Quizá es de conocimiento de muchos que la mayor tienda de Internet y fabricante del Kindle, líder del sector del libro electrónico, Amazon.com, vendió más libros digitales que de papel en la navidad 2009 y que las diferentes editoriales ofrecen cada vez más opciones para la edición del e-book o libros electrónicos.
Recientemente Apple lanzó al mercado el iPad una tablet que competirá directamente con lectores de libros electrónicos. Con el teclado en pantalla, que la hace lucir como iPhone, pero más grande, brindará una experiencia más íntima que otras computadoras portátiles y mucho más capaz que un teléfono inteligente.
El iPad hace todo lo que las computadoras hacen pero con un énfasis particular en juegos, películas y libros electrónicos, si libros.
Además incluye diversas aplicaciones que la hacen más atractiva, como una pantalla de 9.7 pulgadas a colores, capaz de reproducir video en alta definición, almacenar fotos, jugar videojuegos, conectarse a Internet de banda ancha y guardar música en su disco duro.
Esta situación ha dado pie a la “guerra” de los libros y ha caído la primera víctima: Amazon, se ha visto obligada a cambiar su política de precios presionada por los editores, en una decisión sin precedentes que le ha costado el desplome en la bolsa.
El otro paso lo dio MacMillan, una de las principales editoriales en Estados Unidos, al exigir a Amazon que le permitiera vender sus novedades por encima del precio de USD$9,99 que fija la tienda.
La guerra del libro electrónico tomará un nuevo brío cuando Google lance su propia plataforma de e-books, Google Edition.
La pregunta es: ¿Cambiará el e-book el mercado editorial?
Todas las actividades se transforman y el libro no será una excepción. De momento, el corto trecho ya recorrido apunta a que, en el caso del libro, el camino que queda por delante será el de un avance tecnológico que no quizás no reportará ningún beneficio al comprador y que, de paso, contribuirá a que la cultura del libro cambie tanto que perecerá y con ella, parte de la cultura misma.
A pesar de las múltiples funciones, atractivos de los lectores de libros electrónicos y la proclamación de que lo importante no es la forma, sino el contenido, muchos aún preferimos los textos impresos, descansar la vista de los aparatos electrónicos y disfrutar del placer de pasar las páginas.








