Tras medio siglo de
oscurantismo económico, India se convirtió en potencia mundial de servicios y
tecnología, gracias a que está invirtiendo, entre crudos contrastes, en su
recurso humano.
Juan Manuel Fernández
Pese
a que tenía un alto cargo en Citibank a nivel mundial, el ejecutivo indio
Prakash Sing tomó la decisión en 1992 de renunciar e iniciar su propia empresa
en su país natal. Pero la multinacional le hizo la oferta de seguir al frente
de las operaciones, con un esquema diferente: propuso abrir un centro de
servicios financieros desde Mumbai con un atractivo ahorro en sus operaciones.
En 3 años, ya el centro tenía unos siete mil empleados, y Citi se constituyó en
una de las primeras empresas en aplicar el outsourcing de procesos completos en
la India después de la liberalización de la economía.
Pero
fue la experiencia aprendida de Sing afuera de su país lo que le permitió volver
con una visión de negocios de primer mundo y otorgar así un aporte a una
industria en ascenso. Este modelo exitoso de recursos humanos no solo se
implementó en el sector privado. El Gobierno mismo empezó a importar ejecutivos
indios de alto perfil para aplicar sus conocimientos corporativos al sector
público. Fue así como un país en vías de desarrollo pero con dimensiones continentales
y contrastes apabullantes, dio un salto que cambiaría la historia económica
para siempre gracias el énfasis que dieron al recurso humano. Esta, es la
primera lección que economías como las de Centroamérica y el Caribe pueden y
deben aprender en su ruta al desarrollo.
De la desconfianza al
progreso
Pero
no siempre fue así. Quizás el segundo paso coyuntural más importante (después
de la independencia en 1947) que dio la India en el siglo XX fue en 1991. Las reformas
económicas y modernización que experimenta el país, de la mano del primer
ministro Narasimha Rao, quien emergentemente tuvo que sustituir al asesinado
mandatario Rajiv Gandhi, hijo de Indira Gandhi, cambió la realidad económica y
la proyección de un país. Antes de esa fecha el Estado indio se caracterizaba
por ser altamente proteccionista e intervencionista y sin dejar espacio a la
competencia.
Ni
sector privado, ni comercio exterior ni inversión extranjera tenían libre
curso. Pero a partir de ese año comienza un proceso paulatino de apertura y
libre mercado, que reduciría los controles del estado, incentivaría agresivamente
las inversiones, privatizaría empresas públicas, para que, a partir de 1997
comenzara a registrar acelerados récords de crecimiento del 7% anual en
promedio. India dio con esta transformación, el salto definitivo para
convertirse en la industria de servicios y alta tecnología más lucrativa del
planeta.
La
reforma profunda al sistema financiero y la política enfocada en incentivos a
la exportación e inversión, acompañado de una amigable regulación coronan un
proceso que aún está en desarrollo.
“La
mejor decisión que se tomó fue abrir la economía y darle más auge al sector
privado. A partir de 1991 se decidió que el sector privado tendría mayor
espacio para operar en la apertura y más oportunidades, y así ha sido en los
últimos 15 años” reafirma Anshuman Khanna, director adjunto de la Federación de
Cámaras de Comercio e Industria de la India (FICCI, por sus siglas en inglés).
El
proceso ha tenido sus detractores, pero el pensamiento de no satanizar la
palabra globalización les abrió puertas. Así lo confirma Rajan Sudesh, director
general de Comercio Exterior del Ministerio de Economía de la India. “Después
de 1991, empezamos a ver que, si se regula el desarrollo en una manera controlada,
se puede convertir en una ventaja comparativa. Tenemos un gran crecimiento en
Tecnología de la Información (TI). ¿Cuál fue el impacto positivo? Que todos
estos materiales de TI entran a India libres de impuestos, y por lo tanto, el
sector servicios creció. Y como resultado somos uno de los más grandes proveedores
en esta área” declaró a Mercados & Tendencias.
Entrando
en contacto con agentes de la industria, se puede percibir el orgullo del
sector ante las reformas que se aplicaron y ante el momento que pasa la India,
pese a las urgentísimas tareas pendientes en lo social.
Gente, gente, gente
¿Cuál
es el secreto? ¿Qué hay en esa agenda de innovación que ha permitido que India
sea una super potencia con un crecimiento de entre 6,5% y 8% anual durante los últimos
10 años? Es una cifra alta, si se toma en cuenta que según CEPAL, el
crecimiento de América Latina y el Caribe este año rondará el 4,7% regional.
“La
India pasó de ser un país agrícola a un país de servicios. El país, después de
la independencia, preparó sus recursos humanos no sólo en el país, sino también
en el extranjero, para una ola de transferencia tecnológica, y ese proceso nos
ayudó a nosotros a industrializar el mercado interno y al mismo tiempo, a que
la mano de obra saliera para estudiar y capacitarse, sobre todo, en tecnología.
Por eso, la India es hoy uno de los centros importantes de servicios
tecnológicos”, describe el Ing. Chiita Ranjan Guha, presidente de la Cámara de
Comercio e Industria Guatemala-India.
“Nuestra
fortaleza es tener una mano de obra a gran escala en sectores clave, como TI.
Somos un país muy joven” añade Khanna, líder empresarial de los industriales.
Además agrega ventajas como tener un amplio mercado doméstico que los mantuvo a
salvo de la crisis global de 2009, y una regulación clara.
“La
gente juega un papel muy importante en el desarrollo de la economía, la mayoría
de la población de India está entre los 25 y los 35 años… Ellos son los que
producen” complementa Praveen Verma, Embajador de India en Guatemala.
Sudesh,
quien es funcionario de gobierno, informa que en materia de exportaciones el
país alcanza un crecimiento de 42 a 45% mensual. “Esto es muestra de que
nuestros números de exportación están mucho mejor que cualquier otro país, y
para este año esperamos tener un crecimiento de un 20 a un 25% en
exportaciones, aun cuando el año pasado logramos un 30%” argumenta.
Vikrant
Saxena, Project Officer del Consejo de Promoción de Exportaciones de software y
tecnología (ESC, en inglés), señala que el firme objetivo país es “unirnos a
las filas de los países desarrollados en 2020. Para ello hemos invertido en la
educación de manera más intensa que cualquier otro país en desarrollo. Tenemos un
alto número de instituciones de educación que atiende los conocimientos técnicos
en todo el país y todavía se hacen las inversiones en este sector a lo grande,
tanto por el sector público y privado. Es un modelo de crecimiento, combinando
el desarrollo de recursos humanos con el crecimiento económico macro. Estamos
tomando iniciativas innovadoras para desarrollar la fuerza de trabajo en el
desarrollo de software y de diferentes idiomas”.
Este
crecimiento ha incentivado la demanda interna y ha potenciado sectores como la
agricultura, la manufactura y los servicios. Incluso Saxena comparte que hay un
alto grado de competencia entre los estados para atraer inversiones tanto de
dentro como en el extranjero.
“La
receta no es nueva para nadie. El elemento transformador en la India es la
educación y la gente. En los años 70 y 80, las clases dirigentes de la India
hicieron un esfuerzo por mandar a especializarse a una generación de tecnólogos
y de científicos. Muchos de ellos tenían recursos porque venían de las castas
más altas. El Gobierno se preocupó por reforzar las universidades, y ese fue el
germen del proceso” adiciona Alexander Mora, presidente de la Cámara
Costarricense de Tecnologías de la Información y Comunicación (CAMTIC).
Centroamérica, ¿atractivo
para India?
Ahora
la pregunta es: ¿Qué oportunidad tiene un mercado como el de Centroamérica y
Caribe, que sumadas las poblaciones de sus siete países llega aproximadamente a
50 millones de habitantes, frente a la India, con 1170 millones? Hablamos de un
mercado 23 veces mayor.
Aunque
las magnitudes no son comparables, Costa Rica, Panamá y más recientemente
Guatemala se posicionan como destinos de auge de exportación de servicios y
centros de contacto, precisamente en sectores similares en los que India
triunfó. ¿Compite Centroamérica con la India o no compite?
“Sí
compiten, y pasa lo mismo que con los países del sudeste de Asia, como
Filipinas, Malasia e Indonesia, en los que la industria de TI avanza a gran
paso. Así, los países latinoamericanos pueden darse el lujo de competir en
estas áreas con muchas compañías indias por el mercado mundial” opina Khanna de
FICCI.
“Para
empezar, la competencia con América Latina no es mala, es buena, porque aumenta
nuestras capacidades en manufactura. El efecto de cercanía con EEUU les da una
ventaja competitiva. Pero nosotros tenemos tratados de comercio con países
latinoamericanos. India ha firmado acuerdos con el Mercosur, así que de alguna
forma estamos localmente integrados con estas economías” señala el encargado de
comercio oficial indio.
A
pesar de esto, el funcionario fue muy honesto en aceptar que, por lo menos en
el área de comercio exterior no hay acuerdos gestándose en el mediano plazo.
“No creo que tengamos en este punto ningún acuerdo futuro con Centroamérica;
estamos trabajando en convenios entre India y los Estados Unidos, tenemos que atender
este llamado primero. Los tratados de libre comercio no son fáciles de
establecer; uno tiene que valorar el mutuo beneficio, que viene fuera de la
negociación, pero ahorita mismo no hay ninguna negociación en camino” informa
Sudesh.
Sectores en la mira
Esto
confirma que el país tiene su mirada en mercados de alto perfil. Hay industrias
específicas cuya demanda va en aumento. “India se está convirtiendo en el mayor
inversor en el Reino Unido y nuestras inversiones en Europa, Japón y China
están aumentando.
Las
áreas de inversiones son los automóviles, telecomunicaciones, informática,
ingeniería pesada, la biotecnología, entretenimiento y deportes, etc. Los
países de Centroamérica pueden legítimamente atraer inversiones indias en todos
estos sectores, además de desarrollo de software, e-gobierno, la educación, y
la digitalización de las empresas” complementa Saxena.
“Tenemos
el sector de las telecomunicaciones, el de farmacéuticos, químicos, que avanza
también a gran nivel, y ciertos sectores como salud, educación y energía, que son
muy importantes, además de energía renovable, que lo desarrolla el gobierno. En
estos sectores, los requerimientos de inversión son, para los próximos cinco
años, hasta el año 2017, más de un trillón de dólares. Estamos buscando socios alrededor
del mundo para desarrollarlos.
Los
países de Centroamérica deberían mirar hacia ellos en los próximos años”
sugiere Khanna. Por ejemplo, para la Cámara de Comercio e Industria
Guatemala-India, ese país centroamericano constituye el puerto de entrada para
una relación a largo plazo. Su presidente Chiita Ranjan habla de que ya arrancó
un acuerdo de cooperación que incluye especialistas indios y un centro de alta
tecnología en la Universidad de San Carlos.
“Tenemos
empresarios que ya están viniendo aquí con interés en centros de llamadas y
para establecer plantas de software aquí. En el área farmacéutica, tenemos
empresarios guatemaltecos que importan medicinas a muy buenos precios” indica.
El
representante empresarial añade que “desde hace tiempo estamos en área textil,
empezando con hilatura, acabado y después a hacer diseños”. El ejecutivo
informó de negocios que recién se cerró un negocio por un valor de US$20
millones, y viene otro más por US$148 millones en productos que vienen de la
India, como textiles, farmacéuticos, maquinaria, y equipos de energía
renovable.
Según
Praveen Verma, Embajador de India en Guatemala, existe la intención de traer
productos y empresarios en ambas vías, en el área de biocombustibles, en
procesadores de alimentos, y tecnología.
“El
punto de partida es Guatemala, pero el objetivo final es que por medio de SICA
(Sistema de Integración Centroamericana), haya un intercambio permanente con
los demás mercados” documentó Verma.
Y
aunque todo este panorama suena alentador, no todos los empresarios ven futuros
réditos en los mismos lugares. Randolf Kissling, CEO de la empresa costarricense
de e-learning Aura Interactiva, considera que el potencial del mercado de India
para empresas de Latinoamérica “es cero, o cercano a cero. Más bien es al
revés, es ver qué software o tecnologías de India se pueden comprar o licenciar
para traer y tropicalizar a Latinoamérica. Entonces me parece que el potencial es
comprar productos a empresas de India y localizar y revender en la región” señala.
Esto
porque opina que El empresario estuvo en marzo pasado en el país asiático en el
evento Indiasoft 2011, donde indica, se identificaron tres empresas con
“potencial alto de colaboración”.
Agrega
que “contra India no se puede competir en precios bajos y/o en cantidad de
gente. Sí se puede competir en cuanto a calidad de gente y sobre todo, en
generación de propiedad intelectual. Las empresas locales deben enfocarse cada
vez más en generar propiedad intelectual”. Aun así, insiste en que sí es
posible encontrar un margen de rentabilidad con la India pese al tamaño de su industria
de software, en el tanto se encuentren nichos.
Por
otro lado sobresale el caso de Masesa, una empresa regional que tiene en su
portafolio dos marcas de motocicletas fundadas y operadas en India: Bajaj Auto
Limited y Majestic Auto Limited.
“La
visión de que el director del grupo fuera a la India trajo como resultado que
Masesa es la empresa líder en la venta de motocicletas en la región, tenemos el
98% de participación de mercado con los mototaxis. Vamos a seguir creciendo en
la región, explorando mercados como el sur de México y el Caribe y
evidentemente para eso vamos a necesitar el apoyo de Bajaj en India” señala
Edgar Díaz, gerente regional de Mercadeo de Masesa en Guatemala.
DK
Sareen, Director Ejecutivo del Consejo de Promoción para las Exportaciones de
Software y Electrónica de la India, también es honesto en que los esfuerzos por
acercar a la región con India están en etapa muy incipiente. “Latinoamérica es
todavía un mercado verde, hay mercados muy grandes, como Brasil, México o
Venezuela, en donde se puede ver que otros mercados han incursionado con éxito.
En este momento, los mercados a los que India exporta básicamente son mercados
fuertes, como la banca, seguros, telecomunicaciones, manufactura, automotriz y
cualquier industria que requiera soporte y servicios de TI” señaló.
La letra pequeña en
el crecimiento
Y
¿qué hay detrás de esa vertiginosa industria que exportó sus servicios de
software a 154 países en 2009- 2010 por un valor de US$51 mil millones?
Es
complejo ver la realidad de un país como la India con ojos occidentales, bajo
los parámetros que se aplican en Latinoamérica. Se trata de la nación que
aglutina a la tercera parte de los pobres del mundo. Según el Banco Mundial, la
Tasa de incidencia de la pobreza es del 27,5%, es decir, unos 292 millones de
personas (100 millones más que la población de Brasil).
Las
fuentes coinciden en que una limitante del modelo actual es que el crecimiento
no es inclusivo. “No hay negación de que hay multitud de personas que están por
debajo del umbral de la pobreza. Traer a esta gente a la corriente principal es
el mayor desafío del gobierno” prioriza Saxena. Rajan Sudesh admite que “no es
una respuesta fácil, India es un país enorme.
Algunas
de estas regiones no han respondido apropiadamente a los retos, por lo tanto
permanece el problema de pobreza, de género, de crecimiento de la población, de
salud pública y otros temas. Hay muchos temas que tienen que ser enfocados a nivel
nacional, y también a nivel local”. La India se divide en 28 estados.
Esto
lo valida su compatriota Khanna, de FICCI: “en India, la economía de algunas
regiones es más lenta que en otras. El reto más grande es que en un país así,
muchos segmentos de la sociedad no han alcanzado el desarrollo de otros, de
acuerdo con el crecimiento de la economía. … pero somos un país muy grande,
somos una democracia, y debido a esto, no podemos pretender alcanzar estas
metas en solamente tres o cuatro años”.
Antes
de aspirar a ser la tercera potencia mundial en 2035, como trascendió en EFECOM
a finales de 2010, el Gobierno debe mantener su anuencia a trabajar de cerca
con el sector privado.
“El
Gobierno tiene muy claro los requerimientos financieros, sobre todo en
educación, infraestructura y salud, pero también tiene claro que como gobierno,
por sí solos, no pueden enfrentar este tipo de costos, tienen que asociarse con
el sector privado. Tenemos una estrategia llamada Public Private Partnership, en
esos tres frentes” agrega Khanna. E insiste en su tesis de crecimiento: “en los
últimos cuatro años, la inversión extranjera ha significado un total de US$25
billones de dólares.
En
los siguientes cinco años, el gobierno no puede variar estos paquetes, para
poder atraer inversión extranjera. Ya estamos preparando las metas para el
siguiente segmento de cinco años, del 2012 al 2017, en los que esperamos tener
un crecimiento acelerado también… y tal vez en 2020 seamos ciertamente, la mayor
economía del mundo”.
Y
Sudesh no se queda satisfecho con las promisorias noticias. “Puede ser que en
forma global sea una de las economías mayores del mundo en cuanto a crecimiento
económico pero no se puede negar que todavía tenemos muchos retos que superar.
Creo que en otros veinte años vamos a dar un salto cuántico. Lo que hicimos en
los últimos 20 años, posiblemente vamos a duplicar en los próximos 20 años” reflexiona.
“Yo
lo resumiría en un país muy trabajador y que se está internacionalizando. India
con muchos problemas y con muchos errores, desde la política pública ha
establecido los incentivos para que la economía se eduque y siga creciendo”
adiciona Mora. Vikrant Saxena hace una conclusión relacionada a esa rica
cultura del oriente. “Dado nuestro gran mercado, bono demográfico, abundancia de
recursos naturales, al ritmo de desarrollo, y a la historia de la India, el
crecimiento es sostenible… La India es una antigua civilización…
Tenemos
unos valores culturales y morales muy fuertes que nos ayudan a equilibrar el
crecimiento con el desarrollo de recursos humanos. Nuestro objetivo proclamado
es un crecimiento incluyente, y todos los excesos que se pueden crear en el marco
de la política son abordadas por nuestro sistema multipartidista democrático”.
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