los esfuerzos para generar un crecimiento
estándar en la automatización de procesos en el segmento comercial.
“Queremos
duplicar la estrategia de Walmart en toda la región, el proyecto que se ha
trabajado en Costa Rica por varios años, de forma muy exitosa, incorpora a la mayoría
de sus proveedores en este tema y queremos ayudar en la réplica hacia el norte
de Centroamérica, sabemos que esas empresas son líderes a nivel mundial y lo
que ellas hagan define la tendencia regional”, aseguró Enrique Serarols, gerente
general de GS1 El Salvador.
Precisamente
esta entidad pretende tener un rol protagónico en la implementación del modelo,
mediante apoyo a los proveedores en transferencia de conocimiento y capacitación.
Juntos, no revueltos
Casi
desde el momento en que Walmart estaba implementado su plataforma electrónica
en su casa matriz, Centroamérica comenzó a hablar de la necesidad de comercio electrónico.
Pero el desarrollo de soluciones es dispar entre los diferentes países.
A
pesar de considerarse un hub logístico, gracias al Canal, en Panamá ni el
sector aduanal ni el comercial tienen como prioridad la automatización de
procesos.
Existe
una ley de documento electrónico que todavía no ha sido reglamentada, tampoco
hay un auge de herramientas como firma digital ni factura electrónica. Esta
última no ha sido pensada como una herramienta de justificación de uso, porque
no la están empleando ni el detallista ni los proveedores.
En
el área de retail, aunque existen soluciones de factura electrónica no se dan
los pasos para su masificación, debido a que las necesidades del sector son
otras, entre ellas el mejoramiento de la administración de bodega y sus sistemas
de ERP.
A
nivel del mercado EDI, la utilización del sistema de intercambio de documentos
electrónicos, que es un estándar internacional, es impulsada por empresas
extranjeras que exigen estas soluciones a proveedores locales, pero en el
mercado interno no existe un fuerte uso. El Estado ha dado poco impulso al comercio
electrónico, inclusive entidades como la Secretaría Nacional de Ciencia y
Tecnología (Senacyt) no tienen iniciativas concretas.
“Son
las entidades públicas las que deberían promover esto. Para que exista el
documento electrónico se necesita la segunda parte, ninguna empresa va a usar
EDI si el detallista no lo hace, de nada sirve que fabricantes y proveedores
estén interesados si los detallistas no se meten en eso”, dijo Alejandro
Guevara, CEO de GS1 en Panamá.
En
el caso de El Salvador el enfoque ha sido diferente. Mientras el Gobierno le ha
dado empuje al sector aduanero —a través de avances significativos en
declaración electrónica de mercancías y el pago de impuestos aduanales vía
electrónica, por medio de diferentes mecanismos como EDI, certificados
digitales, etc., que apoyan el desarrollo de estas soluciones de comercio electrónico—,
en la parte comercial los avances han sido pocos, no existen proyectos en
producción de temas de comercio electrónico entre cadenas de supermercados y proveedores.
Y
luego está Costa Rica, en 1997 las cadenas de supermercados presentes en el
país se unieron con GS1 para implementar comercio electrónico, debido a las bondades
que posee desde el punto de vista de costos internos y el proceso. También
porque estas compañías estaban invirtiendo en tecnología y mejora de sus
sistemas internos.
¿Qué falta?
El
impulso de Walmart y las incipientes iniciativas en el sector público son
elementos que podrían encaminar a la región hacia mejores prácticas de comercio
electrónico.
“Creemos
que es importante que todos los países trabajemos con la misma visión y
lineamiento, aunque entendemos que hay diferentes visiones de desarrollo”,
comentó Serarols. Para ello es necesario un interés adicional por parte de los
detallistas, las grandes empresas que deseen implementar estas herramientas.
“Esa
demanda ahorita es escasa en el resto de los países de Centroamérica, pero eso
va a cambiar en el corto plazo, con iniciativas como las que el sector de
supermercados están implementado, no solo Walmart, sino que el ‘efecto Walmart’
está haciendo que las otras cadenas aceleren su proceso de modernización en
todos estos temas”, finalizó Guillermo Varela, director de GS1 Costa Rica.
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