Muchos se montaron a una máquina del tiempo para indagar si la depresión del periodo entre guerras se asemeja a la crisis económica que actualmente vivimos. Lo cierto es que aunque se falló en aspectos básicos que también se presentaron en 1929, el contexto internacional, los recursos y herramientas existentes muestran la gran diferencia que acompañó a ambos periodos.
1929
Fecha Histórica:
24 de octubre del 1929 - “El jueves negro”
¿Qué pasaba antes de la crisis?
Los felices 20
La crisis de 1929 se ubica entre las dos guerras mundiales. Aunque la década de los años 20 comenzó con buenas expectativas para recuperar lo perdido en la 1° Guerra, la caída de la moneda de las principales potencias europeas las hundió y obligó a las empresas a depender del crédito externo.
Estados Unidos era el acreedor mundial por excelencia y se empezaba a consolidar. Sectores como la industria eléctrica, química, petroquímica y automotriz comenzaban su apogeo.
Eran años dorados para el consumismo. La Bolsa de Nueva York empezó a ser el centro de la economía mundial. La especulación puso al mundo a ganar dinero ficticio, acciones que estaban por encima de su valor real. La demanda de acciones crece desmedidamente hasta un 90% y el dinero que se sacaba en los bancos se metía en la bolsa a un interés más alto del que pagaba. La compra de acciones era lo más cotizado y el dinero se gastaba en negocios especulativos.
Pero como los beneficios y las tasas eran muy altos, el mercado llegó a depender más de la especulación que de la producción.
¿Qué la desató?
El descalabro de Wall Street
La crisis tuvo su origen en el sector bursátil. Para 1928, los precios a que se vendían las acciones no reflejaban el rendimiento real de la empresa. Las inversiones en bolsa no eran resultado de producción, sino de la especulación. El jueves 24 de octubre de 1929, más de 13 millones de títulos no encontraron compradores y provocaron un crash. Los créditos ya no se podían cubrir. La Bolsa Wall Street quebró y trasladó la crisis al sistema bancario, a la industria y a la agricultura en EE.UU. Las deudas eran incobrables. En tres años quebraron 2000 bancos. La desconfianza provocó que el público retirara sus depósitos de los bancos. Los bancos no logran recuperar los préstamos concedidos a los especuladores en bolsa, ni los invertidos en la industria. Cuando los bancos quiebran, la producción cae y provoca la bancarrota de más empresas como dominó y la ruina de miles de agricultores. Este es el inicio de una Gran Depresión. La demanda y el consumo cayeron, al igual que el comercio internacional perdió dinamismo por el proteccionismo estadounidense, por lo que la crisis se hizo mundial.
“En aquel momento hubo mucha especulación en la Bolsa de Valores. La falta de regulación fue lo que provocó la crisis del 29, pero se agudizó por el desconocimiento que había de instrumentos de política monetaria y fiscal”, asegura el Dr. Carlos Urbizo, economista hondureño.
Desempleo
24,9% (EE.UU., 1933)
Caída del PIB
29,7% (1929-1933)
¿Qué provocó?
Quiebras y desempleo: la moda
El descenso de consumo provocó que las inversiones se paralizaran, las mercaderías se acumularan y las empresas cerraran sus puertas. Unos 13 millones de estadounidenses quedaron desempleados para 1932.
Los agricultores se arruinaron y la pobreza llegó a todos los sectores. La relación de EE.UU. con Europa provocó que la crisis se hiciera mundial. El comercio disminuyó por la caída de demanda en EE.UU.
“La depresión que inició en 1929 tuvo por base una expansión de la producción que no fue aparejada por la demanda, por lo que se presentó un problema de sobreproducción, agravado porque las empresas, en esa época, no podían modificar con rapidez su escala de planta”, señala Iván Molina, economista de la Universidad de Costa Rica.
La oferta excesiva, junto con la superproducción, causaron la devaluación de las monedas europeas frente al dólar, la excesiva producción y la escasa demanda hicieron que la inflación de los préstamos creciera aún más; las deudas crecieron y los valores de las distintas materias bajaron en el mercado, provocando la ausencia de ventas de productos.
La cara salvadora
Roosevelt, entre depresión y guerras
A Franklin Roosevelt le tocó recibir el país en 1933 con la misión de reconstruir la golpeada economía. Su acción fue el plan New Deal, para favorecer las inversiones, el crédito y el consumo y reducir el desempleo y el modelo keynesiano para promover la intervención estatal.
Subvenciones a los agricultores, aumento de salarios, incentivo de obras públicas para generar empleo fueron las medidas medulares.
La reactivación de la economía, en este sentido, se orientaría hacia el consumo y la inversión. Controles financieros más estrictos como la SEC (Security Exchange Comission), que supervisa y regula la venta de acciones al público supondrían una nueva regulación. Además, la Reserva Federal podría otorgar créditos por un volumen superior al de aquellos momentos. El incremento de la cantidad de dinero reduce los tipos de interés, facilita el pago de las deudas y reactiva el consumo.
“Roosevelt apostó por una recsuperación económica basada en la inversión pública, una mejor distribución del ingreso y la creación de un sistema de seguridad social. La economía capitalista, en particular la estadounidense, solo se recuperó a partir de la Segunda Guerra Mundial, gracias en buena medida al aumento en la demanda asociada con ese conflicto”, afirma Iván Molina, economista de la Universidad de Costa Rica.
2009
Fecha histórica:
17 de agosto del 2007 - “La crisis de las hipotecas subprime”
¿Qué pasaba antes de la crisis?
Una burbuja elástica
La venida del nuevo siglo coincidió con una fuga de capitales al sector inmobiliario. La intensa baja en los intereses para reactivar el consumo después de los atentados del 2001, provocó una alta demanda en el sector hipotecario. En el mercado estadounidense creció una espiral en la que las propiedades se vendían para volver a ser compradas a un mayor precio. Los precios aumentaban al mismo tiempo que lo hacía la deuda. Esto estimuló un sistema de hipotecas dirigido a clientes poco solventes, que puso en riesgo la infraestructura financiera que funcionaba en torno a éstos. Una alta oferta y demanda de hipotecas con fines especulativos eran pagadas para originar una nueva hipoteca. Esto provocó que los precios de los bienes inmuebles se elevaran alimentando la burbuja.
En el 2005, cuando los precios caen, en lugar de detener el flujo los inversionistas apuestan por seguir. El efecto provoca un aumento en la morosidad y una escasez del crédito, para que en el 2007 la desconfianza tocara el mercado bursátil estadounidense... y no se trataba de una crisis hipotecaria local.
¿Qué la desató?
El contagio y la euforia desmedida
Pero mucho antes, desde el 2001, las hipotecas vivían de la especulación. Cuando la Reserva Federal decidió en el 2004 aumentar de 1 a 5.25% el interés para controlar la inflación, los precios de las viviendas se dispararon y la burbuja estalló. La liquidez escaseaba en los mercados y los prestamistas hipotecarios comenzaron a quebrar. La falta de información en el mercado de valores y la caída de la liquidez provocó que la crisis migrara a los mercados financieros internacionales y se convirtiera en crisis económica. De inmediato, las bolsas del mundo empezaron a caer. Cuando las entidades bancarias se vieron comprometidas con gran parte de sus activos en estas hipotecas, el crédito se contrajo. Además, la crisis se exportó a Europa por medio del BNP Paribas y el alemán IKB. Las bancarrotas echan abajo la liquidez y la confianza en el sistema.
“El hundimiento del sistema bancario en la sombra que se dedicó a prestar al sector inmobiliario insolvente, la trampa de la liquidez, la interrupción de los flujos internacionales de capital, la crisis de divisas y la falta de regulación, ocasionan la crisis actual”, indica Ronny Viales. “Fue euforia desmedida, se inflaron los valores en bienes raíces, esto contagió el mercado y eso dio lugar al ‘efecto de la riqueza’, es decir, los ingresos se comienzan a gastar y no a ahorrar, creyendo que se vive en bonanza”, explica el Dr. Carlos Urbizo, economista hondureño.
Desempleo
8,5% (EE.UU., 2009, primer trimestre)
Caída del PIB
6,2% (último cuarto del 2008)
¿Qué provocó?
Papi Estado… ¡ayúdanos!
El contagio en todos los mercados redundó en quiebras financieras, nacionalizaciones bancarias, la intervención del Estado por medio de sus bancos centrales en la inyección de capital para los sistemas financieros, caídas en las cotizaciones de las principales bolsas mundiales y un deterioro de la economía global, que finalmente provocó una recesión. La reducción en el crédito disponible apareció por una baja en la demanda. La compra del quinto banco financiero estadounidense (Bear Stearns) por parte de la financiera JP Morgan provoca una caída del 90% en las acciones de aquella entidad. El 15 de septiembre del 2008.
Lehman Brothers, el cuarto banco de inversión de EE.UU., se declara en bancarrota. Con un año cumplido de vivir una crisis hipotecaria, el contagio sigue provocando la caída de los principales mercados bursátiles del mundo.
“La base fundamental de esta crisis es la pérdida de confianza en la institucionalidad vigente, en el sistema monetario, en el mercado accionario: la gente reacciona con precaución, retira el dinero, deja de invertir y consume menos”, indica Ronny Viales.
La intervención estatal de la que hablaba el economista Keynes se retomaría, coincidiendo con el final de una administración marcada por la controversia, como la de George W. Bush. Si el Estado no interviene, no hay solución aparente.
La cara salvadora
Obama, ¿el redentor?
El entrante presidente de EE.UU., Barack Obama, luego de un fuerte cabildeo a principio de año logró aprobar un paquete de US$789 000 millones en recortes fiscales y gasto oficial. Incluye recorte de impuestos y gastos, creación de nuevos puestos de trabajo y algunos incentivos más dirigidos a sectores sociales, como la posibilidad de retirar dinero de las pensiones sin penalizaciones, o congelar ejecuciones hipotecarias a quienes han podido pagar sus cuotas, con una moratoria de 90 días.
Se planteó además la creación de un fondo especial para prestar dinero a los estados y a los gobiernos locales.
Pero una de las coyunturas históricas del plan de rescate fue la capitalización parcial de bancos de gran importancia. El gobierno de EE.UU. compró el 36% de las acciones de Citigroup al convertir las acciones preferentes en acciones comunes y asumir así prácticamente el control operativo del banco. Además, Bank of America, que ya había absorbido a la hipotecaria Countrywide Financial y a Merrill Lynch, recibió una inyección de US$138 000 millones del Tesoro para evitar su quiebra. Obama también tejió todo un plan de rescate para la industria automotriz estadounidense para inyectar fondos específicamente a General Motors (GM) y Chrysler. Aún así, el mismo presidente Obama advirtió que habría empleos que no se podrían salvar y plantas que no reabrirían. Ambas empresas deberían garantizar rentabilidad por sí solas, o entrarán en bancarrota. El país inició el año con un déficit de presupuesto calculado en US$1.2 billones. 2009.
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