La región sigue luchando contra la pobreza y la exclusión, pero ahora enfrenta un escenario de inseguridad y cambio climático que despierta preocupaciones.
Edita: Thelma López
Las 15 pistas de aterrizaje que existen en Petén no se construyeron para recibir turistas, sino para cargas de estupefacientes. Según el Servicio de Análisis e Información Antinarcótica de Guatemala (SAIA), son pistas improvisadas, que incluso se encuentran dentro de zonas protegidas como el parque Laguna del Tigre, edificadas por el crimen organizado que asegura protección a los campesinos a cambio de trabajo como vigilantes y mano de obra de los cargamentos de droga.
En ese estado norteño de Guatemala, los movimientos policiales son escasos por su alto costo y la sospecha de campesinos armados. El gobierno también teme por los turistas que visitan la región y por los problemas fronterizos que podrían surgir si las autoridades traspasan los límites geográficos del país.
Petén es un ejemplo de poblaciones centroamericanas vinculadas al narcotráfico, donde el Gobierno ha perdido margen de maniobra y el crimen gana legitimidad social. Como Petén, pululan en la región economías vinculadas a la droga, el crimen y la violencia, un fenómeno que se remonta a la última década y que es una amenaza para el desarrollo del istmo.
Además del crimen organizado y la inseguridad, Centroamérica enfrenta nuevas amenazas globales que se conjugan con vulnerabilidades construidas a lo largo de décadas.
Estas amenazas, según el Informe Estado de la Región, superan las capacidades de los gobiernos y podrían desencadenar una fractura de los Estados, es decir, una falta de disposición de actuar en forma conjunta ante retos comunes.
Y es que estos retos ya no son locales, se trata de problemáticas que si no se enfrentan con acciones regionales, hay pocas posibilidades de solución. El cambio climático, la institucionalidad y la ya menciona-da inseguridad son los nuevos riesgos estratégicos que requieren especial atención por su importancia para el futuro de Centroamérica.
Después de la democracia
El primer riesgo es el institucional, a pesar de los avances en la democracia que experimentó Centroamérica en la década de los 80, todavía en la región persiste un estado con aparatos institucionales pequeños, ejecutivos dominantes que esquivan la transparencia y penetrados por intereses particulares, lo que ocasiona una débil infraestructura política.
De acuerdo con el informe, estos Estados pequeños y débiles no solo son incapaces de apalancar la democracia, sino que desde su seno atentan contra ella y limitan la capacidad de anticipación y de respuesta a los problemas que los acucian.
“Hay debilidades de cultura política en las instituciones públicas y en las instituciones privadas. Sucede que en algunas gremiales, cuando se elige el presidente, pareciera que este se convierte en el propietario de la organización. Lo mismo en las entidades públicas, donde vemos que el ministro es el único que tiene la última palabra y no se considera a los otros funcionarios. Cuando lo que debemos hacer es que la ciudadanía se empodere y contribuir a su desarrollo”, afirma Roberto Bendaña, vicepresidente de la Cámara Americana Nicaragüense de Comercio (Amcham).
La crisis política en Honduras en el 2009, la alta penetración del crimen organizado en el Estado guatemalteco, las irregularidades en las elecciones municipales en Nicaragua en el 2008 y la concentración de poder desde el Ejecutivo en Nicaragua y Panamá son casos que advierten sobre la vulnerabilidad de los Estados.
Esta poca institucionalidad también se refleja en la incapacidad de los Estados para responder a las demandas sociales, como el acceso a los servicios básicos y una mejor distribución de ingresos entre la población, lo cual ha aumentado los conflictos sociales en Centroamérica.
En los últimos años, se han profundizado las asimetrías entre los pobladores de la región, tanto a lo interno de los países como entre las naciones. En los países más gran-des y poblados, los Estados son institucional y económicamente muy débiles, incapaces de garantizar la plena vigencia de un Estado democrático de derecho y de suplir bienes como la seguridad ciudadana, el orden público, la educación o la salud para la mayoría de la población, apunta el Estado de la Región.
Más de una tercera parte de los centroamericanos vive en exclusión social, es decir, con una inserción laboral precaria y sin acceso a programas sociales. Este problema es más acentuado en los países del centro y el norte del istmo, donde además se presentan fuertes barre-ras a la aplicación de políticas públicas tendientes a reducirlo.
“Los retos y las necesidades son importantes y los recursos, tanto financieros como de capacidad institucional con que se cuenta en la actualidad, son escasos. Es por ello que es necesario e imprescindible el fortalecimiento sostenible de los ingresos fiscales del país, el fortalecimiento de las instituciones nacionales y regionales”, afirman voceros de la presidencia de la República de Guatemala.
Cuidado con Centroamérica
El segundo riesgo es la seguridad. La región se ha convertido en los últimos 3 años en el territorio más violento de Latinoamérica, con niveles de violencia comparada a Iraq y Afganistán, naciones en esta-do de guerra.
De acuerdo con cifras reveladas por el Informe Estado de la Región, en el 2009 y el 2010, la tasa regional de homicidios por cada 100 000 habitantes se situaba por encima de 40, con aumentos durante la pasada década en todos los países.
“Hay una falta de recursos para combatir el crimen; por cada US$40 que invierte Centroamérica contra el narcotráfico, la comunidad internacional solo nos da US$1. Mientras que Colombia tiene el Plan Colombia y México el Plan Mérida, en donde todos los recursos se los han dado desde afuera”, afirma Mario Zamora, ministro de Seguridad de
Costa Rica. En este contexto, la respuesta de las autoridades ha sido escasa y superada por la del crimen organizado, como el caso de Petén en Guatemala. Incluso, en todos los países el crimen organizado intenta penetrar los cuerpos policiales y judiciales. Entre el 2001 y el 2009 se registraron cerca de 400 denuncias de amenazas de este tipo, la mayoría de ellas ocurridas en Guatemala, pero también en Panamá y El Salvador, de acuerdo con el Estado de la Región.
“Centroamérica invierte poco en la seguridad. En Guatemala tenemos un presupuesto de Q.3275 millones para el Ministerio de gobernación y eso resulta insuficiente (solo Q.2000 millones se usan en las fuerzas de seguridad), si estamos hablando de combatir a un crimen organizado que obviamente se vale del dinero que tiene.
En cuanto a la cooperación internacional, en Guatemala los métodos de transparencia deben mejorar”, afirma Nery Morales, vocero del Ministerio de gobernación de Guatemala.
Cambia, todo cambia
El tercer riesgo es el cambio climático, que si bien afecta al planeta en su totalidad, tiene una especial incidencia en la región, que aparece entre los peor ubicados a nivel latinoamericano, por su grado de exposición a fenómenos hidrometeorológicos —Honduras y Nicaragua presentan mayor vulnerabilidad—, lo cual exige medidas para la reducción del riesgo, en lugar de respuesta a los desastres, como ha sucedido hasta la fecha.
“Lo que sucede es que la velocidad de los cambios y magnitud de los problemas exigirá más y nuevas acciones. Hay muy poca capacidad técnica y financiera. Estoy trabajando en un proyecto de la Unión Europea que apenas lleva 6 meses y estamos empezando a facilitar conocimientos para establecer una red con las universidades y crear una especie de centros de investigación”, afirma José Milán, director del Centro de Investigación y Transferencia Tecnológica de Cambio Climático (CELA-UCC).
Los países de la región aún están trabajando por entender el tema y esos avances están siendo insuficientes para enfrentar el impacto socioeconómico del cambio climático en las naciones.
“A la par de reconocer los riesgos, también debe pasar por un proceso de educación de la población, porque por ejemplo, la producción de granos puede verse afectada por problemas climáticos y afectar la alimentación de la población. En el caso de Nicaragua, que tiene una alta producción en alimentos, debería invertir más en tecnología agropecuaria”, explica Rubén Contreras, ingeniero en energía y cambio climático del Departamento de Desarrollo Sostenible, Sección Energía y Cambio Climático de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Esta coyuntura hace vaticinar fuertes consecuencias sobre la infraestructura, la producción y el fisco centroamericano. De ahí que la gestión ambiental que se logre es vital para paliar dichas consecuencia.
Juntos o nada
En medio de la contracción económica mundial, los fondos para cooperación internacional están secos y Centroamérica se encuentra relativamente sola ante estos desafíos.
De ahí que la única alternativa es la integración regional.El proceso de integración tuvo fuertes traspiés por la crisis política en Honduras y el conflicto entre Costa Rica y Nicaragua, las cuales contribuyeron a una paralización de la integración centroamericana.
“Pareciera ser una tarea imposible, derivado de la experiencia que se ha tenido con el proceso mismo de integración centroamericana y unión aduanera: prevalecen los intereses locales sobre los regionales, hay luchas internas por mantener el control o el liderazgo e influir en los demás, cuando de lo que se trata es de negociar”, afirma Carolina Castellanos, directora ejecutiva de la Cámara de Comercio guatemalteco Americana (AmCham).
Pero el obstáculo más grande de la integración no está en las diferencias entre Estados, sino en su debilidad.
“Sin Estados que cumplan con estos mínimos, con sociedades desarticuladas en su interior, saltos cualitativos en la integración regional no son posibles”, recalca el informe.
Así los expertos aseguran que la prioridad de Centroamérica debería estar en fortalecer instituciones públicas nacionales y hacerlas más eficientes, para después construir una mejor plataforma para la integración y, a partir de ahí, enfrentar las problemáticas actuales sin olvidar las históricas.
4° Estado de la Región en desarrollo Humano Sostenible
El propósito del Estado de la Región es contribuir a la promoción del desarrollo humano sostenible, mediante el aporte de información oportuna, veraz, amplia y legítima sobre el desempeño de Centroamérica. Éste se preparó mediante una estrategia descentralizada de investigación y acompañamiento asentada en cada una de las naciones centroamericanas. En su producción, que tomó cerca de 24 meses desde el inicio del proceso de consulta del temario hasta la publicación, se consultaron 127 fuentes de información y contiene 760 referencias bibliográficas, colaboraron cerca de 63 investigadores representativos de distintos enfoques y nacionalidades, y participaron casi 300 personas en las diversas actividades de consulta. No ha sido hecho desde un país u organismo internacional para la región, ni es una sumatoria de documentos nacionales preparados en los países para los países, tampoco un texto elaborado por un pequeño grupo de expertos con una única visión.
Este Informe Estado de la Región no es una fotografía de la realidad, sino una documentación selectiva de procesos, para contribuir a la identificación de posibilidades de acción común. No es, ni puede ser, un informe gubernamental, institucional u oficial, pero tampoco antigubernamental.
**Para leer el Especial de Aniversario completo, puede ir a nuestra página www.revistamyt.com y descargarlo desde la sección de Especiales.
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