El cambio climático tiene un costo muy alto para Centroamérica. Los desastres ambientales deterioran la base de la producción, el suministro de alimentos y por supuesto… la pobreza.
Thelma López y Juan Manuel Fernández
Marily Susely Mateo Pérez tiene 3 años; Misael Mateo tiene 1 año y 9 meses; Emilio Aguilar de la Cruz acaba de cumplir 3 meses; José Cardona Sarceño tiene 2 años y 6 meses; los gemelos Anderson René y Erimo René González cumplieron 1 año y 2 meses. Son niños que sufren desnutrición aguda en Jalapa, Guatemala, apenas a unos 120 kilómetros de la capital, a través de una ruta escabrosa, pero generalmente verde. No menos de 25 niños murieron por falta de alimentos en el último semestre, sólo en ese departamento, uno de los ocho por donde pasa el llamado “corredor seco”, afectado por la sequía. Hay preocupación por lo que aún está por venir. Las autoridades han presagiado un nuevo impacto en las cosechas como consecuencia del efecto cíclico de la sequía. Esto se prevé ocurra en los meses de marzo y abril de 2010.“UNICEF ha advertido que el 2010podría ser incluso más severo, en términos de los efectos, pues las cosechas no se van a obtener”, comentó Juan Carlos Rodríguez, pediatra del Hospital Nacional de Jalapa. Rodríguez fue la primera voz que lanzó un pedido de ayuda ante la crisis que sobrevino en julio de2009, cuando fungía como director de Pediatría del Hospital Nacional de Jalapa. Semanas después fue transferido y un poco más tarde su clínica particular allanada en un supuesto acto de delincuencia. Luego lo restituyeron, pero ya no como jefe de la Unidad.“ Llamaba la atención que comenzaron a ingresar al hospital el triple de niños con desnutrición severa. Sólo en julio hubo siete muertos en el hospital”, recordó.
Los niños de la lluvia
La historia de estos niños inicia en la lluvia, o en la falta de ella. La sequía en Guatemala minimizó el caudal de las fuentes hídricas, los agricultores de subsistencia sin sistemas de riego y dependientes de los ríos que bañan sus cultivos de maíz fueron testigos silenciosos del escaso rendimiento de sus cosechas. La agricultura guatemalteca sufrió una merma de Q168 000 000(US$19 mil aproximadamente) ocasionadas por dicha sequía. El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) reportó pérdidas de 72 798 hectáreas en los departamentos de Suchitepéquez, Retalhuleu, Jutiapa, Jalapa, Zacapa, Chiquimula, entre otros. 54 000familias dispersadas en esas poblaciones sufrieron hambre. Aunque es complejo establecer una conexión directa entre eventos extremos como la sequía guatemalteca o las inundaciones en El Salvador y el cambio climático, investigaciones científicas indican una relación entre la intensidad de dichos fenómenos y un aumento en la concentración de gases efecto invernadero(GEI) acumulados en la atmósfera, principales detonantes del cambio climático.“Es muy claro que (el cambio climático)está afectando los glaciares y por tanto el suministro de agua, pero en el caso nuestro lo más probable es que veamos su influencia en eventos de sequía, que puede representar un daño en disponibilidad de alimento así como en los productos de exportación como caña o melón porque están cerca de la región donde se espera sea más severo el aumento en temperatura y posiblemente los cambios en la precipitación disponible”, apuntó Adriana Bonilla, consultora para el Decimoquinto Informe Estado dela Nación en Costa Rica.
Fernando Rivera, médico y gerente de la Fundación Castillo Córdova explicó que tanto éste como otros eventos importantes en Guatemala durante el último año están relacionados con el cambio climático y afectaron seriamente la productividad y la economía de muchas familias en la región del denominado corredor seco. De la misma manera, miles de campesinos en Honduras y Nicaragua podrían enfrentar pronto una hambruna cuando se agoten sus reservas de alimentos y disminuya la oferta de empleos agrícolas temporales, por lo que organismos internacionales temen una catástrofe humanitaria.
El planeta contraataca
En la última década, el cambio climático abandonó su condición de conflicto ambiental para convertirse en un factor sigiloso de la economía. Su huella es profunda en Centroamérica que ha sido denominada una de las regiones más sensibles del planeta. Cuatro de los diez países que fueron más afectados por el cambio climático entre 1990 y 2008 pertenecen a América Central y el Caribe, de acuerdo con el Índice de Riesgo Climático Global 2010.Honduras, Nicaragua, Haití y República Dominicana figuran entre los 10 países más afectados, en el ranking que encabeza Bangladesh. La región es particularmente vulnerable a efectos del cambio climático tales como el incremento en la fuerza y frecuencia de desastres naturales, la erosión del suelo, el aumento de la temperatura y la alteración en los patrones lluvias. A ello se unen carencias históricas.“La hambruna está asociada a las limitaciones para producir alimentos, a las malas prácticas de uso de suelo durante 100 años, donde hemos deforestado y hemos erosionado los suelos y hemos perdido la fertilidad y la capacidad de producir explicó Carlos Manuel Rodríguez, vicepresidente de políticas para la conservación de Conservación Internacional. Entre 1930 y 2008, en Centroamérica se han registrado 248 eventos extremos asociados a fenómenos climáticos. Los eventos más recurrentes son hidrometeorológicos (inundaciones, tormentas, deslizamientos y aluviones), seguido porlas sequías, con frecuencias de85% y 90% respectivamente. (Véase cuadro: La fuerza del desastre) Esta vulnerabilidad tiene un alto costo. El informe “La economía del Cambio Climático en América Latina y el Caribe 2009” de la Comisión Económica para América Latina(CEPAL) advierte que la región podría sufrir grandes daños económicos debido al cambio climático antes del fin de este siglo. Las estimaciones sugieren que el impacto económico acumulado al 2100podría ser de 137% del Producto Interno Bruto (PIB) del año 2007, es decir costará por lo menos US$103 mil millones en valor presente neto. ¿Quiénes pagarán ese costo? ¿A quienes afecta más? El estudio revela que los sectores primarios dela economía serán los primeros en experimentar pérdidas. La agricultura, ganadería y pesca se están viendo ya seriamente perturbadas por los trastornos en las temperaturas, la precipitación y el ascenso del nivel del mar. En 2005 un aumento en la temperatura promedio de Centroamérica representó una reducción de un aproximado de 4% en el índice de producción agropecuaria. La agricultura sigue siendo un fuerte contribuyente delas divisas centroamericanas. El sector agrícola en Guatemala representa25% del PIB, en Nicaragua cerca del 20%, Honduras 15%, El Salvador12%, Costa Rica 8% y Panamá 6%.“Nuestros países son esencialmente agrícolas, somos altamente dependientes de los sistemas de producción tradicionales y de auto abastecimiento. Esas zonas donde las condiciones de producción se ven muy afectadas por la sequía son las que están viendo las mayores consecuencias del cambio climático”, dijo Bernardo Aguilar, director ejecutivo de la Fundación Neotrópica.“Si no se le pone atención, Centroamérica va a tener problemas de hambruna muy fuerte, muy ligado a tasas de deforestación pérdida de agua, de agricultura y problemas de salud” advierte Jorge Rodríguez, ministro de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones de Costa Rica. El impacto en la biodiversidad incide negativamente en actividades turísticas, uno de los caballos de batalla del istmo. En Talamanca, en el Caribe costarricense cientos de locales observaron sus negocios pequeña iniciativas de eco-turismo-desaparecer con la corriente del río Sixaola, cuya fuerza devastó no sólo los recursos naturales de la zona, sino la infraestructura. Desastres como el ocurrido en Talamancao la sequía en Jalapa obligan a los habitantes a migrar de sus tierras hacia las ciudades, en busca de nuevas oportunidades para subsistir. En la mayoría de los casos, estos agricultores sin cosechas o empresarios turísticos sin turistas pasan a engrosar los anillos de pobreza que rodean las capitales centroamericanas. Son desplazados ambientales, se pueden encontrar en Azuero, Panamá, en Guanacaste, Costa Rica, en el norte de Nicaragua y en la costa pacífica guatemalteca.(Véase: Lo que el viento se llevó) Son difíciles de documentar, pero existen, el mercado muchas veces los cataloga como desplazados económicos, pero ha sido el clima, y después la economía, quien ocasiona las migraciones de estos pobladores.“Honduras registra desde hace muchos años migraciones internas vinculadas con su vulnerabilidad ante fenómenos climáticos”, expresó Luca Renda, representante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Honduras.
Los pobres tienen calor
Los siete países del istmo centroamericano emiten menos de 0,5% de las emisiones mundiales, sin embargo son quienes apuestan más en el juego mundial del cambio climático. Sus secuelas se combinan con la vulnerabilidad socio-económica de ciertas poblaciones en la región. Son estas poblaciones lasque sufren mayores consecuencias y experimentan un detrimento de sus condiciones económicas.“Todas estas consecuencias (del cambio climático) limitan las posibilidades de un mejor desarrollo y acceso a mejores condiciones económicas por parte de las comunidades. Esto es lo que conduce a la pobreza”, dijo Carolina Mauri, negociadora de la iniciativa Paz con la Naturaleza en Costa Rica. Aunque Centroamérica no es la región más vulnerable del mundo, está entre las de más alto riesgo. “Ya no estás hablando de producción, sino de vidas humanas” enfatizó Bonilla. Las poblaciones sensibles son más sensibles con cada nueva emisión que se libera a la atmósfera, ubicados en las peores tierras, con las actividades productivas más vulnerables y sin capacidad de defenderse de la furia del planeta o bien, los choques del mercado, son quienes tienen menos en la región los primeros afectados ante el cambio climático. Con su calidad de vida en detrimento, el cambio climático exacerba también las tensiones económicas y sociales que ya son familiares en nuestros países.“Las personas pobres son los menos capaces de fijar precios o de protegerse de las alzas de precios”, indicó José Luis Samaniego Director de la división de Desarrollo Sostenible de CEPAL. Así, comienza una lucha entre pequeños y grandes productores, entre consumidores y productores que también involucra al sector público que, en última instancia, deberá asumirla responsabilidad de rescatar a estas poblaciones sensibles del abismo. El precio de ese constante rescate es también alto, los fondos usualmente aparecen del gasto social.“Si estamos utilizando el dinero en reparar infraestructura no vamos a mejorar los índices de escolaridad”, expuso Lawrence Pratt, director del Centro Latinoamericano para la competitividad y el Desarrollo sostenible (CLACD) de INCAE. Esta situación amenaza también el crecimiento económico de Centroamérica. Sin embargo, los países no lo visualizan así.“Si habla con las autoridades ambientales están claros, pero ellos no manejan la política de desarrollo ni la definen, la estructuración delos gobiernos no está permitiendo que esta información se traduzca en política pública”, complementa Carlos Manuel Rodríguez. No solamente los gobiernos sino los organismos internacionales fallan en encontrar la conexión. William Calvo, secretario Ejecutivo del Consejo Monetario Centroamericano (CMCA)argumenta que Centroamérica debe enfocarse en obtener tasas de crecimiento económico sostenible para aliviar el problema de la pobreza. ELCMCA no incluye dentro de su estrategia o estudios al cambio climático.“Los gobiernos no tienen los recursos para paliar este incremento en la pobreza. Los países de Centroamérica son muy pobres, destinar recursos al cambio climático es muy costoso, y la única forma de resolver eso es con ayuda externa. Yo no lo veo posibilidades a los países de destinar con recursos propios al tema de Cambio Climático” dijo Calvo.
Requisitos para el cambio
El esfuerzo relevante en cambio climático proviene de las negociaciones internacionales, donde se discute sobre reducción de emisiones. Pero esto no es suficiente para Centroamérica. Según Alejandro Alemán, especialista en cambio climático de Centro Humboldt en Nicaragua, la región debería centrarse en discutir medidas de adaptación, asunto que los gobiernos no están atañendo más allá de esfuerzos aislados.“Hay una conciencia limitada pero creciente. Esto se visualiza en la poca capacidad y voluntad de algunos gobiernos, en impulsar la perspectiva ambiental del desarrollo, al permitir y hasta fomentar proyectos lesivos al ambiente como minería a cielo abierto, o inversiones que dañan la naturaleza”, dijo Raúl Leis, sociólogo panameño. Existe una dificultad axiomática para cuantificar el costo económico del cambio climático.“El problema de cambio climático es una falla de mercado, porque estamos produciendo emisiones y no están siendo contabilizadas por el costo económico de ello y como las decisiones políticas hoy se sustentan en la información económica seguimos contribuyendo al cambio climático”, dijo Rodríguez, quien además fue ministro de Ambiente y Energía en Costa Rica. Tal y como apunta el estudio de CEPAL, los costos económicos asociados al cambio climático son significativos y crecientes con el tiempo. Por ello es indispensable el desarrollo de políticas públicas que contribuyan a reducir los impactos de este fenómeno. Esta política, empero, no está en los planes de gobierno.“Todavía no lo veo en la agenda política porque los expertos científicos tienen su esfuerzo en las negociaciones internacionales. Nos gustaría ver a líderes de sector privado, de gobierno y de sociedad civil pensando qué hacer para ser menos vulnerables”, arguyó Pratt. Precisamente el sector privado puede resultar perdedor. El alcance del cambio climático puede afectar seriamente la competitividad de la región y disminuir el clima de inversión. El cambio climático no se ajusta a los ciclos de ningún gobierno pero si se ajusta a los ciclos de la empresa privada, cuya acción es necesaria para asegurar, entre otros, el desarrollo económico de los países regionales. El primer requisito para garantizar este desarrollo se enfocaría en visualizarlos verdaderos impactos del cambio climático en cada nación. “Debemos generar equipos técnicos al interior de los países que tengan diálogo con los tomadores de decisiones de políticas públicas”, argumentó el vocero de CEPAL.“Segundo, debe existir una adecuación de precios, de manera que coincidan los precios en la economía, de forma lenta y gradual para reflejar las prioridades del cambio climático” añade. Hoy la situación es inversa, energía limpias son más caras que energías basadas en combustibles fósiles. En tercer lugar debe existir una participación más activa del sector privado. “Las implicaciones del cambio climático afectarán el clima de inversión en Centroamérica, habrá un deterioro en competitividad y en los índices del Foro Económico Mundial”, continuó Lawrence Pratt. Por último, un hallazgo y un reto. Las autoridades de ambiente están muy claras de la urgencia de esta problemática. Pero el punto aquí es que no son ellos quienes definen las políticas de desarrollo, aquellas que conducen a la ejecución de políticas públicas. “Los ministerios de ambiente se ven como que no contribuyen a desarrollo económico, ni a la pobreza, no tienen presupuesto, existen por ética y moral” reclama Carlos Rodríguez.“Hasta tanto el medio ambiente deje de ser considerado un cajón que hay que llenar con un ministerio, eso no se va a dar. Estamos lejos de entender que el ambiente debe ser un eje transversal de la acción gubernamental, más que la acción de un ministerio específico” confirma Aguilar de Neotrópica.“El tema de cambio climático es una advertencia al mundo. Tenemos que cambiar la mentalidad”, aporta Lina de Pohl, Viceministra de Medio Ambiente de El Salvador. El estudio en mención de la CEPAL concluye que “el desafío del cambio climático implicará una modificación de las pautas de crecimiento y desarrollo”. Pero la forma en que se trazan las visiones y las metas también debe reformularse. “El cambio climático es un fenómeno de largo plazo y en general los actores económicos no están acostumbrados a pensar en 50 ó 100 años” dijo Samaniego, de CEPAL. Esto implica que esas visiones de desarrollo sustentadas en economías altas en el uso del carbono sufran una reestructuración profunda que incluya la pobreza: la vulnerabilidad humana como punto de partida. Entonces habremos llegado a una era nueva: la de las economías bajas en carbono, muy lejos de ella todavía.
Los codiciados dólares
Y este cambio de paradigma requerirá ineludiblemente financiamiento. Centroamérica y República Dominicana pretenden reclamar a los países desarrollados un resarcimiento por más de US$ 100 millardos por el impacto que tienen las emisiones de gas de efecto invernadero en los países de la región. La forma para obtener este financiamiento es controversial. Además, países como Costa Rica y Panamá han quedado en una situación difícil, consideradas naciones de renta media, con bajos niveles de emisiones, quedan fuera de la carrera para obtener fondos. Hay quienes abogan por atenerse al financiamiento internacional.“Nosotros no somos los responsables. Hemos aportado menos de tres milésimas, como Centroamérica, históricamente; y vamos a serlos más afectados, principalmente los pueblos indígenas y las comunidades más vulnerables, tanto urbanas como rurales”, reprochó Luis Ferraté, ministro de ambiente de Guatemala. Otros, abogan por una responsabilidad más directa. La investigación de CEPAL asegura que la región tiene fondos que puede traducir en esfuerzos de adaptación, transferencia tecnológica e inversión en energía renovables.“Esperarnos a que vengan los recursos internacionales para protegernos de nuestros propios riesgos es un absurdo… Los fondos internacionales van a llegar para ayudara no emitir más CO2 pero en cuestiones de vulnerabilidad yo no veo recursos internacionales para protegernos”, dijo Lawrence Pratt. Mientras el mundo se pone de acuerdo, en Guatemala se teme lo peor. El gobierno apenas está preparando todo un esquema financiero para las emergencias que da el cambio climático, tiene una iniciativa de préstamo en el Congreso para prever recursos disponibles para emergencias por el cambio climático, sin embargo, se desconoce cuándo y cómo llegarán esos recursos a la comunidad de Jalapa, que por ahora, solo cosecha sequía.
Colaboró en la redacción de esta nota: Amafredo Castellanos, BorisRíos y Sara Flores, con aportes deMaría López, Julio Medina y PamelGraciano.
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