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Por qué le llaman “la increíble India” PDF Imprimir E-mail
Lunes, 05 de Septiembre de 2011 15:25

Su escasa dotación de recursos naturales contrasta con la abundancia de su talento y mano de obra. Al igual que India, nuestra región debe aprovechar la economía del conocimiento y poner a la educación de número uno.

 

Alexander Mora Delgado, presidente de la Cámara Costarricense de Tecnología de Información y Comunicación, CAMTIC

 

Con casi 1200 millones de habitantes India es el segundo país más poblado del mundo y al igual que China, es una civilización ancestral a la que la modernidad obligó a organizarse como país. Su historia ha sido de lucha por sobrevivir como nación y sus pobladores como individuos libres. Siglos de dominio musulmán y luego británico, apenas acabaron con su independencia en 1947.

 

Las rivalidades étnicas y religiosas la mutilaron, haciéndole perder lo que hoy son Pakistán y Bangladesh, y han cobrado millones de vidas, incluso, las de sus principales líderes modernos: Mahatma Gandhi – mártir y libertador-, Jawaharlal Nerhu –su “primer” Primer Ministro-, su hija Indira Gandhi –asesinada por extremistas separatistas- y, hace pocos años al hijo de ésta, Rayiv Gandhi –también asesinado por extremistas independentistas siendo Primer Ministro-. Mortales atentados en su centro comercial y financiero, Mumbai, en 2008 y el pasado 14 de julio, recuerdan que, lamentablemente, estos conflictos están lejos de acabar y aún marcan la vida cotidiana en este sorprendente país.

 

Para el visitante occidental India es un crisol de estímulos que aturde: los coloridos saris de las mujeres se mezclan con la monótona y descolorida vestimenta masculina; deliciosos olores a especias se neutralizan con el fuerte hedor de cuerpos sudorosos en atestadas calles y mercados; el estridente ruido de sus congestionadas calles que nunca duermen, contrasta con tranquilos templos hindúes o monasterios budistas.

 

La India moderna

Este maravilloso país es un ejemplo inspirador para Centroamérica. Es la mayor democracia del mundo, sustentada en una sólida tradición humanista. En India no hay elecciones en un día específico, sino a lo largo de casi dos meses, para asegurar amplia participación y sortear los múltiples días festivos de sus regiones y religiones; dichos procesos permiten elegir por votación directa, literalmente a cientos de miles de funcionarios públicos, todo un ejemplo de civilidad y madurez institucional. India es un país que sorprende y hace honor constante al slogan con que el turista es atraído: “Incredible India”.

 

En las últimas 3 décadas el país se transformó en el mayor centro de servicios del mundo y en uno de los habilitadores más contundentes de la economía globalizada y de lo que parece irse perfilando como su nuevo orden económico y productivo mundial. Su plataforma humana y tecnológica

 

se ha transformado en una de las principales fuentes de servicios en sectores claves como tecnología, finanzas, seguros y operaciones empresariales de gran escala.

 

Su relativamente escasa dotación de recursos naturales contrasta con la abundancia de su talento y mano de obra. Al igual que India, Centroamérica debe reconocer la oportunidad que la economía del conocimiento le trae y priorizar la educación como su principal herramienta para competir en el mundo globalizado.

 

Un ejemplo a seguir

Aunque India nos lleva amplia ventaja en reconocer y articular la educación en general y la educación técnica en particular como la plataforma especializada para explotar esas oportunidades, así como en reconocer que la inversión masiva en educación de calidad, en ciencia, tecnología e innovación son las habilitadoras fundamentales para el desarrollo y la competitividad de los países en este nuevo orden económico internacional, aún no es tarde para que Centroamérica valore esas oportunidades y explore cómo India lo ha venido haciendo.

 

En mi último viaje a India hace unos pocos meses, conocí la experiencia sorprendente de la ciudad de Pune, otrora una ciudad mediterránea sin relevancia, hoy convertida en uno de los centros de servicio y desarrollo tecnológico del país. Apenas en el año 2000 el sector servicios representaba para dicha ciudad, ingresos por tan solo US$200 millones anuales. En 2010, tan solo una década después, la contribución de dicho sector a la economía de la ciudad superó los US$7000 millones. Pero ¿cómo se puede lograr una transformación de esa magnitud en tan solo una década?

 

La respuesta está en la educación. Mediante una alianza públicoprivada liderada por un grupo de tarea enfocado en el desarrollo de la ciudad, la hoy conocida como “el Oxford de la India” logró, mediante un programa agresivo de promoción e incentivos bien enfocados, simples y claros, atraer a unas 50 universidades nacionales e internacionales y a varias decenas de centros de formación politécnicos, y establecerlos en su área metropolitana. Su plan estratégico de desarrollo priorizó en la atracción de inversión nacional y extranjera directa, para lograr que empresas multinacionales e indias de tecnología, auto partes, diseño, manufactura avanzada, servicios corporativos y otras áreas de alto desarrollo, se establecieran en la ciudad. Pero esa atracción de empresas fue complementada con la atracción de centros de innovación, investigación y desarrollo en áreas como diseño tecnológico, industrial, de software, de pruebas y otras áreas, generando una suerte de círculo virtuoso entre educación, investigación y producción, que catapultó a la ciudad a donde está hoy. La receta seguida por la ciudad de Pune no es misterio para quienes estudian en desarrollo en occidente, pero por alguna malévola razón no parece convencer a muchos en Centroamérica. Como Pune, hay otras 20 ó 30 ciudades en India, repitiéndola, transformándose e integrándose al mundo globalizado a toda velocidad.

 

El futuro espera

Los US$55 billones en exportaciones de servicios que India alcanzó en 2010 son apenas un adelanto modesto. El 90% proviene de apenas 7 ciudades o centros tecnológicos y de servicios de dimensiones significativas en el país – Bangalore, Hyderabad, New Delhi, Mumbai, Calcuta, Pune, Chenai- Para 2020, la organización Growth India, uno de los más dinámicos think tanks del país estima que, de lograr mantenerse la tendencia de la década pasada, India podría llegar a exportar US$125 billones en servicios.

 

No cabe duda de que India es un ejemplo significativo para Centroamérica. Es un competidor formidable al que no podemos alcanzar en dimensiones. Pero, tal como ya se puede anticipar en algunos sectores en Centroamérica –tecnologías digitales, manufactura de alta tecnología y de dispositivos médicos, servicios corporativos compartidos y de servicio personales-, escogiendo adecuadamente algunos nichos, sí podemos competir.

 

El efecto que Bangalore ha tenido sobre Mumbai y que ésta ha tenido sobre Pune, no es distinto del efecto potencial que Costa Rica y Panamá pueden tener sobre la región.

 

¿Por qué no podemos establecer una estrategia de desarrollo para atacar nichos como lo hacen las ciudades de India? ¿Acaso nuestros niños y jóvenes centroamericanos no tienen tanta inteligencia como su similares indios? ¿Por qué los órganos de la integración centroamericana no son capaces de convertirse en un think tank que apoye a Centroamérica a integrarse efectivamente a la economía globalizada?

 

La experiencia de India la podemos replicar, con variantes, en Centroamérica. La increíble India tiene mucho que enseñarnos… 

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