En la mayoría de países centroamericanos la crisis de confianza se acelera, a partir de la débil percepción que se tiene del sistema democrático, las instituciones y los políticos, pero que, poco a poco, también va abarcando a los propios ciudadanos, del uno hacia el otro. Éste, sin duda, no es ningún signo alentador para los procesos de desarrollo económico y social al que aspiran los inversionistas y las empresas que están impulsando el sistema productivo de cada país. Por supuesto, tampoco es buena noticia para las perspectivas sociales de encuentro y esfuerzo conjunto hacia un mejor mañana para todos.
El estudio Gobernabilidad y
Convivencia democrática en América Latina, elaborado por
El estudio demuestra cómo la
confianza y credibilidad en las instituciones se deteriora de manera acelerada.
Resalta el hecho, por ejemplo, que los latinoamericanos confían más en la
prensa que en el liderazgo nacional que representa el presidente. Indica que el
58.6 por ciento de los entrevistados confía mucho o algo en los medios de
comunicación, mientras para el presidente la cifra es de 48 por ciento.
Pero la confianza en las
instituciones es aún más precaria en el caso del Legislativo y los partidos
políticos, con niveles de apenas el 31.5 por ciento y el 14.3 por ciento de
aceptación, respectivamente.
“El dato más preocupante es que
instituciones básicas para el desarrollo de las democracias como los partidos
políticos y el Congreso obtuvieron una baja calificación”, declaró en
conferencia de prensa el secretario general de FLACSO, el chileno Francisco
Rojas.
Una lectura más detenida de los
datos que arroja el estudio, pueden resultar aún más inquietantes que las
percepciones del propio Rojas, particularmente para las sociedades
centroamericanas.
Hay un capítulo dedicado a la
“Confianza y honestidad en la comunidad”. De acuerdo con el estudio, el
porcentaje que cree que las personas de la comunidad no son mayoritariamente
honestas (49,5%) es ligeramente superior –por 2%- al que sí considera que son
mayoritariamente honestas (47.5%). Los casos por país varían del promedio
latinoamericano. Si se considera qué porcentaje es mayor, si el de aquellos que
admite que las personas en la comunidad sí son mayoritariamente honestas, o el
que dice que no lo son, se podrían formar dos grupos de países.
Los países donde
proporcionalmente son más los que creen que las personas sí son honestas de
forma mayoritaria son: Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Panamá, Paraguay,
Uruguay y Venezuela.
Al contrario, los países donde
más personas creen que los demás no son honestos son: Bolivia, Colombia, Costa
Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Perú y República
Dominicana.
Hay cifras altas en cuanto a que
las personas no son honestas mayoritariamente. Guatemala (60,6%) y México
(63.7%), principalmente, puesto que superan el 60%. Esto, sin creer que todo es
producto de la idiosincrasia o el flolclore, es, sin duda, una mala noticia
para nuestros países y nuestros pueblos y sus anhelos por un futuro de
justicia, oportunidades y desarrollo.







