El estado de ánimo es
un factor determinante dentro de cualquier relación humana, ya sea personal o
de negocios.
Por
Luis Fernando González, Manpower
¿Es posible esperar buenos resultados en una
actividad familiar cuando hay fricciones, malos entendidos, carencias en la
comunicación, o intervención de terceros al momento de tomar decisiones
importantes? La respuesta es no, ya que el ánimo estará decaído y el ambiente
viciado, lo que provocará que los involucrados participen sólo porque no hay
otra opción. Nunca darán lo mejor de sí y constantemente buscarán sabotear la
actividad.
En las empresas sucede exactamente
lo mismo: cuando el ánimo es malo los resultados también lo son. No importa que
contemos con la mejor tecnología, los mejores proveedores y los mejores
clientes; si nuestro clima laboral está mal, tarde o temprano nuestra
organización sufrirá las consecuencias.
El clima laboral no es otra cosa que
el estado de ánimo de nuestra organización, el reflejo de la percepción que
tienen nuestros colaboradores respecto a su trabajo, sus jefes y líderes;
respecto a las normas, políticas, reglamentos e incentivos, así como sobre la
forma como se toman las decisiones. Un buen clima laboral contribuye a la
productividad, y uno malo la derrumba.
Los especialistas identifican cinco
factores fundamentales que contribuyen a un buen clima laboral: liderazgo,
relaciones interpersonales sanas, implicación o grado de compromiso que sienten
los empleados hacia la empresa-sentido de pertenencia-, estructura
organizacional adecuada, y reconocimiento e igualdad de oportunidades para
todos los empleados.
A pesar de que el ambiente laboral
vaya mal, es posible mejorarlo, pero primero hay que evaluar la gravedad de la
situación e identificar las causas que han originado el malestar. Como en todo
proceso de evaluación, no se puede llegar a las causas ni ofrecer soluciones
sin antes realizar un diagnóstico. Y esto se hace a través de distintos
mecanismos que con la experiencia han ido mejorando paulatinamente, tales como
las encuestas, las entrevistas, cuestionarios, la observación directa y el
análisis de los indicadores de la organización.
En términos generales, una buena
evaluación del clima laboral debe estudiar y evaluar el estado de satisfacción
de los trabajadores; encontrar los aspectos que puedan entorpecer la obtención
de los resultados programados; determinar fuentes de conflicto que igualmente
derivan en resultados inadecuados; y permitir evaluar el comportamiento en la
toma de decisiones, así como las acciones que se ponen en práctica.
Una vez que se ha detectado la
situación del clima laboral de la empresa, analizado los resultados
cuantitativos y cualitativos del diagnóstico e identificado las causas de la
actual situación, es procedente poner en marcha acciones para mejorar el ánimo
de la organización.
Hay tres áreas en las que es posible
instrumentar medidas para mejorar el ambiente laboral:
La primera está en el ámbito del
desarrollo organizacional, por ejemplo, mediante el establecimiento de canales
de comunicación adecuados y divulgación de la información de la empresa, la
precisión de cadenas de mando y las responsabilidades de cada puesto. De igual
manera, puede instrumentarse la adecuación de políticas a las características
mayoritarias de lostrabajadores, la
flexibilidad de horarios sujetos a productividad y la correcta orientación de
estímulos.
La segunda está en el ámbito del
desarrollo personal, mediante la promoción de normas de convivencia, la
impartición de cursos sobre reuniones efectivas para toda la organización; de
liderazgo y solución de conflictos para los directivos; y de talleres de
escucha activa o trabajo en equipo para los empleados.
La tercera se refiere al desarrollo
de acciones de sentido común, que suele no ser muy comunes en la gestión de
personal: agradecimiento por el trabajo bien hecho –práctica que usualmente
rinde buenos resultados-; retroalimentación o feedback, independientemente de
si las cosas salieron bien o mal es necesario abrir los canales de comunicación
entre todos los involucrados en un proceso; celebración de los éxitos,
premiando no sólo a los mandos sino a todas las personas que han contribuido
con los objetivos de la empresa y, finalmente, valoración y premiación de
acuerdo al desempeño, porque la experiencia señala que el cumplimiento de
objetivos es generalmente más certero cuando la meta está acompañada de una
recompensa, que cuando el trabajador debe hacerlo sólo porque es su
responsabilidad.
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