En las últimas semanas el precio del dólar en Costa Rica no cayó, se desplomó, ha llegado a un número récord que pocos pudieron preveer, ¢528, 50 para la venta y ¢518,50 para la compra. Ayer tuvo la baja más drástica desde el 2007, de ¢19.
Para una economía mixta como la costarricense esto ocasiona trastornos en todos los sectores. Los exportadores están angustiados – por no decir desesperados- ante el sube y baja de la moneda que ocasiona pérdidas importantes a sus negocios. Por otro lado, la especulación empieza a hacer destrozos para el sistema financiero, dado que los costarricenses empiezan a cambiar de dólares a colones sus ahorros. Las tasas de interés también sufren cambios. En fin, una cadena de eventos.
Las críticas van dirigidas al sistema de bandas que ha implantado el Banco Central de Costa Rica (BCCR) desde hace poco más de tres años y que no ha dado paz a nadie. Aunque el BCCR lo defiende y explica que es natural la flotación de la moneda entre las bandas, a los sectores empresariales no les ha gustado nada. ¿Y cómo habría de gustarles? Todo lo que necesitan de una moneda –fortaleza, estabilidad y constancia- no se los da. Además, el BCCR ha tenido que hacer esfuerzos extraordinarios para mantener al flote el sistema, vendiendo o acumulando reservas monetarios internacionales y desgastando sus esfuerzos que bien podrías ser necesario para control de inflación por ejemplo.
El Central debería pensar seriamente en aceptar que las bandas no funcionan para una economía como la tica, bajar un poco la cabeza y realizar la transición hacia la flotación administrada de la que tanto hablan. El silencio de las autoridades en este momento, cuando todos están alarmados por el desplome, no me da certeza de que estén evaluando de forma humilde sus acciones. Con el nuevo gobierno y una continuidad de las políticas, habrá que ver si toman la fuerte decisión de hacer un cambio de rumbo, deshacer el cambio o transformarlo.









