A partir de ahora cuando se habla de mercados emergentes se debe mirar adonde no se haya mirado antes. Dilma Rousseff ha de estar contemplándolo. Últimamente el gobierno brasileño se ha mostrado muy interesado en ayudar a Cuba. Cabe mencionar el préstamo de US$682,15 millones que una empresa brasileña otorgó a ese país para la ampliación del puerto de Mariel, la cual incluirá una zona de industrias de exportación con miras a abastecer el mercado interno.
Tras de esto está la intención de las empresas brasileñas de expandir sus operaciones en Centroamérica, que será posible gracias a la apertura económica que Cuba ha experimentado desde Raúl Castro. Las exportaciones del país sudamericano a esa isla también han aumentado.
Se estima que el comercio entre ambos tuvo un valor de US$642 millones durante el 2011. Definitivamente el plan de Rousseff se ajusta a las necesidades económicas actuales con esta búsqueda de alternativas que amortigüen los efectos del caos existente en los mercados tradicionalmente estables.







