La región no es tan
innovadora como podría serlo: la falta de políticas públicas y la articulación
entre actores la coloca en desventaja frente a otras regiones del mundo.
Edita: Thelma López
En
este preciso instante, un grupo de 150 ingenieros trabaja en las oficinas de Hewlett
Packard de Costa Rica en el desarrollo de software para las redes inalámbricas
más veloces del mundo. El Centro de Investigación y Desarrollo de la empresa, HP
Networking, participa activamente en la generación de tecnologías de redes para
los productos que luego son lanzados al mercado mundial.
HP
Networking abrió sus puertas en octubre del 2009 como el primer centro
generador de tecnología en las áreas de redes de computadoras (tecnologías
alambradas e inalámbricas) del país y de Latinoamérica.
Desde
ese entonces, su nivel de experiencia se ha extendido al área de servidores,
convirtiéndose en uno de los centros de investigación y desarrollo para los
negocios de servidores y redes de Hewlett Packard. Es tan solo el sexto de la
empresa en el mundo, los demás están en regiones como Singapur, Taiwán y
Canadá. Los ingenieros costarricenses trabajan mano a mano con los grupos de
EE. UU. o Singapur, sin que la separación geográfica represente un problema, de
manera que Costa Rica no es un país aislado, sino una parte importante de un
equipo a la vanguardia tecnológica.
El
éxito de este proyecto no podía vaticinarse a partir de la entrada de la
empresa al país, que ingresó hace 8 años, con 120 colaboradores para atender a
un cliente. Hoy, además de HP Networking, la compañía tiene 17 divisiones en
suelo local.
“Cuando
decidimos Invertir en un área de investigación y desarrollo para HP, lo primero
que recibimos por parte de la corporación eran tareas menos sofisticadas, como
revisar software, al poco tiempo y gracias a la capacidad de aprendizaje de los
costarricenses, nos dieron responsabilidades más trascendentales hasta llegar
al punto que, 1 año después de arrancar, ya diseñamos productos y chips, la
nueva generación de productos de red de HP está diseñada por ingenieros
costarricenses, en Costa Rica”, dijo Arturo Velasco, gerente de HP Costa Rica.
El
futuro para el centro de investigación y desarrollo de HP es muy prometedor.
Hoy en día se trabaja en los productos de punta que van a conformar las redes
de computadores de la siguiente década. Se están integrando nuevas y más
versátiles funcionalidades en circuitos integrados, con las cuales se puede reducir
el consumo de energía y a la vez transportar información a velocidades muy por
encima de lo que tienen hoy en día, añadió.
Punta de lanza para innovación
Los
ingenieros costarricenses han demostrado estar al nivel de sus contrapartes de
geografías del Primer Mundo. Esto sumado a su proximidad geográfica con
respecto a los otros centros de I&D, un horario laboral similar y el
ambiente político y social son elementos que le permiten a la organización estar
muy bien posicionada para seguir creciendo y atrayendo nuevas inversiones al
país.
“Somos
pioneros en la aventura de abrir un centro de investigación y desarrollo, un
tema muy limitado en el país, apostamos por el capital humano, lo cual abrió
una puerta para un tipo de innovación completamente nueva en el país. Ahora el
Ministerio de Ciencia y Tecnología (Micit) quiere desarrollar ingenieros en
estas tecnologías, además de que pone el nombre de Costa Rica muy alto, ya que
son limitados los productos de tecnología que se producen acá”, confirmó
Velasco.
HP
Networking representa una oportunidad de ampliar las fronteras de conocimiento
local hacia nuevos horizontes y generar el valor del conocimiento en Costa
Rica, a través de la innovación. Hewlett Packard es una de las empresas líderes
en el impulso de la innovación en Centroamérica y, aunque cada vez más el sector
privado está tomando conciencia sobre la importancia de impulsar el
emprendedurismo y la innovación, los esfuerzos todavía son incipientes.
En
Costa Rica existe una debilidad en términos de inversión en investigación y
desarrollo por parte de las empresas: el país destina un 0,53% de su PIB en
investigación y desarrollo y apenas un 30% de ese porcentaje es realizado por
parte del sector privado, mientras que el 70% corresponde a esfuerzos de la
academia o el Gobierno. El reto es invertir esa relación.
“Todavía
nuestro sector empresarial invierte poco, requerimos dos vertientes para
aumentar esa inversión, una son fondos. A nivel internacional, la disposición
de fondos ha sido fundamental en países que han revertido la participación del sector
privado en innovación.
En
América Latina el país que lidera este proceso de innovación es Brasil, que ha
creado fondos en conjunto con incentivos, donde la empresa se vea motivada para
reinvertir sus utilidades en procesos de investigación y desarrollo”, confirmó
Guillermo Velásquez, director de Desarrollo de la Cámara de Industrias de Costa
Rica (CICR). La historia de Costa Rica se replica, con diferentes tonalidades,
en la mayoría de los países de la región, cuyo impulso a la innovación se
trunca por un entorno desfavorable, la falta de capital humano, el poco trabajo
conjunto, las políticas públicas y la inversión gubernamental.
Así
lo denuncia el último índice de innovación global (GII, por sus siglas en
inglés) realizado por la prestigiosa escuela de negocios Insead, donde las
naciones de la región se encuentran ubicadas en la parte baja del ranking.
Nicaragua y Honduras ocupan los lugares más bajos, en el sitio 117 y 112
respectivamente, entre 132 naciones.
El
índice mide aspectos como la sofisticación del mercado, las instituciones, infraestructura
tecnológica, capacidad humana. Los países que están al tope son Costa Rica y Panamá
en los lugares 41 y 66.
Esfuerzos loables, pero
aislados
Café
Don Paco es una marca que nace de una plantación de café, su dueño, Frank
Bendaña es un experimentado productor que dejó en manos de sus hijos la
continuidad del negocio tradicional, pero que llegó a convertirse en una de las
20 empresas con mayor volumen de exportación en Nicaragua.
La
empresa Cadimo, una agencia local creada en el 2008, fue la arquitecta de esta
transformación, que implementó innovaciones en el diseño del empaque, la
creación de un lounge de catado y entrenamiento que le permitió incursionar en
el turismo agroecológico. Todo eso fue posible porque se combinaron tres
elementos: el diseño creativo, la innovación para mejorar los productos y la
tecnología para poner al día y actualizar a la empresa. Sin embargo, la
compañía tuvo que superar el rezago tecnológico, especialmente en el sector
agrícola nacional. Los problemas de infraestructura en tecnología colocan los
innovadores nicaragüenses en una clara desventaja, en especial al pequeño
productor agropecuario.
En
algunas zonas de Nicaragua se sigue utilizando como arado un espeque, es decir,
un tronco largo de madera con una punta que sirve para cavar un pequeño hoyo en
la tierra y allí depositar la semilla para la siembra del maíz, lo que
contribuye a tener bajos rendimientos productivos. En cambio, hay otros sectores
como los ingenios azucareros, que están usando sistemas de riego novedosos,
fertilización precisa y eso ayuda al sector a ser más competitivo a nivel
mundial. Ellos lideran ese tipo de innovación, lo cual beneficia a los
productores aledaños que de una manera indi recta adquieren el conocimiento. Pero
los avances son dispares.
“Falta
mucha formación en capital humano, así como el fomento de intercambio de
experiencias, porque es difícil que una persona tenga ideas novedosas cuando no
tiene conocimientos básicos para adaptar ideas. Si se promueve el intercambio
con los que están haciendo experiencias similares a lo que se puede hacer en el
país, se pueden lograr adaptaciones e innovaciones”, dijo Julio César Montealegre,
director ejecutivo de Technoserve Nicaragua.
El
Consejo Nicaragüense de Ciencia y Tecnología (Conicyt) está impulsando la
creación de un directorio para conocer cuántas empresas innovadoras existen en
ese país, y encontró básicamente mipymes y pymes, al menos 1000 de ellas que estaban
innovando en algún proceso. Todas sufren la desventaja de un pobre acceso a la
tecnología, en parte debido a las escasas opciones de financiamiento y
capacitación en el país.
De
la misma manera, en Honduras, la brecha digital es un obstáculo para la
innovación. “A través del plan de nación, el Gobierno busca cerrar la brecha
digital en cuanto al uso de tecnologías, cuando en otros países ya existen los
certificados digitales, la facturación y la firma electrónica, en el país ni
siquiera hay una legislación orientada en ese sentido. Encontramos en el
mercado empresas que tienen POS para su sistema de cobro, pero a la par otra
trabaja con una máquina registradora, y hasta el momento el Gobierno no ha
buscado la manera de motivar a estas innovaciones”, dijo Daniel Pinto, subdirector
de Innovación de la Secretaría de Planificación y Cooperación Externa (Seplan).
El
Gobierno hondureño no ha implementado hasta ahora una fuerte legislación en
temas como propiedad intelectual adecuada, incentivos fiscales y tributarios,
que motiven a los diferentes sectores a innovar. La única iniciativa que se encuentra
en la palestra es la estrategia nacional de competitividad e innovación, un
proyecto del actual Gobierno que pretende motivar la Ley del Sistema Nacional
de Ciencia, Tecnología e Innovación.
“Además
se deben liberar las tasas impositivas para los recursos que se destinan a la
inventiva y el de- sarrollo, porque de lo contrario la empresa absorbe el gasto
y a la vez tributa por ello”, agregó Pinto.
En
Honduras hay muy pocos sectores que están innovando, las principales investigaciones
se centran en el sector agrícola, como es el caso de la Universidad Zamorano
donde se realiza investigación, pero a nivel de academia, no de empresa
privada. Otras iniciativas nacen de la Fundación Hondureña para la
Investigación Agrícola (FHIA) y el Instituto Hondureño del Café, pero en el
área industrial y de servicios no existe la investigación. La Universidad
Nacional Autónoma de Honduras no tiene presupuesto para la investigación por
limitaciones políticas, financieras y operativas.
“La
empresa privada por sí sola no puede hacer mucho si esas acciones no están estimuladas
por el Gobierno, ya que este tipo de inversiones no son redituables para la empresa”,
afirmó Cándido Amaya, gerente de inteligencia empresarial de la Cámara de
Comercio e Industria de Tegucigalpa.
Por separado
Aun
cuando en Costa Rica existen casos exitosos de compañías que tienen vinculación
estrecha con las universidades, como Intel y Procter & Gamble, que han
logrado establecer vinculaciones con centros de estudios, son casos aislados.
“Aquí
tenemos más de 200 empresas multinacionales que podrían aprovechar una
articulación con universidades para mayor investigación aplicada, de manera que
puedan verse esas fortalezas que tienen las universidades, que puedan apoyar en
equipamiento de laboratorio o iniciativas a futuro, de acuerdo a las
necesidades de las empresas, eso implica acercamiento de ambas partes”, dijo
Gabriela Llobet, directora de la Coalición de Iniciativas de Desarrollo
(Cinde). La falta de coordinación entre el sector público y el privado, en
términos de tener un marco general de líneas de investigación y desarrollo,
dificulta el proceso de innovación. Países que están en el tope del ranking tienen
una coordinación entre el sector público y privado en las áreas de
investigación científica y tecnológica.
“El
Gobierno debería jugar un rol principal en los procesos de innovación, junto
con el sector privado. Muchos países fomentan la innovación a través de
financiamientos para investigación y desarrollo al sector privado y luego el
Gobierno se queda con la propiedad intelectual resultante para impulsar aún más
la innovación”, dijo Nassim J. Alemany Isaac, economista dominicano.
Esta
inversión podría estar basada en modelos de asociaciones públicoprivadas, para
que exista una coordinación entre ambos sectores. Esta misma coordinación
debería existir para promover la innovación y crear un plan a mediano y largo
plazo, con líneas de investigaciones que generen un valor agregado en los
principales sectores e industrias del país.
“Hay
mucho camino por recorrer, pues hay todavía restos de una cultura que hace que
la búsqueda de lucro se vea con malos ojos por parte de la academia y, por el otro
lado, al empresario también le cuesta un poco pagar o invertir directamente en
los esfuerzos de investigación y desarrollo que hacen las universidades.
También hay barreras administrativas y legales que dificultan la cooperación y
la inversión conjunta de entes públicos, privados y académicos”, comentó Juan
Carlos Barahona, profesor de Gestión de la Innovación y la Tecnología de Incae
Business School. Según Barahona, el sector privado tiene una enorme deuda con el
país, pues es muy preocupante que Costa Rica solo invierta 0,4% del PIB en I+D
y esto en su mayoría es aporte de las universidades.
“Las
empresas no están invirtiendo lo que deberían, pero el Gobierno podría poner de
su parte también, hay muchos ejemplos en el mundo en donde distintos clusters
cuentan con recursos del Gobierno para desarrollar investigación útil al sector
productivo”, agregó.
Por
su parte, Mauricio Garita, experto en negocios internacionales de Guatemala,
afirma que el Gobierno es el gran ausente en la articulación de innovación.
“Interacción existe, pero no en el nivel que se esperaría. Se ve involucrado al
sector academia con el sector empresarial, pero al sector Gobierno se le
observa distante en los proyectos.
En
academia se ven empresas de automóviles o call centers con centros educativos
para mejorar el desarrollo de la industria”, adujo. Guatemala tiene una salida
de innovación muy baja, está en el lugar 95 del GII, por debajo de países como
Ghana, Uganda u Omán. Las razones de ello son un bajo ambiente político e
instituciones débiles que no ayudan a las empresas en su trayecto de
innovación.
¿Hay futuro?
El
Salvador comenzó a formular una estrategia de emprendimiento e innovación, un
plan que no se había realizado sistemáticamente durante muchos años, ya se
están creando incubadoras para fomentar iniciativas de emprendedores y estrategias
que se concentran en diseñar los instrumentos necesarios para cada una de las
fases de la innovación.
“Tenemos
materia prima que es nuestra gente, sin embargo hay que clasificarla y
moldearla en muchos casos, los sistemas educativos de la región latinoamericana
no están diseñados para crear emprendedores desde la base, mucha gente es
emprendedora empírica, pero ser emprendedor también necesita de un cierto tipo
de instrucción y orientación, expresó Yax Canossa, gerente de Innovación y
Desarrollo Tecnológico del Ministerio de Economía de El Salvador.
Con
el nuevo Fondo de Capital Semilla que surge de esta iniciativa, se pretende
contar con financiamiento de hasta aproximadamente US$100 000 por emprendedor.
Este será ejecutado por centros de emprendimiento que combinan la parte académica
con la empresarial, donde entran las universidades y fundaciones privadas que
cumplan los requisitos para hacer un centro de emprendimiento.
De
la misma manera, países como Costa Rica y Panamá están trabajando en la
formulación de una estrategia integral en el tema. El Ministerio de Economía,
Industria y Comercio (MEIC) costarricense trata de impulsar una ley para acceso
a fondo de capital semilla a través de procesos de incubación de empresas, pero
está en plena gestión y se implementará a partir del 2012.
Los
Gobiernos empiezan a comprender la necesidad de esfuerzos conjuntos, aunque el
entramado burocrático centroamericano no hace la tarea fácil. De ahí que el rol
del sector privado es vital para impulsar la innovación.
“Desde
la universidad yo hago un mea culpa, muchas veces estamos aislados,
investigamos los temas que nos parecen pero no realmente donde están las
necesidades del sector empresarial”, dijo Juan Carlos Leiva, de la Escuela de
Administración de Empresas del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC).
Fuentes
consultadas: Alexander Mora, presidente CAMTIC, Costa Rica; Arturo Velasco,
gerente Hewlett Pachard, Costa Rica; Cándido Amaya, gerente de inteligencia empresarial
de la Cámara de Comercio e Industria de Tegucigalpa, Honduras; Carlos Lara, presidente
HTC para las Américas; Daniel Pinto, subdirector de Innovación de SEPLAN,
Honduras; Eduardo Valcárcel, vicepresidente de comunicaciones de Orange, República
Dominicana; Ernesto Gallo, associate Mesoamérica, Costa Rica; Gabriela Llobet,
directora CINDE, Costa Rica; Gerardo Villalobos, director UNA Emprendedores,
Costa Rica; Guadalupe Martínez, directora Ejecutiva del Consejo Nicaragüense de
Ciencia y Tecnología; Guillermo Velásquez, director de Desarrollo de CICR, Costa
Rica; Homero Bosch, gerente de ventas Byte, Guatemala; Jenny Everett, Associate
Director, Aspen Network of Development Entrepreneurs: José Antonio Muñoz, presidente
AMCHAM, Costa Rica; Juan Carlos Barahona, profesor de Gestión de la Innovación
y la Tecnología, INCAE Business School; Juan Carlos Leiva, Juan Carlos Leiva, Coordinador
del Programa Emprendedor TEC, Costa Rica; Julio César Montealegre, director
Ejecutivo Technoserve, Nicaragua; Luis Álvarez, Viceministro de Economía,
Industria y Comercio, Costa Rica; Luis Gamboa, miembro AMCHAM, Costa Rica; Luis
Jiménez, director Proinnova UCR, Costa Rica; Mauricio Garita, experto en
Negocios Internacionales, Guatemala; Nassim J. Alemany Isaac, economista,
República Dominicana; Nicholas Virzi, director Departamento de Economía
Empresarial Universidad Rafael Landívar, Guatemala; Rubén Berrocal, secretario
Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, Panamá. Universidad Intec,
República Dominicana; Yax Canossa, gerente de Innovación y Desarrollo Tecnológico
del Ministerio de Economía, El Salvador.
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