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Lunes, 22 de Febrero de 2010 10:54
La falta de incentivos y avances tecnológicos hace que la construcción sostenible tenga alto potencial para aprovechar.
 
Editor: Julio Medina
 
Ya sea por ahorro de energía en tiempo de crisis mundial, por un menor costo de los materiales para abaratar la inversión, por moda o por necesidad, la construcción ecológica comienza a imponerse en los nuevos desarrollos urbanísticos de las grandes urbes, tanto en soluciones habitacionales como en los grandes proyectos comerciales o industriales. Las empresas que en Centroamérica hace 10 años se convirtieron en raras pioneras de estas técnicas de construcción ahora no dan abasto para satisfacer todos los pedidos. Tanta es la importancia que esta área de la construcción ha tenido, que incluso hay muchas que proclaman serlo sin realmente cumplir con sus requisitos.“Edificios ecológicos son los que aplican criterios de sostenibilidad, es decir que usan pocos recursos tanto en su construcción y operación, como en la elección de los materiales, reduciendo el uso de la tecnología costosa mediante el recurso del diseño arquitectónico”, afirmó Bruno Stagno, de Bruno Stagno Arq. Y Asoc., S.A. de Costa Rica. El arquitecto dijo que por lo novedoso, hay mucha confusión en cuanto a qué es amigable con la naturaleza, porque en un afán de vender se ofrecen productos que en realidad no cumplen las certificaciones; en general esta calificación se considera más una táctica de mercadeo que de tipo técnico.
 
¿Sinónimos?
Es así que un edificio sostenible debería ser ecológico, mas uno ecológico no necesariamente es sostenible, según el experto costarricense José Ali, “a pesar de que estos términos son muchas veces utilizados como sinónimos entre sí”.
Según el experto, la construcción sostenible es aquel tipo de construcción que se planifica y ejecuta para reducir el impacto producido por lo edificado en la sociedad, el ambiente y la economía, pero una ecológica tiene como prioridad los aspectos ambientales, enfocándose en la mayoría de las ocasiones en temas como el correcto manejo de los recursos  naturales y el impacto ambiental, es decir el ahorro de energía o agua, eficiencia energética, pero no siempre ambos vienen de la mano
“Existe un interés a nivel de industria, de oficinas y de bancos, porque representa un ahorro importante en el consumo de energía eléctrica, eso le favorece al Estado porque al tener una disminución en el consumo solo por eficiencia la demanda baja y le permite al estado programar las inversiones de generación de energía hidráulica con menos premura como lo tenemos ahora”, a según Juan Jované, presidente de la Cámara Panameña de la Construcción (Capac).
Aunque para algunos desarrolladores el uso de ciertos materiales autóctonos abarata los costos de construcción, para otros, el uso de equipos eficientes para el ahorro de energía ya cuando la obra está finalizada, tiende a incrementar los  costos, ahí la diferencia entre una obra ecológica y otra amigable con la naturaleza, lo cual hace que en Centroamérica no esté tan desarrollada como en otras áreas del planeta.
 
Inversión a largo plazo
“Definitivamente que el costo inicial es muy alto, los equipos de alta eficiencia son mucho más costosos  que un equipo de menor eficiencia. Nosotros estamos motivando al Estado a bajar los aranceles para que el inversionista se vea atraído a introducir en todas sus obras y diseños esta tecnología y a incursionar en proyectos de construcción sostenible, porque además de recibir un beneficio durante la operación del complejo, también recibiría un beneficio fiscal a la hora de introducir los equipos eficientes al país”, afirmó Jované.
Según el Arq. Bruno Gutiérrez, coordinador de Desarrollo de Calidad Inmobiliaria, compañía desarrolladora de proyectos inmobiliarios de Guatemala, el costo final de un edificio eficientemente energético puede ser más barato que una edificación convencional porque no es más que un edificio correctamente diseñado para adaptarse a las condiciones naturales, sociales y demás existentes en su entorno.  Por otro lado, si se quiere hacer del edificio una construcción autosustentable o en parte sostenible, la diferencia en inversión puede ser  muy grande, llegando incluso a duplicar el costo original.
Los incentivos fiscales para promover este tipo de construcción serían primordiales para ayudar al Estado a ahorrar sus costos de generación de energía, pero en Centroamérica  ningún país lo tiene contemplado aún en sus estamentos legales.
“Actualmente no existe ningún tipo de incentivos fiscales para este tipo de proyectos energéticos, pero si se quiere para un edificio o proyectos de viviendas, no existe ningún tipo de beneficio o exoneración de impuestos”, aportó  el Ing. Vladimir Delagneau, presidente y gerente general de Tecnosol en Nicaragua. “Para poder incrementar este tipo de construcciones, las instituciones (municipalidades y ministerios) deberían de incentivar este tipo de construcción dand0 menores costos de licencias de construcción o mejorando los índices de construcción para este tipo de proyectos”, afirmó el Ing. Vicente Jo, director de Operaciones de compañía constructora Qualicons, Guatemala. 
De acuerdo con Alberto Himede, de Corporate Marketing de 3M, El Salvador, los países deberían considerar que se obtienen muchos beneficios económicos a largo plazo sobre todo para el país, al reducir la contaminación y emisiones de gas dañinas que se transforman después en problemas de salud pública y mala imagen de nuestras ciudades, pero considera que el   esconocimiento de las autoridades del impacto ambiental, social y económico que tienen este tipo de estructuras, evita que se les tome en consideración para incentivar a los desarrolladores y a los compradores  a preferirlos.
 
Incentivos
Diego de Moya, presidente de la Cámara Dominicana de la Construcción, dijo que como sucede en otros países no existe ningún incentivo fiscal o de cualquier tipo para empresas que se dedican a construir edificaciones amigables con la naturaleza, pero aún así, por una demanda del mercado para las nuevas urbanizaciones se promueven certificaciones de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente  con exigencias que antes no tenían y que indudablemente van a mejorar en un futuro cercano la sostenibilidad ambiental.
“A pesar de que el tema está siendo abordado en institutos, universidades, empresa privada, todavía no existe publicado un manual de buenas prácticas. Existen buenas iniciativas por parte de productores de materiales, des arrolladores y diseñadores pero no es suficiente  ¿Quién evalúa si un edificio es realmente sostenible o ecológico? ¿Con base en qué se hace esta evaluación, cuáles son los indicadores?”, sostuvo Alí.
Es así que muchos desarrolladores se aprovechan de la desinformación y la moda para sacar provecho mercadológico, “algunos por desconocimiento y otros por conveniencia están dando a los términos su propio significado, lo que desvirtúa el propósito inicial”, sentenció el experto costarricense.
 
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