Sencillamente lo definió así: “No tenemos la madurez de los mercados de ‘a de veras”.Y con ese tono franco, el superintendente general de Valores de Costa Rica, Danilo Montero, admite que las Bolsas de Centroamérica se aportarían “muy poco” entre sí, en caso de optar por el camino de la integración.
La palabra integración está de moda. La mayoría de países en el mundo pertenecen a algún bloque. Centroamérica misma ha apostado por ese camino y ha tratado de armonizar sus fronteras comerciales, energéticas y económicas. Pero pareciera que en el área bursátil, la integración deja de ser un Oráculo de Delfos.
Según Danilo Montero, superintendente general de Valores de Costa Rica, un proceso de integración entre las Bolsas de América Central aportaría poco o nada al mercado inversionista. En entrevista especial para Mercados & Tendencias, Montero insistió en que la falta de madurez de nuestros mercados, aunado a la limitada liquidez circulante y al poco tráfico de transacciones de títulos, hacen que la integración bursátil sea una utopía.
El superintendente contrastó la situación de las bolsas centroamericanas con el éxito de la integración en las Bolsas nórdicas europeas (Finlandia, Suecia, Dinamarca, Islandia).
“Las Bolsas nórdicas se integraron de una forma pragmática, adoptaron la plataforma de uno de los países, cambiaron sistemas de compensación y liquidación,dieron facilidades a los puestos de bolsa para registrarse entre los mismos estados y empujaron reformas legales en sus países; se integraron… y funcionó”, señala.
Aterrizando este ejemplo a la realidad centroamericana, Montero opina: “No es que no se puede hacer, pero a como vemos las bolsas en la región, estamos un poco limitados. Si logramos que nuestros mercados se desarrollen y se hagan líquidos, la integración va a ser inevitable, pero decir que la integración nos va a convertir en mercados líquidos es iluso. Nos podemos integrar en el papel, pero eso no garantiza nada”, reclama. El jerarca insistió en que, aunque la integración bursátil es una posibilidad con capacidad de desarrollarse, aún no se goza de esas condiciones que lograron el despegue de las Bolsas nórdicas, de la española (que centralizó cuatro bolsas regionales en una nacional), y para no ir muy lejos, de la mexicana y la brasileña, que son las dos más poderosas en Latinoamérica. Incluso la misma Bolsa Nacional de Valores en Costa Rica, la de mayor tamaño y antigüedad en el istmo, según la opinión de Montero, se queda corta para llegar a ser una bolsa de alto tráfico de transacciones y liquidez.
1. ¿Conviene integrar las Bolsas de Centroamérica?
No es indispensable. La pregunta es: ¿Necesitamos hacerlo? ¿Ganamos algo? Depende. Si las bolsas se integran para hacer lo que hoy están haciendo, me parece que es muy poco lo que aportan. Los mercados se crean para tener precios, si no creamos negociaciones no hay precios. Si el caso es integrar cinco o seis bolsas que están aportando muy poco valor a los agentes económicos, entonces, ¿para qué integrarlos? Lo que tiene sentido es integrar economías que se aportan la una a la otra.
2. ¿Entonces qué aportará el acuerdo de entendimiento firmado entre las Bolsas de Costa Rica, El Salvador y Panamá?
No mucho. En nuestros mercados, cuando se revisa el comportamiento del precio de cualquier acción, no hubo negociaciones, no hubo transacciones, pero aún así cambian los precios. Así no funcionan los mercados verdaderos. No tenemos la madurez de los mercados de “a de veras”. ¿Cuál es el sentido de fi rmar un convenio así? Aporta muy poco.
En la ausencia de mercados, ¿qué estamos compartiendo? ¿Volumen? ¿Volumen de qué? Es muy poca la ganancia que podemos tener. Es una buena intención, pero la pregunta es: ¿qué aporta?
3. Pero el convenio es para aumentar la liquidez en los mercados…
¿Cuál liquidez? Si ni siquiera a lo interno hemos podido mejorarla. Hay mucha plata, pero no es lo mismo. Liquidez hay en el mercado brasileño o mexicano, porque hay muchas negociaciones diarias. Liquidez quiere decir que usted puede comprar y vender un título con mucha facilidad. Liquidez hay en el mercado gringo o europeo. En nuestros mercados no hay liquidez. Usted va con plata y no encuentra nada. Si el tema es traer más plata, para eso no hace falta el convenio. No hubo convenio con Estados Unidos para que se compraran bonos del tesoro americano, simplemente la plata se fue. Porque allá sí hay precios, hay información permanente diaria, hay dónde comprar y dónde vender.
4. ¿Cuál es el mejor camino para que nuestros mercados sean tan competitivos y trascendentes como el brasileño o el mexicano?
Primero, tratar de crear condiciones para tener un mercado de deuda pública muy líquido, es decir, un mercado profundo de cotizaciones permanentes de papel de deuda pública.
Porque usualmente los Bancos Centrales y los Gobiernos, por medio de la Hacienda, son los principales emisores. Pedirle a un emisor privado que forme el mercado es muy difícil, pero los públicos son los más grandes. Los otros vienen por añadidura: crear la fi gura de creadores de mercado y dar la facilidad de que participen otros jugadores del mercado, no solo los puestos de bolsa; por ejemplo, que en un mismo mercado participen los bancos. Lo importante es que haya precios y el insumo más importante para los precios es la información. Esas tres medidas resultan, no sufi cientes, pero sí indispensables para que el mercado gane en liquidez verdadera. España hizo la tarea y se dio el lujo de integrarse con el resto de Europa. Ahí sí aplica bien, porque le está ofreciendo un instrumento interesante y un mercado profundo a las
carteras europeas, es todo un círculo virtuoso. Aquí estamos en un círculo vicioso, una curva que no siempre es útil para las decisiones del mercado, o que no refl eja las condiciones del mercado.
5. ¿Podemos soñar con involucrarnos en un gran mercado Latinoamericano de capitales?
No tenemos que tener un mercado tremendamente grande para que los inversionistas se vean favorecidos, uno siente cierta obsesión por un mercado mucho más profundo, a lo mejor no es el caso. La obsesión por firmar acuerdos, por integrar los mercados, por integrar los reguladores, si no persigue asegurar la diversifi cación de riesgos y los precios, no significa más que eso, acuerdos. En la medida en que nos esforcemos por integrar los mercados aunque no aporten nada, no vamos a ayudar al inversionista. El objetivo número uno debe ser el inversionista.
6. ¿Será el tema bursátil el único en que la palabra ‘integración’ no es una panacea?
Pudo haber sido o podría serlo. Pero el valor agregado que hoy aportan las bolsas es limitado.
7. ¿Lograremos esa integración bursátil alguna vez?
Lo veo difícil. Y si lo veo difícil en Costa Rica, es más difícil en el resto de la región. Los operadores de mercado no tienen tan clara la conciencia de lo vitales que son los precios. El 90% de las operaciones son recompras, quiere decir que estamos tratando de sobrevivir como puestos de bolsa, pero no estamos creando mercado. No nos engañemos.
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