La empresa agrícola Syngenta desarrolla programas sociales en toda la región para asegurar la sostenibilidad y beneficiar a los pequeños productores.
Amafredo Castellanos
Las duras lecciones que en la región comenzó a dejar el cambio climático, con severos impactos en los cultivos y en la seguridad alimentaria, representan un mensaje claro y dramático respecto a la necesidad de que todos los seres humanos y las organizaciones asuman responsabilidades y compromisos.
Sygenta, empresa que trabaja en el ámbito de la protección de cultivos, desde hace décadas viene dando pasos para colaborar con estos compromisos por medio de la creación de programas de apoyo a la agricultura y a los pequeños productores, que también construyen una cultura de responsabilidad.
“El apoyo a la agricultura sostenible está en el centro de todo lo que hacemos, y estamos plenamente comprometidos con desempeñar un papel clave en la expansión de la capacidad agrícola”, explica Ana María Saldarriaga, gerente de mercadeo de la compañía.
Este papel, Syngenta lo va configurando mediante la protección del medioambiente, la salud y la seguridad de sus empleados, distribuidores, agricultores y consumidores, pues representa una prioridad.
Por ello, la compañía cuenta con el programa Custodia de Productos, que presta un acompañamiento permanente desde la elaboración hasta la disposición final de los envases.
El apoyo al pequeño agricultor es otro de los grandes objetivos de la empresa y se cumple a nivel regional mediante el programa PAS (Pequeño Agricultor Syngenta).
Busca entregar beneficios económicos, sociales y ambientales a los pequeños agricultores en la subregión andina, del Caribe y centroamericana, ofreciendo recomendaciones para la obtención y siembra de las mejores semillas, la adecuada comercialización de las cosechas, así como la adopción de buenas prácticas agrícolas.
Mediante el PAS, Syngenta ha capacitado a más de 173 282 pequeños agricultores en la zona. En Colombia, desde el 2005, se puso en marcha el programa Agricultura de Conservación, que promueve la protección de los recursos suelo y agua a través de talleres de capacitación y establecimiento de parcelas demostrativas en buenas prácticas agrícolas, en alianza con la autoridad local.
Otro programa de índole regional es Espantapájaros (Programa de Educación Ambiental). Tiene como objetivo capacitar a los hijos de los agricultores en los aspectos claves del manejo responsable de los productos para la protección de cultivos y despertar su interés por el medioambiente y su conservación.
En los últimos 7 años, Espantapájaros ha capacitado a más de 11 000 niños de las zonas rurales, quienes a su vez influyen en sus padres.
En Guatemala, desde 1997 Syngenta se unió al proyecto Eco-Quetzal para proteger más de 7000 hectáreas de uno de los últimos hábitats del Quetzal y la Monja Blanca, el ave y la flor nacional de Guatemala.
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