Consolidar en sistema
bancario es uno de los principales retos en la política financiera de Costa
Rica.
Thelma
López
La
presidencia del Banco Central de Costa Rica ha sido ocupada por el mismo hombre
durante ocho años. Francisco de Paula Gutiérrez fue el cerebro detrás de la
política económica costarricense a lo largo de dos gobiernos de distintos
partidos políticos, una crisis económica, inflaciones altas y bajas e intentos
fallidos de reformas financieras y fiscales.
Fue
el encargado de dos proyectos que cambiaron la política monetaria y cambiaria
nacional, la transición de un esquema de mini devaluaciones vigentes desde hace
22 años, a un sistema de bandas cambiarias; y la política de metas de inflación
para la cual el banco se ha estado preparando en años recientes. Ambos han
generado fuerte polémica.
En
2006 cuando el sistema de bandas cambiarias se implementó la volatilidad del
tipo de cambio obligó al Banco a intervenir para defender el techo o el piso de
la banda, lo cual ocasionó distorsiones en un mercado pequeño como el
costarricense y con pocos mecanismos para gestión de riesgo de los
intermediarios financieros.
El
segundo semestre del 2008 la moneda tuvo una depreciación de 12,6%, mientras
que el mismo período del 2009 la tendencia giró hacia la apreciación del colón
que llegó a 13,2%. En 2010 otra vez ocurrieron cambios importantes y el colón
se depreció un 4,4% entre mayo y junio.
En
2009, aunque las bandas experimentaron cierta estabilidad, la volatilidad sigue
siendo una fuerte preocupación del sector bancario y exportador, quienes exigen
una estructura de intervención del Banco Central además de protección al
riesgo.
Para
De Paula Gutiérrez, sin embargo, el proceso ha sido exitoso. “Estuvimos sometidos
a una presión fuerte en el I semestre de 2009, la gente apostaba a que el tipo
de cambio se iba a ir mucho más arriba y el BCCR tuvo que intervenir en las
bandas hasta agosto, eso poco a poco fue haciendo ver a la gente dos cosas: que
los temores de que el tipo de cambio se dispararía no eran correctos, y que el
Banco tenía la capacidad financiera para atacar esas presiones. El sistema
cambiario ha permitido espacio para una política monetaria que debió enfrentar
la desaceleración económica mundial. Las tasas de interés se mantuvieron estables,
gracias a una Tasa Básica Pasiva que cerró en diciembre de 2009 en 7,76%,
mientras que el PIB registró un decrecimiento de 1,3% -menor que el calculado
por el Fondo Monetario Internacional-.
“No
usamos una política monetaria laxa como en otros países porque para nosotros no
era un problema de tasas de interés bajas sino de demanda de exportaciones, de
expectativa de los inversionistas en cuanto a oportunidad de negocios y que eso
no se iba a resolver con tasas de interés bajas, dar mayor liquidez a la
economía se hubiera traducido en presiones de mercado cambiario”, según
Francisco de Paula Gutiérrez. Esta situación ocasionó críticas de ciertos
grupos de presión que exigían al BCCR mayor presencia en la lucha contra la
crisis mediante la disminución de tasas de intereses. El Banco, por su parte,
mantuvo un enfoque en la estabilidad de la economía y, en conjunto con una
serie de factores externos como los precios de los combustibles, logró el año
pasado la inflación más baja en 30 años.
“No
hubiéramos podido cerrar en 4% de inflación si no teníamos la flexibilidad en
la parte cambiaria”, confesó
De
Paula Gutiérrez. Aún así, la inflación en Costa Rica continúa siendo de las más
altas de América Latina, con un 6,2% de inflación interanual al mes de mayo de
2010, solo superada por Uruguay y Argentina.
Con
su salida del BCCR, quedan pendientes temas como la consolidación de las bandas
cambiarias o bien, la transición hacia un sistema de flotación administrada
que, a fin de cuentas, fue el objetivo inicial.
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