¿Qué energías limpias desarrolla la región en un momento tan apremiante del cambio climático? ¿Cubrirá la interconexión regional la demanda de más de 35 millones de consumidores? Aún hay muchos cabos sueltos.
El planeta alcanzó el límite. La población mundial aumenta entre 87 y 90 millones de personas cada año. Son 90 millones de personas que van a requerir consumir energías para vivir. Ya en la actualidad estamos consumiendo las últimas reservas de energía proveniente del carbón, petróleo y gas. Centroamérica no está aislada. En este momento encara dos retos: superar las barreras legales y administrativas para concretar una negociación de interconexión regional y acelerar el desarrollo de energías alternativas en sus procesos.
¿Qué están haciendo actualmente los gobiernos y sectores productivos?
La gran autopista
La energía es uno de los ejes transversales del Proyecto Mesoamérica, cuyo nombre antiguo era Plan Puebla Panamá. Tal unión de países incluye a El Salvador, Guatemala, Honduras, Colombia, Nicaragua, Belice, Costa Rica, Panamá y México. Desde su creación, en el 2001, la meta ha sido construir la infraestructura necesaria para una “carretera” energética, eléctrica e informática.
Uno de los esfuerzos más importantes es la creación de una interconexión energética que se encargue de promover formas más eficaces y limpias de generación.
Los cinco países del istmo ya tienen formado un Mercado Eléctrico Regional (MER), que según el gerente de país de AEI Nicaragua, César Zamora, reúne a personas que trabajan por armonizar las leyes que hagan efectiva la interconexión. Dicho grupo opera desde El Salvador y ya cuenta con una interconexión de un carril. Para Zamora, lo importante será plantear la regulación que posibilite la creación de los tres carriles que el Siepac (Sistema de Interconexión para América Central) se plantea. Se espera que para el año 2011 inicie la operación comercial de esta línea troncal (vía de Panamá a Guatemala), con una capacidad inicial de intercambio de 300 megavatios (MW). De esa línea de transmisión se derivan conexiones en cada país para utilizar o suministrar energía. Según fuentes oficiales de la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL), en El Salvador, el Siepac debe poner en marcha un mercado eléctrico mayorista entre los miembros del MER. Así, cualquier empresa calificada tiene la oportunidad de vender o comprar electricidad desde su nación centroamericana. Tal sistema es la primera obra que se ejecutó en el Proyecto Mesoamérica, cuando todavía se llamaba Plan Puebla Panamá.
El informe de CEL contempla que el esfuerzo beneficiará a más de 34.6 millones de habitantes en la región y deberá construir una línea de transmisión a 230 kV. De esta manera, se podrán afrontar las inversiones de nueva infraestructura para mejorar la distribución y la generación de energía.
El director ejecutivo de la Asociación de Generadores de Energía Renovable de Guatemala, Cristhian Escobar, asegura que todo el esfuerzo multiplicaría la capacidad que tiene la región de intercambiar electricidad en un máximo de 300 MW. Pero falta superar las barreras legales y administrativas. “Cada sistema eléctrico nacional está regulado por leyes y normas diferentes a las de sus países vecinos”, asegura.
Por eso, crearon la Comisión Regional de Interconexión Eléctrica y el Ente Operador Regional.
Ellos deben proveer de condiciones equitativas e imparciales a todos los países. Escobar espera que las empresas propietarias de la red y agentes de cada país otorguen una plataforma para realizar inversiones de generación. “Esperamos que a finales del 2011 ya se tengan oficinas del Siepac en cada nación; pero su verdadero reto será mantener los flujos de energía constantes”, considera Zamora, quien ya ve avances después de 20 años de negociaciones.
Transacciones limpias
La interconexión es una posible solución para la demanda regional de electricidad que crece cada día. La representante de la Asociación Hondureña de Pequeños Productores de Energía Renovable (Ahpper), Elsia Paz, asegura que este esfuerzo regional agregaría megavatios de energía limpia a todos los sistemas nacionales, en especial en épocas de crisis, cuando se ven obligados a contratar energía térmica. “Esas transacciones se podrían evitar al comprar, por ciertos periodos del año, energía renovable de los países que tienen excesos, como el caso de Costa Rica o México”, comenta.
Paz cree que el esfuerzo rompería con monopolios estatales y daría cabida a más actores en el mercado energético, lo que daría transparencia a las transacciones de compra y venta. Ella está convencida de que habrá suficientes oportunidades para intercambiar tecnología entre vecinos para producir con medios renovables.
Esta experta pone el ejemplo de Honduras: “A nivel nacional tenemos un potencial renovable de más de 5000 MW por medio de recursos hidroeléctricos, eólicos, solares, geotérmicos y de biomasa”. Sus estimaciones apuntan que solo el 10% de esos recursos se utilizan para generar energía.
Energías alternas
En Guatemala también hay una subutilización de este recurso. Escobar calcula que solo se aprovecha el 11% del potencial de energía renovable. Asegura que en toda la región solo se usa un 17%. “Con variaciones entre los países, existe una disponibilidad amplia de fuentes hidroeléctricas, geotérmicas, eólicas, de biomasa, etc.”, informa.
Su compatriota, Alberto Cohen agrega que la producción nacional de energía geotérmica llega a los 40 MW, cuando tienen un potencial mínimo de 1000 MW. “En algunos estudios más exhaustivos se menciona que podríamos llegar a producir hasta 3000 MW”, reflexiona.
Se lamenta, además, de que a pesar de tener un potencial de producción hidroeléctrica de 5000 MW, solo se aprovechan 700 MW.
El presidente de LaGeo (empresa que produce energía geotérmica en El Salvador), Napoleón Guerrero, asegura que hay diferentes tipos de potenciales en su país: biomasa, solar y eólica.
“La cantidad de basura que produce el territorio nacional es suficiente para la generación con biomasa”, comenta Guerrero. A esto agrega que el sol podría utilizarse en proyectos puntuales y rentables, como en los sistemas de calentamiento de agua en los hoteles. La visión de Guerrero es optimista; cree que hay posibilidades de producir etanol en los ingenios, de seguir explorando el mapa geotérmico y de hacer una explotación ordenada de la cuenca hidroeléctrica del país, a través de minicentrales. Todo esto en pro de reducir la dependencia del petróleo. Su producción nacional es térmica en un 40%.
Zamora, desde Nicaragua, tiene presente que el sistema de su nación es el más pequeño.
“Eso crea muchas posibilidades de reconvertir la matriz”, dice. El 70% de la electricidad producida en esta nación se hace a base de petróleo. “Si Nicaragua hace un esfuerzo renovable, sería capaz hasta de exportar este servicio”, argumenta.
Por su parte, los costarricenses están más avanzados en el tema. Al hablar de energía limpia ya no están pensando en los mismos niveles que el resto de países. Con un aprovechamiento eficiente de los recursos naturales, ahora están enfocados en los combustibles. El director de Investigación y Desarrollo de la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope), Warner Carvajal, asegura que trabajan por establecer una mezcla de combustible para el biodiesel y el etanol.
“El biodiesel podría mezclarse desde un 0-5% y el etanol de un 0-8% con el combustible fósil”, informa Carvajal. Este experto cree que el aceite de palma se puede perfilar como el material a procesar para suplir la demanda. Para ello, ya realizan los estudios que determinarán el excedente de esta producción. La noción preliminar es que hay suficiente recurso. Sin embargo, falta analizar los costos de la materia prima y de la producción.
“Estamos considerando la parte técnica de extraer, procesar y refinar otros combustibles alternativos, como las microalgas y la jatropha”, comenta Carvajal quien tiene las expectativas puestas en la creación de un laboratorio que pruebe las mezclas planteadas.
Según el Ing. Gilberto de la Cruz, director de
Planificación Eléctrica del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), se han desarrollado proyectos de generación aprovechando la geotermia y el viento, lo que permite que más del 90% de la producción eléctrica del país se produzca a partir de fuentes renovables y limpias. Un aporte adicional, pero en menor porcentaje, proviene de la biomasa, especialmente del bagazo de caña.
Con el viento a favor
El país que se ha concentrado en aprovechar el viento para la producción de energía es República Dominicana. “Un estudio hecho por el Departamento de Energía de los Estados Unidos estimó que la capacidad de energía eólica en el país es de 10 000 MW, ante una demanda de un poco más de 2000 MW (o 4000 MW si el abastecimiento es a partir de la energía eólica)”, asegura Carlos Rymer.
Realizar esto conlleva una etapa de estudios que se están realizando en la zona sur de la isla. Bolívar Rodríguez, del IIBI, explica que se miden los vientos durante dos años (día y noche), para comprobar si es más barato que el método térmico. “Según el estudio, tenemos capacidad comercial rentable de instalar 10 000 MW de potencia con este recurso”, comenta. El recurso se utilizaría en combinación con la generación que ya hacen las presas hidroeléctricas y otros métodos de producción, ya que ellos también trabajan con energía solar, biomasa y biocombustibles en general.
Los expertos consultados concuerdan en que hace falta un esfuerzo de los gobiernos por generar incentivos en este ámbito, para atraer más inversiones que aceleren el proceso de desarrollo de energías renovables. Representantes del Banco Multisectorial de Inversiones (BMI) en El Salvador están conscientes de que se debe profundizar en una legislación con mayor apoyo para este sector, a través de figuras como subsidios o facilidades financieras.
La Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES) está armando un lineamiento general para una propuesta de política energética. En ella contemplan un papel más activo de una Comisión Nacional de Electricidad (CNE), conformada por actores privados y públicos. Esta deberá influir en la aprobación de estrategias energéticas, proponer fuentes alternativas de electricidad que posibiliten disminuir la dependencia del petróleo, entre otras medidas. Zamora considera que a Nicaragua le ha ido mal en los financiamientos por parte de instituciones como el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
“La posición de estas instituciones es perversa, porque muchos de sus préstamos no aplican para países subdesarrollados”, se lamenta. Por lo pronto, los países deben identificarse con la urgencia no solo de estrechar sus esfuerzos en la interconexión de casi 40 millones de habitantes. Se deben establecer condiciones propicias para multiplicar las energías limpias y maximizar el uso de recursos naturales.
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