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Blog de política y democracia
Este blog es redactado por: Amafredo Castellanos, editor para Guatemala de Mercados & Tendencias.

Dos meses después de su toma de posesión, el presidente de Honduras, Porfirio Lobo Sosa, enfrenta su primera prueba de fuego por la delicada situación social que heredó del Gobierno anterior, ya que lo que inició como una rutinaria toma de tierras de un grupo campesino comienza a degradarse en lo que muchos temen es la organización de un grupo armado insurgente en la costa norte del país.

 

Las fértiles tierras del valle de Aguán, en el Caribe hondureño, además de hacer crecer diferentes tipos de cultivo, también está produciendo un movimiento social que muchos vaticinan podría ser el inicio de una guerrilla impulsada por abonos sumamente efectivos, como son la desigualdad social, la lucha de clases y el clima de inseguridad jurídica provocada por los hechos políticos del pasado reciente.

 

La toma de tierras del que quizá sea el empresario más poderoso del país, Miguel Facussé, actualmente utilizadas para producir palma africana para exportación, está atrayendo la mirada de todos los analistas y más recientemente del Gobierno, que después de varias semanas de titubeo, decidió recientemente enviar el ejército y la policía para evitar que lo que es por el momento un grupo campesino se convierta en el futuro en un movimiento armado.

 

Cinco personas ya murieron en los primeros enfrentamientos armados, entre policías, guardas privados y campesinos, y las denuncias de trasiego de armas, supuestamente con el patrocinio de Gobiernos de otros países para armar a los manifestantes, ha hecho levantar las alarmas de incluso los más escépticos.

 

Lobo fue claro en su más reciente mensaje al país, no va a permitir que nadie arme a los campesinos, pero para los empresarios, el problema ya se les fue de las manos a las autoridades. Para los dirigentes campesinos se trata de la primera reivindicación social después del que llaman golpe de estado financiado por el sector empresarial para mantener al resto del pueblo en la miseria.

Los analistas no dudan que el nuevo Gobierno recién comenzó a paladear la difícil tarea de gobernar un país que ha quedado fragmentado socialmente, es como una bomba de tiempo que requiere ser desarmada con pinzas porque la más mínima vacilación puede significar una explosión en la cara de la clase política hondureña.

 

 



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