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La Asamblea General de Naciones Unidas decidió, en diciembre de 2008, conmemorar el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria el 19 de agosto de cada año. De manera que, casi imperceptiblemente, los centroamericanos asistimos a esta conmemoración que adquiere mucho significado para nuestros países, donde las guerras han marcado parte de nuestra historia y donde el llanto de los huérfanos y las viudas aún se escucha, con su tono triste y penetrante, en los valles por donde sigue sin renacer la esperanza.

 

En Centroamérica también guardamos en nuestra memoria el horror causado por tragedias y desastres naturales, como eventos que rompieron algún día una monotonía de pobreza extrema. Estos factores profundizan el dolor, casi invariable, que configuran nuestro presente, pero que, además, se conjugan con flagelos como la violencia, la corrupción y la indiferencia de las autoridades.

 

Más conscientes no podríamos estar los pueblos centroamericanos sobre la importancia que tiene el reconocer el valor de la Asistencia Humanitaria, porque muchas veces fue la mano que llegó hasta nuestras heridas con un espíritu de solidaridad y vida.

 

Hoy día, las Naciones Unidas nos recuerdan que esta fecha fue dedicada a conmemorar el valor de la Asistencia Humanitaria, para “que el público cobre mayor conciencia de las actividades de asistencia humanitaria en todo el mundo y de la importancia que reviste la cooperación internacional en este sentido, así como para rendir homenaje a todo el personal de asistencia humanitaria, incluido el personal de las Naciones Unidas y el personal asociado, que ha trabajado en la promoción de la causa humanitaria y a quienes han perecido en el ejercicio de sus funciones”.

 

Éste es un valor que, a los centroamericanos, nos corresponde no sólo agradecer y aplaudir, sino asumir y compartir. El compromiso debe ser permanente, porque los horrores y las tragedias aún son cosa de todos los días, sobre todo más allá de los valles y las montañas, donde viven los más pobres, donde los niños sufren hambre, falta de salud y donde la esperanza por una oportunidad para sus vidas, sigue enterrada.

 

El Día de la Asistencia Humanitaria también debe ser tenido como una oportunidad para rechazar la demagogia de políticos que pretenden disfrazar en un falso discurso de solidaridad, su recurrente esfuerzo por conservar o hacerse del poder sin más interés que el de su propio beneficio.

Las organizaciones son seres vivos.  Estas tienen personalidad, formas de resolver las cosas, una forma de trabajo, se basan en valores, creencias y comportamientos.

 

Hay un principio que dice: para cambiar el comportamiento de una organización, hay que cambiar la forma en que mides el desempeño de esta.

 

Este principio es clave cuando se tiene una organización que no presta atención a los requerimientos y que no apoya a la gerencia en la consecución de objetivos.

 

La  medición puede ser sencilla, no se trata de un sistema de medición muy sofisticado o complejo. La complejidad lo que hace es hacer más lento el proceso y hasta inoperante.

 

La medición del desempeño es lo que hace la diferencia.   Peter Drucker decia, que “lo que no se mide no se puede cambiar”. Siempre se tiene un punto de partida y uno de llegada, dentro del  ámbito de los negocios.

 

Cuando efectuamos una medición estamos dando un mensaje claro a los colaboradores, estamos indicando que hay que rendir cuentas y tomar decisiones. Esta dinámica es crucial para el crecimiento de una empresa.  Activa al personal, les da una razón para esforzarse, dinamiza la  gestión y hace que la gente esté más orientada al logro.

 

¿Por dónde empezar? Teniendo claro el norte del negocio, cuales son las prioridades y los grandes objetivos y metas a alcanzar.   Hacer que estas metas sean compartidas con los colaboradores y establecer un modelo de medición que sea sencillo y entendible para todos.

Por primera ocasión en 40 años, Japón no ocupa el segundo lugar en el ranking de economías del mundo, su puesto le ha sido arrebatado por un vecino tenaz y agresivo: China.


El martes, los chinos celebraban el triunfo sobre la economía nipona en el segundo semestre de 2010, cuando pudieron adelantarse por US $486 billones en Producto Interno Bruto a los japoneses. El marcador final fue de US $1,3369 billones contra US $1,2883 billones.

 

China también recientemente se convirtió en el primer exportador de autos a nivel mundial superando al mismo Japón y a Alemania.

 

No es secreto que China ha ambicionado ese lugar por muchos años, de hecho, cuando el gobierno entabló  una reforma económica que buscaba eliminar la ruralidad del país y estimular el consumo, su propósito era convertirse en el siguiente Japón, pero con muchas más posibilidades de crecimiento, gracias a una política centralizada y a un control del yuan que contribuyera a una balanza comercial positiva.

 

Todas estas ventajas no las tiene Japón, una economía mucho más liberalizada y con mayor respecto a las norma del comercio internacional, pero que precisamente por esta apertura, sufrió los embates de la crisis como ninguno y se sumió en un estancamiento que todavía no supera.

 

Aún así, durante los primeros meses del año, la actividad japonesa siguió siendo mayor a la china, con un PIB de US $2,578 billones, contra US $2,532 billones de China.


El triunfo de China se ve manchado por indicadores de desarrollo social que evidencian mucho trabajo por delante, aunque el gobierno anunció que espera sacar de la pobreza a 10 millones de habitantes cada año, existen 150 millones de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza, el país todavía tiene regiones con poco desarrollo industrial, dominadas por la agricultura de subsistencia imposibilitada para competir con industrias gigantescas como la arrocera y la porcina.

 

El hecho de que sea la segunda economía mundial no significa que deje de ser una economía en desarrollo, con desafío en la distribución de la riqueza y el crecimiento social de sus habitantes. La pregunta es, si China está asumiendo estos desafíos.

dicó.

Por primera ocasión en 40 años, Japón no ocupa el segundo lugar en el ranking de economías del mundo, su puesto le ha sido arrebatado por un vecino tenaz y agresivo: China.


El martes, los chinos celebraban el triunfo sobre la economía nipona en el segundo semestre de 2010, cuando pudieron adelantarse por US $486 billones en Producto Interno Bruto a los japoneses. El marcador final fue de US $1,3369 billones contra US $1,2883 billones.

 

China también recientemente se convirtió en el primer exportador de autos a nivel mundial superando al mismo Japón y a Alemania.

 

No es secreto que China ha ambicionado ese lugar por muchos años, de hecho, cuando el gobierno entabló  una reforma económica que buscaba eliminar la ruralidad del país y estimular el consumo, su propósito era convertirse en el siguiente Japón, pero con muchas más posibilidades de crecimiento, gracias a una política centralizada y a un control del yuan que contribuyera a una balanza comercial positiva.

 

Todas estas ventajas no las tiene Japón, una economía mucho más liberalizada y con mayor respecto a las norma del comercio internacional, pero que precisamente por esta apertura, sufrió los embates de la crisis como ninguno y se sumió en un estancamiento que todavía no supera.

 

Aún así, durante los primeros meses del año, la actividad japonesa siguió siendo mayor a la china, con un PIB de US $2,578 billones, contra US $2,532 billones de China.


El triunfo de China se ve manchado por indicadores de desarrollo social que evidencian mucho trabajo por delante, aunque el gobierno anunció que espera sacar de la pobreza a 10 millones de habitantes cada año, existen 150 millones de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza, el país todavía tiene regiones con poco desarrollo industrial, dominadas por la agricultura de subsistencia imposibilitada para competir con industrias gigantescas como la arrocera y la porcina.

 

El hecho de que sea la segunda economía mundial no significa que deje de ser una economía en desarrollo, con desafío en la distribución de la riqueza y el crecimiento social de sus habitantes. La pregunta es, si China está asumiendo estos desafíos.

dicó.

Con base en lo declarado por testigos protegidos, la justicia guatemalteca reabrió a fines del mes pasado la causa promovida por la muerte de siete reos en la Granja Penal de Pavón, la mayor cárcel del país, en septiembre de 2006, durante un operativo lanzado a gran escala por las fuerzas de seguridad. En esa ocasión la Procuraduría de los Derechos Humanos señaló en un informe que los reos muertos fueron "ejecutados" y responsabilizó a las autoridades a cargo del operativo que pretendía retomar el control del penal.

 

Como parte del juicio reabierto, la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) consiguió que el tribunal a cargo del caso emitiera un total de 19 órdenes de captura, siete de las cuales ya se cumplieron y 12 quedaron pendientes, incluyendo la del ex ministro de Gobernación Rodolfo Vielman y la del ex director del Sistema Penitenciario y ex candidato presidencial Alejandro Giammattei, entre otros altos funcionarios del ramo de seguridad.

 

De esta manera, la justicia guatemalteca enfrenta un nuevo momento crítico producto de su propio ejercicio, el cual es visto con un alto grado de desconfianza por parte de la población, sobre todo unos días después que el flamante presidente de la Corte Suprema de Justicia y del Organismo Judicial, Erick Álvarez, resultara vinculado a un círculo dudoso de tráfico de influencias por su cercana relación con una joven asistente.

 

Los esfuerzos de la investigación judicial y persecución penal por el caso de la matanza de reos en Pavón podría convertirse en uno de los más importantes para la justicia guatemalteca en los últimos años y también en uno de los más emblemáticos para la CICIG, tomando en cuenta que ésta fue constituida precisamente para identificar y desarticular estructuras criminales dentro de las fuerzas de seguridad.

 

Pese a ello, estos esfuerzos de la justicia no coinciden con la percepción de los guatemaltecos, afectados por grupos criminales que actúan, incluso, desde el interior de los penales.

 

No por gusto un diario local destacó en su tapa que los funcionarios que actuaron en el operativo del penal de Pavón pasaron “de héroes a villanos”.

 

Muchos guatemaltecos reaccionaron desfavorablemente contra la persecución penal emprendida contra estos funcionarios: "Los derechos humanos sólo protegen a los criminales" o "como fueron policías y funcionarios los que participaron en la toma de (la cárcel de) Pavón, hoy tienen que ser castigados", no así "los reos que cometieron masacres en las mismas cárceles", fueron algunos de los comentarios publicados por el sitio Web del diario Prensa Libre, el más importante del país.


Las reacciones son razonables dada la poca confianza de la población en las instituciones y en nuevas muestras de los vicios y excesos en el sistema de justicia como las que transmite, ni más ni menos, que el magistrado presidente.

 

Habrá que esperar cuál es el desenlace del caso Pavón, que, sin duda, dejará muchas cosas claras. Habrá que esperar si los guatemaltecos le dan un voto de confianza a la justicia por los resultados que dicte en este caso, o si sus lágrimas y heridas son más profundas que su razón humana para creer y confiar.



¿Cree que Centroamérica logrará la Unión Aduanera en 2010?


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