Si usted tiene un
horario de más de 10 horas laborales, descansa poco, come cuando puede y
despierta pensando en trabajo…
Edita:
Julio Medina
Es
la enfermedad ligada a la modernidad, las presiones de la continua competencia,
las exigencias laborales, el cumplimiento de horarios extenuantes, la multiplicidad
de actividades y la obligación de tener éxito en todas ellas lleva a los
ejecutivos del nuevo milenio a ser carne de cañón del estrés y del llamado burn
out.
Ambas
son las potenciales enfermedades profesionales del siglo XXI, provocadas por un
ambiente de constante competencia por sobresalir en un mundo muy competitivo,
promovido por la globalización y los constantes cambios que esto trae al
ambiente laboral, un contexto que toma por sorpresa a los ejecutivos de las
naciones en vías de desarrollo, menos acostumbrados a lidiar con estos factores
exógenos que sus similares de naciones industrializadas. De acuerdo con algunos
autores, el estrés se puede definir como la condición mental o física que
ocurre en cualquier momento en que debemos ajustarnos o adaptarnos al ambiente
En
el caso del ejecutivo moderno, sobre todo el mayor de 35 años —momento de la
vida en que el cuerpo comienza a rebelarse frente al esfuerzo y cuando las
exigencias de una familia que mantener obligan a doblegar energías para
mantener un trabajo—, el estrés puede ser provocado por la incertidumbre, la
falta de control sobre la situación, la falta de información, de habilidades o competencias
para hacerle frente a un problema y la modificación de condiciones de comodidad
a nuevos escenarios desconocidos o ambiguos, muy común en el cambiante ambiente
empresarial y corporativo de hoy, lleno de absorciones, alianzas y cierre de operaciones.
Enemigo íntimo
El
estrés se manifiesta en el comportamiento del individuo en el ámbito laboral de
diferentes maneras, inicialmente en la forma de ansiedad, violencia y agresión,
apatía, desgano, aburrimiento, falta de interés, depresión, fatiga, frustración,
mal humor, estados de ánimo variables, poca estima de la persona, tensión,
presión, nerviosismo y aislamiento.
Pero
pronto, sus manifestaciones se reflejan en afecciones fisiológicas, las más
comunes las de tipo muscular, presión arterial, problemas cardiovasculares y en
las vías respiratorias, en el caso de las personas que tienen algún tipo de
alergia, que en casos extremos puede llevar a la persona a la muerte.
De
acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los estados
depresivos asociados al estrés representan costos cercanos al 3,5% del producto
interno bruto mundial y son responsablesde la pérdida de 200 millones de días hombre de trabajo por año.
Esta
misma entidad establece que el factor psicológico es el principal causante de
accidentes y enfermedades laborales, condiciones que se elevan a 270 millones de
accidentes por año, 160 millones de enfermedades no mortales y 2 millones de
muertes en el mundo.
Las
enfermedades Circulatorias relacionadas con el trabajo son responsables del 23%
de las muertes por causas de trabajo en el mundo, sobre todo las enfermedades
cardiovasculares promovidas por jornadas de trabajo extenso, presión laboral
por exigencias elevadas. Incluso ya hay un nombre para la muerte por exceso de
trabajo: karoshi.
En
países industrializados, como Alemania, el 7% de las jubilaciones anticipadas
se deben a trastornos emocionales derivados del estrés y el ausentismo
relacionado con este fenómeno tiene un costo que supera los €2500 millones al
año.
En
Holanda, el porcentaje de trabajadores que recibió compensación por
discapacidad debido a factores del estrés fue de un 21 a un 50% en 10 años.
Aunque
la mayoría de las investigaciones relacionadas con el tema se han llevado a
cabo en países industrializados, el incremento de los casos en naciones en vías
de desarrollo está llevando a que los Gobiernos y las empresas, en particular,
comiencen a medir el impacto que esta nueva forma de vida, muy exigente para el
alto ejecutivo de hoy, tiene sobre su actuar y sobre su cuerpo.
La
OMS estima que a nivel mundial, solo entre el 5 y 10% de los trabajadores en
los países en desarrollo y entre el 20 y 50% de los trabajadores en países industrializados
tienen acceso a servicios de salud ocupacional adecuados, es decir centros
dedicados únicamente a tratar problemas físicos o fisiológicos provocados por
la exigencia del trabajo. Estadísticas de la OIT muestran que las altas
exigencias de trabajo y bajo control contribuyeron entre un 21 y 32% de los
casos de hipertensión en América Latina.
Asimismo, esta misma entidad en un estudio reciente
estableció que la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares en general, figuran
entre las principales enfermedades crónicas en los países en vías de desarrollo, y de ellos,
los trabajos de mucha tensión contribuyen con entre un 21 y un 32% en la
prevalencia de la hipertensión.
El
ejecutivo debe alinear su estilo de vida al cuidado de áreas clave de su salud.
Si ese cuidado se omite, puede provocar consecuencias lamentables. En las
páginas a continuación, encontrará un resumen al servicio de su salud.
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