El gobierno salvadoreño anunció que trabaja en reformas legales que ayuden a levantar el sistema de pensiones de ese país, que arrastra una deuda de US$13 millones del Estado. La sostenibilidad de los flujos de pensiones y fideicomisos de largo plazo de ese país están en riesgo desde varias administraciones, porque la legislación no contempla una forma de pago de la deuda a pensiones sino es a través del fideicomiso que se estableció hace algunos años.
Los
sistemas de pensión en Centroamérica experimentan una delicadeza inusual. Con
una seguridad social que cubre al 20% de la población, excepto Costa Rica y
Panamá, es difícil prever un esquema que haga sostenible el sistema, la mayoría
de los países se mueven inevitablemente hacia reformas profundas.
El
problema que enfrentan países como los nuestros son, en primera instancia,
conformar pequeñas economías con mercados financieros igual de pequeños y
limitados en sus posibilidades de financiamiento para los fondos de pensiones.
La proliferación de programas paralelos que cubren a cierto segmento de la
población, la inadecuada provisión de los beneficios, pobre desempeño de inversión
y pobre administración, han sido problemas experimentados por la mayoría de los
países del centro del continente.
Escoger
un nuevo esquema de reforma, sin embargo, no es sencillo. Cada país tiene una
realidad socio económico y demográfico que requiere de un cuidadoso análisis.
Tomar experiencias de nuestros vecinos sudamericanos puede ayudar en este análisis.
Chile reformó su sistema de pensiones entre 1979 y 1981, por un esquema de
reformas de pensiones sustitutivas, la cual homogenizó las condiciones de
retiro de diferentes programas y se basó en la capitalización individual.
Otros
países como Argentina han establecido un sistema mixto de pensiones que han
fracasado por sus desbalances financieros. Mientras que Perú y Colombia cuentan
con un sistema que se fundamente solamente en la capitalización individual.
Cualquiera que sea el camino, Centroamérica está obligada a replantear sus
esquemas y definir una ruta que permita garantizar un sistema sano y sostenible
en el largo plazo.







