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Intel está digitalizando el mercado PDF Imprimir E-mail
Viernes, 28 de Agosto de 2009 13:44
Juan Manuel Fernández

Michael Forrest, gerente general de Intel en el país centroamericano, describe la nueva cruzada de la compañía en el más digital de los segmentos

En la NASA, un físico investiga el fenómeno de las manchas solares y logra entender las profundidades de la estrella, gracias a las enormes cantidades de datos que ha procesado en su computador. En una sala de TV, dos niños ríen con las ocurrencias de Remy y Linguini, los dos personajes de la película de Walt Disney y Pixar, “Ratatouille”. En EE.UU., miles de transacciones en línea transitan por un megaservidor.

¿Qué tienen en común estos acontecimientos tan disímiles? Bueno, en todos ellos interviene un microprocesador Intel manufacturado en la planta de Costa Rica.

La tecnología de esta corporación estadounidense nacida en 1968 (tanto en servidores como en estaciones de trabajo para habilitar software, por ejemplo) tiene la versatilidad desde dar mayor realismo a una película animada ganadora del Oscar, hasta almacenar grandes cantidades de datos para las supercomputadoras más poderosas del momento.

Ahora, el próximo paso de la única planta de la empresa en el hemisferio occidental es incursionar en una tecnología predictiva que desarrolle una generación de consumidores digitales. Por eso, Michael Forrest, gerente general de Intel Costa Rica, habló en exclusiva con

Mercados & Tendencias sobre la presencia de lacompañía en nuevas áreas de innovación y la relevancia de la planta en el país centroamericano para la multinacional.

“La próxima generación de Internet permitirá predecir cosas para nosotros. Ser capaces de caminar por la calle, mirar un monumento y que la computadora que tenemos nos diga qué es ese monumento. O que si estamos en algún lugar toquemos el teléfono y nos diga dónde estamos y cómo llegar a donde vamos. Realmente queremos crear un lugar donde el ambiente de Internet, los chips y la tecnología que nosotros producimos nos permitan hacer más y más cosas”, señaló Forrest y aseguró que la empresa se siente “comprometida” a establecer toda una generación de consumidores digitales para llegar a este nivel.

“En este momento es necesario entrar a la computadora y hacer una búsqueda en Google o Yahoo, pero lo que queremos es producir aparatos que hagan esa búsqueda por usted. Entonces, la tecnología de la información, supercomputadoras, modelos con funciones de alta complejidad tecnológica, todo esto va a tener un efecto de catarata que se derrame en el software, y obviamente va tocar a la industria de manufactura”, agregó.

Intel es el mayor fabricante de microprocesadores y circuitos integrados en el mundo. Bien podríamos decir que es la McDonald’s del segmento de microchips para computadora a nivel global. La región centroamericana está siendo testigo de sus avances estratégicos gracias a su planta en la Ribera de Belén, en la provincia de Heredia, Costa Rica. Esta planta es hermana de las que la multinacional mantiene en Chendú (China), Kulim (Malasia) y Penang (Malasia).

Por ello, los esfuerzos de la planta de Intel Costa Rica adquieren relevancia para la corporación.

Desde este país, ahora la empresa espera hacer un impacto en la industria médica. “Estamos tratando de desarrollar tecnología digital y automatización del consultorio, es decir, las funciones de oficina, en hospitales y consultorios como un todo. Queremos establecer esta tecnología para resolver problemas cada vez más complejos, para usos de supercomputadoras médicas”, añadió el director de la planta costarricense.

Estos planes aceleran el interés de la compañía por capturar el mayor market share en el área digital. Es una especie de “digitalización” del mercado y sus consumidores.

 

La carta costarricense

La celeridad por innovar, requisito indispensable para sobrevivir en la rama tecnológica, se hace más urgente en un año que no ha sido fácil para la corporación.

El 2009 recibió a la corporación Intel con el cierre de tres plantas de ensamble y prueba: dos en Malasia y una en Filipinas. Estas plantas, aunque en menor dimensión, eran de la misma índole que la que está en el cantón costarricense de Belén. ¿Por qué cerraron estas plantas en Asia y no la de Costa Rica? “Bueno, es una interesante pregunta”, sonrió Forrest. A la planta Intel Costa Rica le quedó un agridulce sabor de boca con esta noticia. Para la corporación, desde una perspectiva global, no fueron buenas noticias, pero para la operación de Costa Rica, sí.

“Yo solo veo una variable: Intel no toma estas decisiones a la ligera”, comentó Forrest al respecto de los cierres. “Hay dos grandes diferencias entre los países donde se cerraron esas plantas y Costa Rica: en primer lugar, el tamaño. Estas fábricas eran muy pequeñas en proporción y para poder sacar una economía a escala era muy difícil. En segundo lugar, la estructura de impuestos, que en estos países es sumamente desventajosa para los que quieren hacer negocios. Obviamente había más razones, pero esas son las más importantes”, informó.

Los cierres de las plantas hermanas asiáticas trajeron beneficios colaterales, pues a partir de septiembre habrá nuevos productos que se importarán a la planta de Costa Rica.

Esto permite posicionar a la planta de Intel Costa Rica como una de las más estratégicas dentro de la corporación.

Intel Costa Rica es la única planta de ensamble en el hemisferio occidental, es la sede del Centro de Servicios Compartidos en América y los mayores suplidores de partes de servidor. Esto quiere decir que las computadoras más poderosas del mundo que manejan Internet en funciones de tecnología masiva, trabajan con chips procesados, ensamblados y probados en Intel Costa Rica. “Los procesadores son como el cerebro de la computadora y los chipsets son el sistema nervioso, es decir, los que permiten la comunicación entre los diferentes componentes de la computadora”, explicó. Intel Costa Rica ensambla y prueba procesadores para servidores, computadoras de escritorio y chipsets.

 

Panorama “halagador” pese a crisis

Como empresa que transa en bolsa (NASDAQ: INTC), cuya actividad se origina en el mercado estadounidense y que se desenvuelve en una industria como la tecnología, es de esperar que también resienta los efectos de la crisis global.

Los números reflejan la realidad. En el 2007, Intel exportó 100 millones de unidades. El año siguiente esa cifra cayó a 86 millones, y la expectativa de la empresa para este año es cerrar en 90 millones, equivalentes a US$1956 millones, cuando los años anteriores cerraron con cifras exportadas de US$2464 millones (2007) y US$2073 millones (2008).

“Sabemos que las ventas han caído, pero estamos viéndolo desde una perspectiva global y somos optimistas de poder superarlas. Intel cree que vamos a salir más fuertes de lo que éramos cuando entramos”, aseguró Forrest. “Obviamente todavía tenemos mucho camino por recorrer para llegar a los niveles en que estábamos anteriormente. Pero sí lo vemos con esa óptica y vemos que hay una perspectiva halagadora en el horizonte”, complementó.

El lanzamiento de productos como Nehalem y Atom figura entre las estrategias de venta para este año. El primero es la tecnología sucesora de Intel Core, para procesadores de Xeon fabricados para servidores de gran capacidad y tamaño.

Atom, por otra parte, es el procesador más pequeño de Intel, que utiliza los transistores más pequeños del mundo, diseñados para los nuevos dispositivos de Internet y PC de bajo costo.

Estos nuevos chips se manufacturarán con el proceso de 45 nanómetros y tienen un bajo consumo de energía.

“En cuanto a nuestros productos en general, continuamos viendo una demanda muy fuerte.

Una vez más, tenemos un buen resultado en este trimestre en nuestros márgenes de ganancia bruta, alrededor de un 4%. El 25 de junio, una publicación destacaba que el 80% de las supercomputadoras del mundo están basadas en productos Intel: es decir, 399 de las mejores 500 están basadas en tecnología Intel. Entonces vemos una muy fuerte demanda de nuestro portafolio de productos y una muy positiva fuerza para salir de esta recesión. Como compañía, pensamos que nuestras posibilidades son muy positivas”, afirmó Forrest.

 

La indispensable ley de zonas francas

Pero la crisis no sobresale como la única variable a considerar para que Costa Rica siga percibiendo los beneficios de la presencia de Intel. Uno de los mayores cabildeos que el Gobierno de Óscar ha hecho para retener las inversiones en el país es el proyecto de ley para reformar el régimen de zonas francas, actualmente en discusión parlamentaria en la Comisión de Asuntos Económicos.

En este momento, las zonas francas (condición en la que se encuentra Intel) gozan de una exención total del impuesto sobre la renta, panorama que debe desaparecer antes del 2015 por disposición de la Organización Mundial del Comercio (OMC), con el fin de “evitar distorsiones comerciales”. El Ministerio de Comercio Exterior ha insistido en la aprobación del proyecto para mantener al país posicionado como “atractivo” en cuanto a clima de inversión.

Aunque la reforma elimina el beneficio de exoneración del impuesto sobre la renta, dicho incentivo se mantendría para empresas que cumplan niveles particulares de inversión y empleo.

Así, la reforma ofrece un crédito fiscal máximo del 10% a las firmas que reinviertan utilidades o realicen gastos en capacitación y entrenamiento de personal costarricense, perfiles que se ajustan a la labor de una empresa como Intel.

Al consultar al Sr. Forrest por la expectativa sobre la viabilidad de este proyecto respondió con su calurosa empatía: “¿Mi expectativa? ¡Mi deseo! Más bien mi deseo es que el proyecto de zonas francas pase en el mes de agosto; y la razón por la que deseo que esto ocurra pronto es porque la discusión de esta ley ha estado en la mesa por muchos años. Eso data del 2001. Debemos superar esto y tenemos asuntos más importantes que trabajar con el Gobierno”.

Y es que Forrest hizo un verdadero llamado a cerrar este capítulo, máxime por el hecho de que la luz verde de esta ley generará beneficios compartidos: tanto para empresas inversionistas como para el país mismo.

“El hecho de que pase esta ley nos va a brindar estabilidad en el futuro. Cuando Intel hace planes en relación a dónde nos vamos a expandir los horizontes que contemplamos cubren de tres a cinco años”, señaló el ejecutivo, y en este sentido alertó que el resultado de la ley que está en trámite será de vital importancia para la estabilidad y el futuro de los negocios de la corporación en el país. “Estamos de acuerdo con que vengan más multinacionales a Costa Rica y para poder establecer la infraestructura para que la instalación de esas multinacionales sea provechosa”, reconoció.

De igual forma, Forrest admitió que el país aún tiene tareas pendientes en la parte competitiva. En este sentido, señaló que uno de los costos más altos de la planta en el país es el de electricidad y agua, razón por la cual la empresa se encuentra abierta a trabajar de la mano de las instituciones públicas responsables de estos servicios, el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA).

“Por supuesto que la mano de obra es también un factor que incrementa los costos, pero si usted mira, somos muy competitivos con respecto a otros países. Entonces el diferenciador es continuar apoyando la estructura de impuestos que nos convierta en más prósperos en los países donde operamos”, aseveró.

A pesar de estas áreas por fortalecer en Costa Rica, Intel sigue viendo con buenos ojos al país. “Continuamos teniendo una muy buena perspectiva en Costa Rica en cuanto a crecimiento, no estamos preocupados por los problemas, tenemos que continuar produciendo y entregando resultados como la compañía lo espera. Fue muy satisfactorio el desempeño de la fábrica en su producción y reducción de costos, y Costa Rica tuvo un gran papel en esa parte. Costa Rica es una parte estratégica muy importante en este proceso”, explicó Forrest.

Intel ha invertido más de US$800 millones en el país, más de siete veces el monto inicial que rondaba los US$115 millones, según informó la misma corporación. La empresa sigue siendo responsable de la quinta parte de las exportaciones del país y ha hecho compras locales por más de US$120 millones en los últimos tres años.

La planta costarricense abrió en 1998 con la construcción de una fábrica con 500 empleados. Once años después, subió a 1800 empleados en la parte de la fábrica. “Entonces triplicamos la capacidad.

También crecimos en otras áreas como servicios compartidos y logística y en apoyo administrativo.

Aquí tenemos un centro financiero enorme, un centro de tecnología de la información, centro de recursos humanos y también una división de soporte técnico y desarrollo de la información”, compartió. A esto se suman alrededor de 15 unidades de negocios que también se han trasladado a Costa Rica, por lo que ese grupo de organizaciones tiene alrededor de 1200 empleados. “Entonces, en 12 años pasamos de 500 a 3000 empleados y de una sola unidad de negocios a 15. Mientras que nosotros estemos dando los resultados que la compañía espera que demos y sigamos contratando al mejor personal en Costa Rica, nuestro futuro es halagador”, concluyó el líder de la compañía en el país.

 

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