Después de varios años de bonanza, Estados Unidos sufre una crisis. A pesar de que la profundidad de esta todavía es incierta, la región puede ya prever consecuencias sobre sus economías.
Estados Unidos está resfriado. Sus síntomas varían desde una crisis inmobiliaria, los incrementos en las tasas de desempleo, la pérdida de confianza de los inversionistas, hasta una desaceleración en el consumo. Este resfrío hace temblar a los países del globo, pues cuando la economía más grande del mundo estornuda, el mundo entero suele contagiarse.
Centroamérica resiente especialmente sus vaivenes, pues su relación con la unión americana es muy estrecha, por eso la región observa cautelosamente el desenvolvimiento de una historia que se remonta a los últimos cuatro trimestres, cuando el ritmo de crecimiento de la actividad económica en EE.UU. empezó un proceso de disminución. El PIB pasó de crecer un 2.9% en el 2006, a alcanzar un 2.2% en el 2007. En el mismo periodo, la moderación en el ritmo de crecimiento del consumo fue de solo 0.2 puntos porcentuales.
Los pronósticos han variado, algunos prevén altas posibilidades de una recesión, como el ex presidente de la reserva federal de Estados Unidos (FED) Allan Greenspan, quien pronosticó un tercio de probabilidad de que la crisis se concretara; mientras otros acuerdan en vaticinar una pequeña pero constante contracción de la economía. La mayoría coincide en que EE.UU. pasa por un mal momento y que este tendrá inevitables consecuencias en todos los países, más aún en los centroamericanos.
Las razones de esta afirmación: cerca de la mitad de las exportaciones centroamericanas tiene como destino final Estados Unidos, las remesas e inversión extranjera directa (IED) que viene de ese país reviste gran importancia en el Producto Interno Bruto (PIB) del istmo, además del intenso flujo de turistas de esa nación hacia Centroamérica (CA). Estos sectores productivos, por su dependencia con EE.UU., son los que podrían sufrir de forma más directa las implicaciones de la crisis.
En Honduras, quienes se vislumbran en desventaja ante la coyuntura internacional son la maquila, la exportación de productos tradicionales como el banano y las remesas. Jaime Turcios, viceministro de comercio exterior, externó: “Las remesas familiares podrían reducir su porcentaje de crecimiento, sobre todo porque la mayoría de los hondureños trabajan en el sector construcción, un área que se ha visto muy afectada por la recesión en la economía norteamericana”.
El mismo fenómeno se presenta en República Dominicana, donde se estima que un tercio del presupuesto nacional proviene de envíos de dinero al país. “La crisis en la economía norteamericana incrementará las deportaciones de ciudadanos latinos. Muchos de esos deportados remitían dólares a sus países de origen. Hay que esperar un endurecimiento de las políticas antimigratorias, lo que afectará principalmente a los ciudadanos provenientes del Caribe y Centroamérica, empleados en las áreas de menor calificación”, dijo Wilfredo Allemany, analista económico de esa nación.
Si la tendencia a la baja en el consumo de los estadounidenses continúa, las exportaciones de nuestros países sufrirán. Existen algunos productos tradicionales que ya están experimentando una caída en sus volúmenes de exportación. El café costarricense que se envía a EE.UU. tuvo un decrecimiento de 1.2% durante el mes de enero, por ejemplo.
Para Costa Rica, el enfoque se direcciona también a los ingresos turísticos. El año pasado este país recibió a 1,9 millones de extranjeros que convirtieron al sector en la principal fuente de ingresos. Este año el Ministerio de Turismo estableció una meta de crecimiento entre el 4% y el 5%, aunque las autoridades han reconocido que existe la posibilidad de que se dé una baja en este rubro ante la eventual contracción económica de EE.UU.
A pesar de las previsiones pesimistas, existen ciertos criterios que piensan que la crisis podría más bien incrementar el turismo de ciudadanos estadounidenses hacia Centroamérica. “Por un lado los estadounidenses van a viajar menos, pero podrían buscar destinos más cercanos que Europa o Asia para ahorrar dinero, si esto sucede, viajarían a América Latina y nuestros países se verían beneficiados”, dijo Eduardo Lizano, ex presidente del Banco Central de Costa Rica (BCCR).
Cómo enfrentar la turbulencia
Lo que buscan ahora los países son formas eficaces de enfrentar la crisis. La estrategia que están siguiendo los gobiernos es continuar con la apertura de mercados y mejorar el rendimiento de las empresas. Las autoridades de comercio buscan alternativas comerciales en otros países, siendo Europa y Asia el foco principal, por medio de la negociación de tratados de libre comercio.
Este es un proceso que la región inició tiempo atrás y que para países que han tenido un comienzo tardío, podría no ser la respuesta ante la crisis, dado que los frutos de una apertura comercial usualmente se presentan a largo plazo, como lo explicó Wilfredo Allemany: “En teoría lo que se debería hacer es una diversificación del destino y los rubros de nuestras exportaciones, pero esta tarea no es posible en el corto plazo por razones estructurales, históricas y tecnológicas. Un incremento del comercio con Europa, por ejemplo, debería basarse en un aumento de la competitividad de nuestro aparato productivo y eso no es posible al menos en el corto plazo”.
El sector comercial nicaragüense enfoca sus esfuerzos en el otro lado de la balanza comercial. Las importaciones, dentro de un marco donde el dólar está debilitado, adquieren mucho peso. “Tenemos que trabajar en buscar mecanismos para importar productos más baratos así como potenciar nuestros productos en el mercado internacional”, señaló César Zamora, presidente de la Cámara de Comercio Americana (Amcam).
Con una inflación en pleno ascenso —en el primer bimestre sufrió un incremento de 1,29 puntos—, Nicaragua se encuentra en la disyuntiva de mantener la estabilidad macroeconómica que le permita afrontar una disminución de sus exportaciones y abaratar importaciones. Mantener un entorno económico sólido parece ser la clave para que los países puedan controlar las consecuencias de la desaceleración económica estadounidense.
En el caso de Costa Rica, el BCCR vaticinó en su programa macroeconómico una disminución del PIB y de la IED, en parte por el entorno internacional menos favorable para el crecimiento. Para contrarrestar la situación, el banco espera ejercer un mejor control sobre la inflación mediante la disminución de tasas de interés y la continuación del sistema de banda cambiaria. Eduardo Lizano, ex presidente de esta institución, considera que los bancos deben también realizar una mayor supervisión de la banca comercial para evitar cualquier desfase financiero. “Si la crisis en Estados Unidos sigue creciendo podría haber gente con dificultades para pagar créditos, por lo que hay que redoblar la vigilancia sobre el comportamiento de los bancos”, confirmó.
En Panamá, el gobierno confía en que la estabilidad económica gracias a la dolarización y la ausencia de una banca central, les permita lograr las metas de crecimiento establecidas para el período 2008-2009. “Estos factores auguran que en los venideros años la economía panameña mantendrá una favorable tendencia de crecimiento, a pesar de las adversidades que podrían seguir afectando a la economía de los Estados Unidos”, dijo Horacio Estribí, asesor económico del Ministerio de Economía y Finanzas de Panamá.
El final del túnel
Cuando el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) dio a conocer sus pronósticos para las economías de la región y República Dominicana, aseguró que estos países tendrán un menor crecimiento por la posible recesión. Otros organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) enviaron el mismo mensaje.
Aún así, la magnitud de este decrecimiento parece depender de la profundidad con que la crisis golpee a EE.UU., así como de la capacidad de las economías para aplicar mecanismos adecuados para contrarrestar el ciclo económico que experimenta el gigante norteamericano.
Muchos coinciden en que la región está más preparada para enfrentar este tipo de cambios. “La correlación que antes existía en cuanto a que un punto de contracción de crecimiento en Estados Unidos implicaba un punto igual de contracción en nuestros países ha cambiado considerablemente. Se estima que sí habrá contracción en el PIB de la región, pero que será en una relación de 1 en EE.UU. a 0,4 en CA”, explicó Fanny de Estrada, directora ejecutiva de la Asociación Guatemalteca de Exportadores (Agexport).
Dado que el panorama aún es incierto, Centroamérica espera que la recesión no sea de largo plazo. En Guatemala y Nicaragua los presupuestos fiscales fueron elaborados suponiendo escenarios de crecimiento económico optimistas, en Costa Rica por el contrario, el BCCR quiso ser conservador y esperar tres puntos porcentuales menos de crecimiento, en comparación con el 2007.
Lo cierto es que nadie conoce con certeza lo que sucederá con Estados Unidos. Mientras se resuelve la incógnita, Centroamérica espera, se prepara para combatir los efectos más tangibles de esta crisis y ambiciona salir fortalecida del nuevo escollo.
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