“A Centroamérica le
importa mucho si el mundo sigue emitiendo; por eso debe dejar claro al mundo su
alta vulnerabilidad al cambio climático, que le costará un 54% de su PIB del
2008”, dijo la especialista desde Cancún.
Juan
Manuel Fernández
En
las salas del Moon Palace, sede oficial de la COP16 sobre cambio climático, se
debatía sobre las medidas correctivas que hay que hacer en los sistemas productivos
de los Estados para aminorar el grave daño que tiene al planeta al borde del
calentamiento. Pero en una de las salas del Cancúnmesse, la otra sede de la
COP16, la Comisión Económica para América Latina (Cepal) revelaba más bien la
dirección en que debería caminar Centroamérica para no sucumbir ante la amenaza
climática: cuidar los acervos que todavía le quedan.
Aquí
se referían a sus recursos hídricos, su sector agropecuario y su biodiversidad,
baluartes no solo de la economía, sino del bienestar social y ambiental de las
poblaciones.
Como
lo dictaminó el estudio “La economía del Cambio Climático en Centroamérica”,
publicado por la misma organización, “aunque al 2030 Centroamérica seguirá produciendo
una mínima parte de las emisiones de los gases de efecto invernadero del
planeta, (…) la producción, la infraestructura, los medios de vida, la salud y
la seguridad de la población se verán debilitadas, así como la capacidad del
ambiente para proveer recursos y servicios vitales”.
En
este contexto y con esta alerta, Julie Lennox, coordinadora del proyecto “La
economía del cambio climático en Centroamérica” de la Cepal, habló en exclusiva
con Mercados & Tendencias en Cancún sobre las proyecciones para la región
sobre cambio climático.
¿Qué nuevas
vulnerabilidades detectó Cepal para Centroamérica este 2010?
Este
año terminamos de detectar sectores que habíamos identificado como altamente
sensibles: recursos hídricos, agricultura, eventos extremos y biodiversidad.
Aunque hay más sectores sensibles a investigar en el futuro, como salud, zonas
costeras y marinas y cómo van a tener implicaciones para la pobreza en Centroamérica.
Pero
uno de los mensajes del estudio es la alta vulnerabilidad y la exposición de
Centroamérica al cambio climático. Vulnerabilidad, porque hablamos de países
que tienen el 50% de la población en la pobreza, una tercera parte en pobreza extrema;
son economías muy abiertas, que exportan, importan, que son sensibles a la
economía global, a discusiones potenciales futuras sobre contenido carbónico en
las exportaciones y una zona geoclimática muy sensible, somos un istmo entre
dos mares, con sus sistemas climáticos, con los efectos del Niño y la Niña, gran
variabilidad en la precipitación, que afecta la producción.
Esta
ubicación geoclimática expone a Centroamérica aún más al cambio climático.
Puede haber otros países en el mundo más pobres, pero esta región tiene esa ubicación
clave. Uno podría decir que tiene algunos acervos o tesoros importantes: uno,
sus ecosistemas naturales, lo que hay todavía de bosques, costas, corales,
playas, etc., que son fuente de ingresos por medio del turismo, pesca, ecoturismo,
sistema hídrico, los bosques son necesarios para generar energía
hidroeléctrica, y esto es un acervo que hay que proteger. Hay que poner mayor
atención a la conservación de esos ecosistemas naturales.
Para
parte de la población pobre, esos ecosistemas son como un sistema de protección
social adicional. Tal vez no tienen acceso a sistemas de salud, pero recurren
al bosque por las medicinas que les den. Los ecosistemas dan una serie de
servicios para compensar la vulnerabilidad de la población pobre.
¿Cuál es el panorama
que proyecta la Cepal?
Hemos
estudiado en esos cuatro sectores sensibles lo que podría pasar con el cambio
climático. Proyectamos cómo sería el desarrollo económico de Centroamérica sin cambio
climático, para ver con los impactos y los costos cómo afecta el futuro
desarrollo del PIB en Centroamérica a largo plazo, para ver las decisiones correctas
quetendrían quetomarse. Lo que hacemos va
a afectar futuras decisiones y esos escenarIos van al 2100 con diferentes cortes.
Tenemos que la población va aumentar en el 2070 en 30 millones más, una demanda
de servicios y empleo sobre el medioambiente bastante significativa.
En
un escenario de cambio de uso de tierra, pudimos ver lo que puede pasar con el
agua. Centroamérica tiene bastante disponibilidad por la precipitación, pero
con mucha variabilidad, el Atlántico tiene más que el Pacífico, pero en el
Pacífico está la mayor parte de la población y de la producción agrícola.
Países como El Salvador ya están entrando en un estrés hídrico. Lo que vimos con
el cambio climático es que la disponibilidad del agua baja; si el mundo sigue
emitiendo como lo hace ahora, sube la temperatura y baja la precipitación y eso
genera menos disponibilidad de agua. Sabemos que con el cambio climático va a
aumentar la demanda con la agricultura y la demanda municipal de familias,
menos disponibilidad y más demanda en recursos hídricos.
En
eventos extremos encontramos mayor incidencia de huracanes, tormentas
tropicales, inundaciones y sequías, los dos extremos. Siempre ha habido
huracanes, no es todo culpa del cambio climático, pero se ha identificado una
relación entre cambio climático y huracanes por la superficie del mar, y el
Caribe, como es un mar poco profundo, se calienta más fácilmente que el Pacífico,
lo que se ha encontrado es una relación en la intensidad de huracanes con la temperatura
de la superficie del mar. Entre 5 y 10% de aumento de intensidad en este siglo se
puede identificar como probable por el cambio climático.
Luego
agricultura. Uno puede relacionar cambios en temperatura y precipitación con
cambios en los rendimientos de producción y encontramos, en un escenario
pesimista, que el índice agropecuario de Centroamérica puede bajar en un 9%, y
con un escenario más optimista tal vez un 3%. A Centroamérica le importa mucho
si el mundo sigue emitiendo como ahora o sigue una trayectoria más baja. En
granos básicos, la tendencia es una baja muy significativa en la segunda parte del
siglo de estos rendimientos de los tres granos básicos: arroz, frijol y maíz,
no son solo las implicaciones económicas, sino de seguridad alimentaria y
acceso a alimentos para la población.
En
biodiversidad, todos sabemos que Centroamérica es un punto muy concentrado de
biodiversidad, es uno de los tesoros de la región, pero ya en un escenario sin
cambio climático se pierde un 14% de ella. Y en un escenario con cambio
climático, si el mundo sigue emitiendo se pierde el 58% de la biodiversidad. Esto
es muy serio. Si el mundo baja sus emisiones, la pérdida es menor.
¿Qué repercusiones
económicas traerán estos escenarios?
Con
estos cuatro sectores sacamos el valor de afectación en el mercado, exportaciones,
valores de los productos agrícolas, impacto de eventos extremos y calculamos
qué se iba perder año con año para el 2100.
Nuestro
cálculo es que el cambio climático le costará a Centroamérica un 54% de su PIB
del 2008. Es como una alerta y el mensaje clave es, si el mundo sigue emitiendo
así como va, ese va a ser el efecto en cambio climático. Si el mundo baja su
trayectoria de emisiones, nos bajan los costos. Los costos aumentan con el tiempo,
si no se resuelve el problema ahora vamos acumulando costos y son más altos que
los costos en los países desarrollados. Y hay muchos costos no reflejados en
una valorización económica y vamos a tener que tomar decisiones entendiendo las
incertidumbres y los riesgos que vamos a correr en el futuro si no tomamos acciones
rápidas e inmediatas.
¿Cuál será el camino
a seguir entonces?
En
Centroamérica, lo más que podemos hacer es insistir en que los grandes emisores
tienen una responsabilidad en cuanto a justicia climática a bajar sus emisiones
y que están afectando a muchos países con mínimas emisiones. Lo otro que
encontramos es que sí va a haber riesgos en presupuesto público, en cuanto a
ingresos y demandas de inversiones y egresos.
En
energía, por ejemplo, Centroamérica es muy dependiente de la importación de
hidrocarburos que son muy contaminantes, entonces no son solo los gases de
efecto invernadero, hay toda una discusión para promover las energías limpias e
importar gas natural en lugar de carbón, pero se requiere mucho esfuerzo, mucha
inversión, hay que pensar en cómo la población pobre se beneficia de este tipo
de iniciativas y no se queda fuera. Esta estrategia de energía sostenible 2020,
aprobada por los ministros de energía y los presidentes, propone asegurar más
acceso de la población rural a la electricidad y buscar la eficiencia en el uso
de leña, parte importante del consumo de energía centroamericano.
¿Cuál debe ser la
posición de la región en cuanto al Fondo Verde aprobado en la COP16?
Centroamérica
debe dejar claro al mundo su alta vulnerabilidad al cambio climático. Es una
región que está haciendo esfuerzos para adaptarse pero necesita que reconozcan
la vulnerabilidad y un apoyo de la comunidad internacional. Hay una tradición por
apoyo por el tema de las guerras, altamente condicionado. Pero los países tienen
propuestas de trabajo y hay que apoyarles en gestión y fortalecimiento de
capacidades en la región, y en las condiciones realistas en cuanto a cómo se
verifican y monitorean los fondos. Hay muy buenos expertos centroamericanos en
los temas pero son muy pocos, todos están trabajando pero hay que ir creando
más capacitación técnica, formando a jóvenes, apoyando a las comunidades.
Con este contexto,
¿nos espera un negro porvenir?
Centroamérica
es altamente vulnerable y ojalá no siga la tendencia internacional de alza de
emisiones, porque es un escenario catastrófico para la región. Hay que
evidenciar las amenazas y los riesgos, pues si siguen con esa trayectoria y hay
que actuar, debemos organizarnos para responder a lo que van a ser los impactos
en la población para ayudarla a adaptarse.
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