Su escasa dotación de
recursos naturales contrasta con la abundancia de su talento y mano de obra. Al
igual que India, nuestra región debe aprovechar la economía del conocimiento y
poner a la educación de número uno.
Alexander Mora
Delgado, presidente de la Cámara Costarricense de Tecnología de Información y
Comunicación, CAMTIC
Con
casi 1200 millones de habitantes India es el segundo país más poblado del mundo
y al igual que China, es una civilización ancestral a la que la modernidad
obligó a organizarse como país. Su historia ha sido de lucha por sobrevivir
como nación y sus pobladores como individuos libres. Siglos de dominio musulmán
y luego británico, apenas acabaron con su independencia en 1947.
Las
rivalidades étnicas y religiosas la mutilaron, haciéndole perder lo que hoy son
Pakistán y Bangladesh, y han cobrado millones de vidas, incluso, las de sus
principales líderes modernos: Mahatma Gandhi – mártir y libertador-, Jawaharlal
Nerhu –su “primer” Primer Ministro-, su hija Indira Gandhi –asesinada por
extremistas separatistas- y, hace pocos años al hijo de ésta, Rayiv Gandhi
–también asesinado por extremistas independentistas siendo Primer Ministro-.
Mortales atentados en su centro comercial y financiero, Mumbai, en 2008 y el
pasado 14 de julio, recuerdan que, lamentablemente, estos conflictos están lejos
de acabar y aún marcan la vida cotidiana en este sorprendente país.
Para
el visitante occidental India es un crisol de estímulos que aturde: los
coloridos saris de las mujeres se mezclan con la monótona y descolorida vestimenta
masculina; deliciosos olores a especias se neutralizan con el fuerte hedor de
cuerpos sudorosos en atestadas calles y mercados; el estridente ruido de sus
congestionadas calles que nunca duermen, contrasta con tranquilos templos
hindúes o monasterios budistas.
La India moderna
Este
maravilloso país es un ejemplo inspirador para Centroamérica. Es la mayor
democracia del mundo, sustentada en una sólida tradición humanista. En India no
hay elecciones en un día específico, sino a lo largo de casi dos meses, para asegurar
amplia participación y sortear los múltiples días festivos de sus regiones y
religiones; dichos procesos permiten elegir por votación directa, literalmente
a cientos de miles de funcionarios públicos, todo un ejemplo de civilidad y
madurez institucional. India es un país que sorprende y hace honor constante al
slogan con que el turista es atraído: “Incredible India”.
En
las últimas 3 décadas el país se transformó en el mayor centro de servicios del
mundo y en uno de los habilitadores más contundentes de la economía globalizada
y de lo que parece irse perfilando como su nuevo orden económico y productivo
mundial. Su plataforma humana y tecnológica
se
ha transformado en una de las principales fuentes de servicios en sectores
claves como tecnología, finanzas, seguros y operaciones empresariales de gran
escala.
Su
relativamente escasa dotación de recursos naturales contrasta con la abundancia
de su talento y mano de obra. Al igual que India, Centroamérica debe reconocer
la oportunidad que la economía del conocimiento le trae y priorizar la
educación como su principal herramienta para competir en el mundo globalizado.
Un ejemplo a seguir
Aunque
India nos lleva amplia ventaja en reconocer y articular la educación en general
y la educación técnica en particular como la plataforma especializada para
explotar esas oportunidades, así como en reconocer que la inversión masiva en
educación de calidad, en ciencia, tecnología e innovación son las habilitadoras
fundamentales para el desarrollo y la competitividad de los países en este
nuevo orden económico internacional, aún no es tarde para que Centroamérica
valore esas oportunidades y explore cómo India lo ha venido haciendo.
En
mi último viaje a India hace unos pocos meses, conocí la experiencia sorprendente
de la ciudad de Pune, otrora una ciudad mediterránea sin relevancia, hoy
convertida en uno de los centros de servicio y desarrollo tecnológico del país.
Apenas en el año 2000 el sector servicios representaba para dicha ciudad,
ingresos por tan solo US$200 millones anuales. En 2010, tan solo una década
después, la contribución de dicho sector a la economía de la ciudad superó los US$7000
millones. Pero ¿cómo se puede lograr una transformación de esa magnitud en tan
solo una década?
La
respuesta está en la educación. Mediante una alianza públicoprivada liderada
por un grupo de tarea enfocado en el desarrollo de la ciudad, la hoy conocida
como “el Oxford de la India” logró, mediante un programa agresivo de promoción
e incentivos bien enfocados, simples y claros, atraer a unas 50 universidades
nacionales e internacionales y a varias decenas de centros de formación
politécnicos, y establecerlos en su área metropolitana. Su plan estratégico de
desarrollo priorizó en la atracción de inversión nacional y extranjera directa,
para lograr que empresas multinacionales e indias de tecnología, auto partes,
diseño, manufactura avanzada, servicios corporativos y otras áreas de alto desarrollo,
se establecieran en la ciudad. Pero esa atracción de empresas fue complementada
con la atracción de centros de innovación, investigación y desarrollo en áreas
como diseño tecnológico, industrial, de software, de pruebas y otras áreas,
generando una suerte de círculo virtuoso entre educación, investigación y
producción, que catapultó a la ciudad a donde está hoy. La receta seguida por
la ciudad de Pune no es misterio para quienes estudian en desarrollo en occidente,
pero por alguna malévola razón no parece convencer a muchos en Centroamérica.
Como Pune, hay otras 20 ó 30 ciudades en India, repitiéndola, transformándose e
integrándose al mundo globalizado a toda velocidad.
El futuro espera
Los
US$55 billones en exportaciones de servicios que India alcanzó en 2010 son
apenas un adelanto modesto. El 90% proviene de apenas 7 ciudades o centros
tecnológicos y de servicios de dimensiones significativas en el país –
Bangalore, Hyderabad, New Delhi, Mumbai, Calcuta, Pune, Chenai- Para 2020, la
organización Growth India, uno de los más dinámicos think tanks del país estima
que, de lograr mantenerse la tendencia de la década pasada, India podría llegar
a exportar US$125 billones en servicios.
No
cabe duda de que India es un ejemplo significativo para Centroamérica. Es un
competidor formidable al que no podemos alcanzar en dimensiones. Pero, tal como
ya se puede anticipar en algunos sectores en Centroamérica –tecnologías digitales,
manufactura de alta tecnología y de dispositivos médicos, servicios
corporativos compartidos y de servicio personales-, escogiendo adecuadamente
algunos nichos, sí podemos competir.
El
efecto que Bangalore ha tenido sobre Mumbai y que ésta ha tenido sobre Pune, no
es distinto del efecto potencial que Costa Rica y Panamá pueden tener sobre la
región.
¿Por
qué no podemos establecer una estrategia de desarrollo para atacar nichos como
lo hacen las ciudades de India? ¿Acaso nuestros niños y jóvenes
centroamericanos no tienen tanta inteligencia como su similares indios? ¿Por
qué los órganos de la integración centroamericana no son capaces de convertirse
en un think tank que apoye a Centroamérica a integrarse efectivamente a la
economía globalizada?
La
experiencia de India la podemos replicar, con variantes, en Centroamérica. La
increíble India tiene mucho que enseñarnos…
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