La gestión de María
Antonieta de Bonilla no permitió que la economía chapina entrara en recesión
durante el 2009.
Amafredo
Castellanos
La
estabilidad macroeconómica es uno de los principales valores que exhibe
Guatemala en su estrategia de competitividad. Ésta quedó a salvo tras la aguda
crisis internacional de la que la región no estuvo exenta, con el agravante de
las presiones inflacionarias por el alza en los precios del petróleo y de
granos que conforman la canasta básica. María Antonieta de Bonilla estuvo al
frente de esta responsabilidad.
Ella
explica que las decisiones para mitigar el impacto de la crisis se tomaron en
el último trimestre de 2008 y el primero de 2009. Se aumentó la liquidez y se
bajó la tasa de interés líder. Descarta que hayan sido tardías porque
“experimentábamos inflación” y “nadie anticipó una crisis con los efectos que
tuvo”.
De
Bonilla, cuyo período de cuatro años concluye en septiembre próximo, no escapa
a las críticas.
Acciones
del Banco de Guatemala que permitieron la apreciación del dólar estadounidense
frente a la moneda local, el Quetzal, y medidas que pudieron contribuir a una baja
en la demanda de crédito, son aspectos que originan desacuerdos. Sin embargo,
en general, su gestión en el último año puede ser analizada desde los
resultados obtenidos en un marco de incertidumbre a raíz de la crisis
internacional.
Resultados
De
Bonilla expone los resultados obtenidos en el último año. Respecto al sector
monetario explica que: la inflación interanual a mayo de 2010 se situó en
3.51%, registrando un comportamiento más dinámico que en 2009, cuando la inflación
a nivel mundial, regional y nacional se desaceleró significativamente derivado
de la fuerte caída de precios de mercancías en el mercado internacional y la
reducción en la demanda interna.
En
cuanto a las tasas de interés en el sistema bancario, señaló que éstas se mantienen
“estables, con una ligera tendencia hacia la baja”. Además, los recursos
líquidos disponibles de los bancos son elevados, comenta.
No
obstante, reconoce que el crédito al sector privado todavía no presenta una
reactivación importante, aunque en moneda nacional ya alcanza un crecimiento en
torno al 6 por ciento.
El
comercio exterior se recupera con un crecimiento de las exportaciones de 16.8
por ciento (al mes de abril) y de 20 por ciento para la importaciones, reflejo
de la reactivación de la demanda externa e interna y recuperación de precios de
mercancías. Por otro lado, hace ver que los ingresos por remesas familiares al
10 de junio presentan una moderada recuperación, con un merecimiento de 0.7 por
ciento mientras que a la misma fecha del año pasado registraban una caída de
9.7 por ciento. Asimismo, señala, los flujos de capital privado se están
recuperando y las reservas monetarias internacionales superan los US$5,600
millones.
En
el sector cambiario, De Bonilla comenta que el tipo de cambio presenta un
comportamiento “estable, congruente con su estacionalidad”.
En
lo que va del año, el Quetzal registra una apreciación nominal de 4 por ciento,
contrario a lo sucedido el año anterior, dijo. En cuanto a las expectativas de
crecimiento económico, explicó que la estimación más reciente es de entre un
1.7 por ciento y un 2.5 por ciento (estimación realizada antes de Agatha).
En
tal sentido, advierte que tanto la evolución del Indice Mensual de la Actividad
Económica, del comercio, de la recaudación tributaria y del índice de confianza
de los analistas privados confirman que la economía está creciendo a un ritmo
más dinámico.
Consolidar
el esquema de metas de inflación, mejorando el mecanismo de transmisión de la
política monetaria es uno de los retos pendientes.
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