Ejercicios diarios, mantener
el peso adecuado, comer sano, tomar tiempo libre y no llevarse el trabajo a
casa... ¿Cuesta tanto cuidar el corazón?
Amafredo
Castellanos
Tratando
de guardar la serenidad, ejecutivas y ejecutivos se aferran al volante y
observan una y otra vez el reloj. Un ruidoso concierto de bocinazos los hace
apretar los dientes. La intensa agenda del día les hace recordar que no pueden
ni deben perder la paciencia.
En
realidad, la presión siempre ha existido para ellos, pero quizá hoy día es
mucho más fuerte. Así lo impone la llamada era de la competitividad, a pesar de
las repercusiones que tiene sobre la salud. El sistema cardiovascular es uno de
los directamente afectados. El problema es que muchos de ellos no tienen tiempo
ni para prestar mucha atención.
En
la actualidad, el ejecutivo se encuentra sometido a presiones tanto externas
como internas, su trabajo es de alta exigencia, lo que haceque se olvide de la salud, comenta
Carlos
Soto Menegazo, médico cardiólogo guatemalteco. “El estrés, el tabaco, el sedentarismo,
comidas y bebidas en exceso, hacen que el sistema cardiovascular pase la
factura incrementando la presión arterial, causando subida del colesterol y de
los triglicéridos, llevándolo entonces al riesgo inminente de una cardiopatía
isquémica (angina de pecho o infarto del miocardio), que en ejecutivos jóvenes puede
ser mortal por la falta de circulación colateral en sus arterias coronarias”,
consideró el galeno. Otro especialista guatemalteco, el cardiólogo David
Rodríguez García, a cargo de la organización CardioAvanzada (para la prevención
y el tratamiento cardiovascular) de las clínicas del Hospital Herrera Llerandi,
en ciudad de Guatemala, para abordar el tema propone comenzar por definir qué es
estrés causado por el trabajo.
Explica
que éste se define como respuestas físicas y emocionales dañinas que ocurren
cuando los requerimientos del trabajo no coinciden con las capacidades,
recursos o necesidades del trabajador o ejecutivo.
El
estrés por el trabajo —amplía— puede llevar a una mala salud y aún a lesiones.
Los signos tempranos de estrés en el trabajo incluyen dolores de cabeza,
trastornos del sueño, malestar estomacal, dificultad para la concentración, mal
genio, insatisfacción con el trabajo y moral baja.
Los
efectos a más largo plazo de estrés por el trabajo de una manera sostenida incluyen
enfermedad cardiovascular, diabetes, función inmunológica disminuida y
depresión, comenta el experto. Por otra parte, también lleva a cambios en la
conducta como un estilo de vida más pasivo, fumar y tomar bebidas alcohólicas
en exceso. Todos los factores anteriormente mencionados —añade— se pueden
adicionar a los factores de riesgo cardiovascular no relacionados con el
trabajo y que todos podemos desarrollar (ya sea por herencia o adquiridos):
hipertensión arterial, diabetes, colesterol o triglicéridos elevados en sangre,
obesidad y tabaquismo.
El
Dr. Rodríguez anota que en Estados Unidos, entre 29 y 40% de los trabajadores
considera que su trabajo es extremadamente estresante.
Subraya
que una gran cantidad de evidencia muestra que hay una fuerte correlación entre
el estrés en el trabajo y el desarrollo de problemas cardiovasculares, como
hipertensión e infarto al miocardio.
¡Cuidado!
El
Dr. Soto, quien atiende dos clínicas particulares en las ciudades de Escuintla
y Guatemala, confirma que cada vez son más los ejecutivos jóvenes aquejados por
estos problemas.
“Un
buen ejemplo es que en la actualidad, a los 35 años los ejecutivos ya están
necesitando atención médica por infarto del miocardio.Por año, miro
aproximadamente cinco pacientes con este desdichado mal. Su pronóstico futuro
es malo. Antes, entre 1979 y el 2004, atendía, si acaso, un paciente menor de
40 años cada 2 años con infarto”, comenta.
El
Dr. Rodríguez también aporta datos preocupantes. En la actualidad —detalla—,
las enfermedades cardiovasculares originan el 31% de las muertes en
Latinoamérica.
De
hecho, las estadísticas indican que 20,7 millones de personas morirán por esta
causa durante la primera década del siglo XXI, solamente en América Latina.
Según
la Organización Mundial de la Salud (OMS), 7,6 millones de personas mueren
anualmente por ataques cardíacos y más de 5 millones por eventos
cerebrovasculares (derrame cerebral). Para el año 2020, se calcula que habrá 10
veces más pacientes con falla cardiaca (incapacidad del corazón para contraerse
normalmente), como secuela del infarto al miocardio.
Estas
cifras podrían disminuir significativamente gracias a la intervención temprana
de la enfermedad y al diagnóstico acertado basado en estudios clínicos de
vanguardia, señala el Dr. Rodríguez.
Ambos
especialistas plantean diversos métodos de prevención y tratamiento. Además de
ejercicios diarios, mantener el peso adecuado, comer sano, tomar tiempo libre y
no llevarse el trabajo a casa, el ejecutivo debe consultar con un especialista
y someterse a las pruebas recomendadas por lo menos una vez al año, dependiendo
de la edad, comenta el Dr. Soto.
El
Dr. Rodríguez explica que la prevención comienza mucho antes de los 35 años. Sugiere,
incluso, que se inicia en la infancia, cuando se adquieren los hábitos de vida.
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