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Oxígeno: el nuevo producto gourmet PDF Imprimir E-mail
Lunes, 02 de Marzo de 2009 02:03

Tags: Ambiente | Cambio climático | Carbono | COP16

Juan Manuel Fernández/Thelma López

En la remota zona de la península de Osa, al sur de Costa Rica, crece vigoroso un cultivo con los primeros rayos de luz. Pero este cultivo no es igual a otros. No se trata de papas, café o banano. Es una plantación de oxígeno.

En la tierra crecen árboles y más árboles. Ellos, en su proceso de fotosíntesis, liberan toneladas de oxígeno que se venderán al mejor postor, un consumidor de productos gourmet, quien puede encontrarse a miles de kilómetros en una ciudad de Europa o Asia.

Ese consumidor gourmet quiere algo diferente. Así como Costa Rica dio a conocer el café, su grano de oro, entre los consumidores de esta bebida, hoy está a las puertas de posicionar un nuevo producto gourmet: el oxígeno.

Costa Rica como país cuenta con los recursos para hacer de una actividad sostenible con el ambiente, un negocio, una marca.

En palabras técnicas, se trata de un “mercado de reducción de gases de efecto invernadero o de dióxido de carbono equivalente”. En términos sencillos: secuestrar CO2 del ambiente y devolverlo convertido en oxígeno, a través de la siembra de árboles.

Esto se ampara en la noble filosofía de compensar. Es inevitable que el ser humano deje de hacer actividades que contaminan, pero es factible equiparar ese daño.

Allí es donde entra un servicio de categoría gourmet que se convierte en una mina para un país que ya es mundialmente conocido por su respeto al ambiente.

Pero este mercado gourmet aún no está consolidado. En este momento existen, por un lado, los esfuerzos de Gobierno para desarrollar una estrategia que permita al país compensar sus emisiones de carbono en el año 2021.

De forma paralela, ha surgido un mercado voluntario, conformado por empresas certificadoras que ofrecen sus servicios para que otras alcancen la meta de neutralidad. En ambos casos, hay potencial para alcanzar ese mercado gourmet.

PRIMERA CARA DEL MERCADO GOURMET: “Made in C-neutral Costa Rica”

En primer lugar, esos esfuerzos del Gobierno se enfocan en el proyecto de Estrategia Nacional de Cambio Climático (ENCC), cuyo fin último es llegar a ser un país carbono neutral para el 2021. Esto creará las bases para una marca exitosa comercializadora de oxígeno, que reúna a empresas, Gobierno y consumidores bajo una misma sombrilla. La creación de un sello para que haya productos C-neutral en el país, o neutrales en sus emisiones al ambiente, es el inicio de toda una estrategia que combina ambiente y negocios.

“Por ejemplo, podemos llegar a ver en las computadoras un sello que diga ‘neutral en CO2’ y otro que diría ‘energía renovable 100%’. Cada uno de esos sellos debería darnos un poco de dinero. Si hiciéramos eso, hoy a los precios actuales significaría un aumento de US $15 o US $20 en el precio de una computadora”, ilustra René Castro, ex ministro de Ambiente y Energía.

Según Castro, quien además es profesor del Incae, Costa Rica podría incrementar su atractivo para que empresas de alta tecnología vengan a hacer manufactura al país, no solo a comprar los títulos de CO2, sino también a posicionarse en un país donde aquellas empresas que son electrointensivas saben que cuando su producto sale de la línea de manufactura lo hace 100% basado en energía eléctrica renovable y además neutral en carbono. Esto, desde la perspectiva del académico, les resuelve a las corporaciones “un dolor de cabeza a futuro”.

El principal ingrediente gourmet de esta receta es la diferenciación. “Es muy difícil que otros nos puedan copiar, porque requiere de un avance que tienen pocos países hoy”, augura Castro.

Todo va y regresa al mismo punto: la meta país. En junio del 2007, el mismo presidente de Costa Rica, Oscar Arias Sánchez, prometió públicamente que Costa Rica será el primer país carbono neutral, al reducir sus emisiones de gases para el año 2021. Pero el camino empezó hace mucho más…

Kyoto solo fue el inicio

Unos 13 años antes de ese ambicioso anuncio, Costa Rica ya era uno de los pocos jugadores experimentales del comercio de emisiones.

Esto permitió que en Kyoto, el país liderara el establecimiento del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL). “Costa Rica, en esa época, había realizado el 30% de los proyectos a nivel mundial”, recuerda Castro.

Es cierto que el 11 de diciembre de 1997 se lanzó el compromiso de reducir los gases efecto invernadero en un 5% para el año 2012, y así disminuir el cambio climático.

Fue la firma del Protocolo de Kyoto la que dio luz verde al comercio de emisiones también. Por el ecosistema que tiene Costa Rica, la metodología de captura de emisiones del ambiente más apta es a través de la plantación de bosques. Acompañados de un buen uso de la explotación de la tierra, los árboles que se plantan en Costa Rica (como melina, teca o especies nativas como pilón o cedro amargo) tienden a crecer muy rápido y a mantenerse frondosos. Eso facilita la captura de carbono y la liberación de oxígeno.

Sin embargo, en el COPP (Código Orgánico Procesal Penal) del 2001 en Marruecos, se excluye a los bosques como generadores de secuestro de carbono, lo que afecta inicialmente la actividad en Costa Rica. Pero el país siguió su trabajo de lobby. Para el 2007, en la cumbre de Bali, nuevamente se valora la posibilidad de tener los bosques o evitar la deforestación como un mecanismo que pueda generar venta de oxígeno. “Si eso se da, podemos decir que el mercado está con mucho más dinamismo y eso es lo que nos permite a nosotros desarrollarlo a nivel nacional”, detalla Jorge Mario Rodríguez, director general del Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (Fonafifo). En Bali inició lo que se considera un nuevo régimen de Cambio Climático. “Allí logramos incidir en que por primera vez se reconociera la deforestación evitada, una de las debilidades del protocolo de Kyoto que no la reconoce”, explica Roberto Dobles, ministro de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones de Costa Rica. Esto se logró gracias a una alianza con un país lejano y muy diferente, Papúa Nueva Guinea, pero con el común denominador de proteger bosques y lograr un reconocimiento por ello.

Alineado a estos esfuerzos en materia internacional, la actual administración (que entregará el poder en el 2010) desarrolla el proyecto de la C-Neutralidad, a través de la ENCC. Con esto lo que pretende Costa Rica es que las toneladas de carbono que emite de más puedan reducirse y compensarse. “Ahí es donde vemos cómo a nivel nacional puede desarrollarse un mercado bastante dinámico, porque todo lo que tiene que ver con la huella del carbono va a ser un factor determinante para que el consumidor pueda elegir entre uno y otro producto”, añade Rodríguez.

Ya existen empresas que tienen un norte de C-neutralidad y podrán hacer gala de que sus productos y su actividad respetan el ambiente.

Por ejemplo, Nature Air fue la primera aerolínea carbono neutral del mundo. “Nosotros venimos compensando emisiones desde el 2004, con certificados dados por Fonafifo. Lo que hacemos es que se calcula toda la gasolina que se usa en el año y Fonafifo nos dice cuántas hectáreas vamos a reforestar en la península de Osa”, explica Alejandra Rojas, de la aerolínea local. El Banco BAC San José también tiene un programa para neutralizar sus propias emisiones a través de la siembra de árboles. A estas dos empresas, se les suma una lista de más de 70 que mantienen proyectos piloto para alcanzar esa neutralidad.

SEGUNDA CARA DEL MERCADO GOURMET: Vendedores de oxígeno

Además de este nuevo recurso de la marca C-neutral, hay otra forma de generar rentabilidad gracias al oxígeno. Se trata de organizaciones que venden oxígeno. Esto lo hacen a través de un servicio que incluye desde el cálculo de cuánto se contamina, la siembra de los árboles para compensar y una certificación de que la empresa o la persona, efectivamente, alcanzaron la neutralidad. Quienes se dedican a esto tienen diferentes enfoques: unos lo hacen por el beneficio al ambiente, otros por una causa social y otros por el negocio.

No hay certeza ni registro de cuántas existen en este momento, pero están activas. En primer lugar sobresale la figura de Fonafifo, la entidad referente a nivel nacional por sus estrictas metodologías de medición, monitoreo y verificación del proceso, desde que se diagnostican las emisiones hasta que se recomiendan las tierras, se siembran los árboles y se les da el seguimiento para comprobar esa neutralidad. Por medio de Fonafifo, el Gobierno protege y recupera las áreas forestales para ejercer la actividad, por lo que lo hace sin fines de lucro. Su vocación es esencialmente ambiental y también social, por el beneficio a los pequeños productores que ponen sus tierras a disposición para reforestar.

Pero hay quienes han logrado hacer de la actividad certificadora un negocio rentable.

Es el caso de la empresa Bioeco, un outsourcing de servicios ambientales que hace un estudio de cuánto contaminan sus clientes y les brinda la asesoría para compensar el daño con el ambiente a través de la reforestación. La certificación que Bioeco emite es respaldada por científicos del Catie (Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza) y del Instituto Tecnológico de Costa Rica.

Para Bioeco, el ambiente es su negocio. Pero hay quienes lo hacen solo por la preservación del planeta. Este es el caso del Programa Amigable con el Cambio Climático, que brinda los mismos servicios que Fonafifo y Bioeco, pero que funciona como una red de organizaciones que no busca la rentabilidad.

“Esto es una empresa con fines sociales y ambientales, primero está el objetivo”, señala Laura Lang, directora del Programa. Lang indica: “Lo que hacemos es sembrar árboles nativos para compensar emisiones de dióxido de carbono, porque es factible para nosotros y es urgente”. Parte del respaldo en las certificaciones que da esta iniciativa, se ubica en el Centro Científico Tropical y en el Laboratorio Químico de la Atmósfera de la Universidad Nacional (UNA).

La Fundación Neotrópica, por su parte, aguarda un enfoque más social en las actividades científicas que impulsa para capturar carbono.

Así que el mercado aglomera agentes. Unos con objetivos económicos y de rentabilidad; otros enamorados de la causa proambiental.

Buen arranque, mal seguimiento

Sin embargo, el mercado gourmet todavía no se ha desarrollado por varias razones. Al convertirse en el primer país en comercializar internacionalmente bonos de carbono y ser el pionero en una actividad desconocida hasta el momento, Costa Rica fue protagonista en el nacimiento de la venta de oxígeno. Pero, después de esos años en que el país se colocó por delante de gigantes como Brasil y China, la actividad llegó a un alto repentino.

Hoy, los logros alcanzados hace casi dos décadas se muestran insuficientes ante las transformaciones del mercado de carbono. Países que antes estaban en etapas tempranas, han asumido la delantera en la actividad con mecanismos de acuerdo a las necesidades de cada nación, pero igual o más exitosos que el planteado originalmente por Costa Rica. Un ejemplo de esto es Chile, donde el Gobierno ha permitido transacciones de empresa a empresa.

Mientras tanto, en Costa Rica nadie habla del asunto. El Gobierno, si bien ha tratado de resucitar la iniciativa dentro de la ENCC, no ha logrado captar la atención del público y el tema permanece cautivo en las mentes de pocos especialistas y algunos sectores empresariales, cuyos esfuerzos también son tímidos y apabullados por otras iniciativas de mayor resonancia popular. Los esfuerzos han sido buenos pero insuficientes.

Carbono, su captura y su comercialización no son temas que el ciudadano asocia con cambio climático. De hecho, muy pocos costarricenses conocen que Costa Rica fue el primer comercializador de oxígeno. En un país que ha marcado camino a nivel internacional con una imagen verde, respetuosa del ambiente, parece que el concepto de sostenibilidad está poco interiorizado por sus habitantes.

Hasta en el sector empresarial hay divisiones, entre quienes hacen esfuerzos importantes en el tema y quienes descartan la actividad.

“Mundialmente no se sabe qué es CO2. El encargado de ambiente es el único que sabe en una empresa. El cliente en general no lo sabe. (Cuando) sembramos el árbol y le decimos cuántas toneladas capturan, prefieren decir a nivel de publicidad que sembraron mil árboles”, señala Meir Ary de Bioeco.

Si el país hubiera continuado por la senda que abrió, probablemente el mercado gourmet ya existiría.

¿Qué salió mal? ¿En qué momento se perdió el sendero? Según René Castro, la razón involucra una cultura de falta de liderazgo y visión. “Somos malos en la parte de ejercer un liderazgo en el mercado. Somos buenos en la parte de investigación, producción, siembra, en la parte científica, pero no en llevar adelante las cosas… Ahora somos uno más de los que comercializan títulos en el mundo, pero no hemos logrado darle ese toque gourmet”, reclama.

Oxígeno sin límites

Es precisamente esta falta de liderazgo lo que ha permitido el desarrollo de un mercado voluntario donde la oferta es muy variada.

La proliferación de diferentes métricas, mecanismos para captura, comercialización y certificación no se encuentra estandarizada, y ello permite que aparezcan nuevas iniciativas con respaldos poco concretos.

Las empresas certificadoras que han surgido a partir de este mercado informal se han respaldado con instituciones científicas como el Catie, el Centro Científico Tropical, entre otros. Cada uno de estos entes cuenta con diversos mecanismos de captura, lo cual no crea consistencia en el mercado. Además, funcionan sin un marco regulatorio macro que permita control, medición y verificación del servicio que proveen.

“¿Qué tanto se conoce de esas empresas para tener certeza de que si estoy invirtiendo US$60 para que se siembren tantos árboles, esos árboles realmente se siembren y cumplan con esa función? Esa es parte de las preocupaciones del ministro (de Ambiente). Se trata de que ese trabajo sea medible y verificable”, dijo Rodríguez de Fonafifo.

Lo innovador de la actividad es el principal argumento de las autoridades para este vacío legal. Por eso, cuando el Gobierno Arias definió la ENCC, reconoció entre sus objetivos un mayor orden de la comercialización del carbono en el país.

En estos momentos se encuentra en etapas finales el decreto del Mercado Nacional Voluntario de Carbono para la reducción y compensación de los gases de efecto invernadero, bajo la supervisión del Minaet, que establece una Junta Nacional de Carbono, para propiciar el avance del país en carbono neutralidad y generar la creación de la marca “Made in C-Neutral Costa Rica”.

Según Lidieth Carballo, viceministra de Calidad Ambiental y Agua, existirá “la posibilidad de establecer directrices y ser los garantes de que lo que se está haciendo sea la realidad”.

También se establecerá el Registro Nacional de Emisiones, Reducciones y Compensaciones, con el objetivo de crear un sistema que lleve un archivo específico de las emisiones y compensaciones que se realizan en el territorio nacional y evitar duplicidades. La directriz es que la neutralidad no debe ser solamente un título, debe ser un hecho.

Para que esto se cumpla será fundamental también el ordenamiento de las empresas certificadoras, quienes tendrán que pasar por un proceso de acreditación ante el Minaet, que las califique como tales.

Vender sosteniblemente

Independientemente del éxito en el marco regulatorio, la venta de oxígeno es una actividad que ya se enlista dentro de las posibles soluciones para el cambio climático, no solo en Costa Rica, sino en el mundo entero.

Sus puntos débiles se muestran secundarios ante los beneficios de la iniciativa. Por un lado, la protección de bosques alrededor del mundo. Este es un tema escabroso para países poseedores de la riqueza forestal: las economías en vías de desarrollo, que encuentran un salvavidas en la venta de oxígeno.

Pero más importante aún, la actividad plantea un verdadero desarrollo sostenible, pues involucra los tres factores que conforman este concepto: el valor económico, por ese mercado gourmet que al país tanto beneficio le traería; el valor social, dado que la creación de proyectos de captura de carbono tendría lugar en zonas rurales donde se concentra la riqueza forestal del país; y, finalmente, el valor ambiental, por el principio de conservación y la reducción del riesgo en torno al cambio climático.

No se trata únicamente de ambiente, se trata de una solución integral. Como dijo Kofi Annan, ex secretario general de las Naciones Unidas: “Salvaguardar el medioambiente. . . es un principio rector de todo nuestro trabajo en el apoyo del desarrollo sostenible; es un componente esencial en la erradicación de la pobreza y uno de los cimientos de la paz”.

NOTA: El proyecto que dio origen a este trabajo fue el ganador de la beca AVINA de Investigación Periodística. Los conceptos, opiniones y otros aspectos del contenido de la investigación son responsabilidad exclusiva del medio y sus autores.

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