Vicente Assis, Heinz-Peter Elstrodt y Claudio F.C. Silva
Con los altos precios del petróleo dirigiendo la demanda global de los bicombustibles, la industria de etanol en Brasil —incluyendo las compañías locales y las multinacionales— parece estar bien posicionada para un crecimiento rentable.
El país tiene los costos más bajos de producción de etanol, es el líder como exportador global del producto y cuenta con suficiente tierra disponible para incrementar la producción.
Sin embargo, las fuerzas desatadas por la repentina demanda representarán un reto para la industria. Un estudio de McKinsey demuestra que para incrementar significativamente la capacidad exportadora se requerirán de hasta $100 000 millones en nueva inversión, dependiendo de la demanda internacional. En Brasil, la fragmentada red de productores de etanol y la limitada infraestructura de distribución tendrán que luchar para mantener el ritmo.
Mientras tanto, las perspectivas de crecimiento para los biocombustibles están generando esfuerzos de investigación alrededor del mundo, los cuales muy probablemente producirán tecnologías que bajarán el costo de producción en otros países, lo que les permitirá ser más competitivos frente a Brasil.
En la actualidad, la exportación anual del etanol a nivel mundial es de 6500 millones de litros, pero nuestra investigación sugiere que para el 2020 podría llegar a entre 50 000 y 200 000 millones de litros, dependiendo de los precios de los crudos y la evolución de los regímenes de regulación en el mundo.
Podríamos decir que Brasil proveerá 160 000 millones de litros en el 2020, casi la totalidad de la exportación del etanol en el mundo. Si bien esta es una suposición extrema, es económicamente racional, siempre que el país logre apalancar la fuerza de su industria de caña de azúcar, la más grande del mundo, para defender su posición como el productor de más bajo costo.
Actualmente, la producción anual de etanol en Brasil es de casi 17 000 millones de litros, de los cuales alrededor de 14 000 millones son de consumo doméstico. Los aumentos en la productividad gracias a la irrigación y fertilización, así como la mecanización de las cosechas, deberían incrementar esa producción en casi un 30% durante los próximos 15 años.
En tal escenario, los participantes en la industria del etanol en Brasil, tendrán que realizar las siguientes inversiones:
Tierra de cultivo
En la actualidad, Brasil destina 6 millones de hectáreas para el cultivo de caña de azúcar. La creciente producción de etanol para suplir las necesidades internas del país (cerca de 30 000 millones de litros) y para cumplir con la meta de exportación de 160 000 millones de litros, requerirá de 11 millones de hectáreas más para el 2020.
De hecho, siendo realistas, hasta 24 millones de hectáreas adicionales de tierra podrían estar disponibles para la producción de caña de azúcar. En este caso, incluso el total de 30 millones de hectáreas para la caña representaría apenas el 3.5% de la masa continental de Brasil.
A pesar de que el convertir parte de la tierra de pasto en tierra de cultivo para caña de azúcar implica menos territorio disponible para ganadería, eso no afectaría la producción de alimentos en general de forma significativa.
Sin embargo, supongamos que solamente 11 millones de hectáreas más se incorporan para el cultivo de caña de azúcar. Proyectamos que las compañías azucareras o ingenios en Brasil, muy probablemente serán dueños directos de 3.3 millones de esa cantidad (un 30%), por un costo total de $8000 millones. El resto será utilizado por los dueños de ingenios en la modalidad de leasing o cultivado por pequeños agricultores independientes.
Infraestructura de distribución
La industria puede almacenar y transportar 4000 millones de litros de exportación por año, más que nada entre la región sureste y los puertos cercanos. Conforme las compañías se expanden hacia el norte, el transporte del etanol desde la región central y oeste hacia la costa, requerirá de 1000 a2000 kilómetros adicionales de tuberías y vías férreas.
Brasil también necesitará de al menos 10 000 millones de litros adicionales de capacidad de almacenaje en las refinerías, para poder tener varios meses de inventario producido durante el periodo de cosecha, entre abril y noviembre. El costo de este almacenamiento y transporte podría ser de $2000 millones o más.
Ingenios
Las mayores inversiones serán para los ingenios donde se procesa la caña. Al día de hoy, cerca de 350 ingenios procesan 460 millones de toneladas de caña de azúcar por año, la mitad para el etanol. Con las actuales tecnologías y condiciones del mercado, cada mil millones de litros adicionales de etanol requerirán de cinco nuevos ingenios, a un costo actual de $120 millones cada uno.
Sin embargo, debido a aumentos en la productividad gracias a nuevas tecnologías en ingenios —más que nada la hidrólisis de los tallos de la caña (o bagazo)— estimamos que cerca de 600 nuevos ingenios, con un costo total cercano a los $90 000 millones, serían necesarios para producir el total de 160 000 millones de litros de exportación para el 2020.
Todavía falta por ver si es posible o no realizar inversiones de esa magnitud. Los pequeños y medianos productores de etanol (sobre todo familias) carecen de influencias para reunir los fondos necesarios. Un posible resultado sería que estos productores convenzan a los importadores de etanol, tales como operadores logísticos y distribuidores de combustibles en los países de destino, para que acepten contratos de suministro a largo plazo con precios mínimos, con lo que se reduciría el riesgo de los productores y se les ayudaría a reunir los fondos internamente.
De cualquier forma, los fundamentos económicos del etanol brasileño parecen ser lo suficientemente fuertes para atraer inversión de compañías multinacionales. Nuestra investigación sugiere que para el 2020, el costo de producción de un litro de etanol en Brasil, incluyendo el envío de dicho litro a Europa occidental, el pago de las respectivas tarifas e impuestos y su entrega al consumidor será de alrededor de $0.73 —mucho menos que el precio predominante hoy día de $1.60 por un litro de gasolina en la Unión Europea.
Por encima de todo, la capacidad de avance de la industria de los biocombustibles en Brasil, dependerá de su continua competitividad en costos. La ventaja de costo en el país radica casi por completo en el uso de la caña de azúcar, en lugar de maíz u otras plantas como materia prima. La caña de azúcar, que crece solamente en climas tropicales como en Brasil, produce 6000 litros de etanol por hectárea, en comparación con apenas 3500 litros que se hacen con maíz.
Si las compañías en Brasil pueden complementar las presentes técnicas de fermentación con nueva tecnología para producir etanol del bagazo de la caña de azúcar, es muy probable que los costos de producción sigan siendo competitivos. No obstante, si otras regiones logran bajar significativamente los costos de producción, el papel de Brasil como exportador será considerablemente menor.
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